La música de las esferas

There’s a starman waiting in the sky
He’d like to come and meet us
But he thinks he’d blow our minds
There’s a starman waiting in the sky
He’s told us not to blow it
Cause he knows it’s all worthwhile
He told me:

Let the children lose it
Let the children use it
Let all the children boogie

David Bowie, Starman

En 2015 el medio online Jalopnik reveló lo que, en un principio, bien podría tratarse de una leyenda urbana de esas que crecen, florecen y se expanden por la red, pero que ha sido dada por buena en sitios como The Guardian o el Huffington Post: la CNN, una de las cadenas de informativos más importantes de los EEUU, tenía un vídeo cuya emisión estaba programada para un fin del mundo “confirmado”. Ésta era una grabación de un minuto, en la que una banda tocaba Nearer My God To Thee, himno religioso que es usualmente referido como la canción que tocaba la célebre orquesta del Titanic. Es una escena siniestramente bucólica, con la mansión del por entonces mandamás de la compañía Ted Turner de fondo, y la imagen adaptada a los televisores de tubos catódicos de los 80’s. Si quieres ver el vídeo está aquí.

Supongamos que las profecías de Turner se cumpliesen, y el mundo desaparece lo suficientemente lento para poder emitir ese vídeo. ¿Sería esa canción la última muestra de la capacidad humana para la música? Pues no. Porque desde 1977 que abandonaron el planeta Tierra, las sondas Voyager I y II portan en su interior sendos discos dorados con información de nuestra especie, de las culturas que hemos creado, y de nuestra posición en el Cosmos. Una tarjeta de visita por si acaso alguien (o algo) encuentra los artefactos vagando por el espacio interestelar, llena de imágenes y sonidos.

1977: la NASA solicita al astrofísico y divulgador científico Carl Sagan que confeccione un mensaje para un posible primer contacto con una civilización alienígena, ya que las sondas Voyager I y II, sus portadoras, abandonarían el sistema solar tras su misión de recogida de datos en los gigantes gaseosos. Sagan ya había colaborado en el diseño de algo parecido para las anteriores misiones Pioneer 10 y 11, una placa con la localización de nuestro planeta en la Vía Láctea, la fisionomía humana, y datos físicos y matemáticos, así como en la elaboración del Mensaje de Arecibo, en este caso en forma de ondas de radio. En el caso de las Voyager sería más complejo, ya que se tendría que hacer una selección lo más diversa posible de la cultura y tecnología de nuestra especie, de la biología terrestre, y que cupiese todo en un disco fonográfico capaz de resistir lo mejor posible las condiciones del espcio profundo (un ejemplo: el espacio dedicado a la música daría para unos noventa minutos).

Y se pusieron manos a la obra. Con la ayuda de colaboradores como el astrónomo Frank Drake, o la escritora Ann Druyan (cuyas ondas cerebrales fueron incluidas en el disco), fueron recopilando elementos visuales y sonoros que pudieran abanderarnos ante el Universo. Ante la imposibilidad de que un grupo de delegados de las Naciones Unidas saludasen en distintos idiomas, recurrieron a la ayuda de la Universidad de Cornell para tener listas 55 expresiones grabadas, cada una en un idioma diferente, desde lenguas muertas como el sumerio, el acadio o el latín, hasta el chino mandarín, el portugués, el hindi o el español. No obstante, el secretario general de la ONU, Kurt Waldheim, sí que se prestó a mandar un mensaje que precedió a los saludos humanos (también se incluyeron sonidos de ballenas):

“Como Secretario General de las Naciones Unidas, una organización de los 147 estados miembros que representan a casi todos los habitantes humanos del planeta tierra. Les envío saludos en nombre de la gente de nuestro planeta. Salimos de nuestro sistema solar hacia el universo buscando sólo paz y amistad, para enseñar si somos llamados a ser enseñados, si somos afortunados. Sabemos muy bien que nuestro planeta y todos sus habitantes no son sino una pequeña parte del inmenso universo que nos rodea, y es con humildad y esperanza que damos este paso.”

Con los sonidos terrestres fueron igualmente eclécticos. El oyente se encontraría con el piar de los pájaros, el aullido de los chimpancés, el ulular del viento y otras melodías comunes y familiares para nosostros. Lo mismo con las imágenes: fórmulas químicas, un grupo de niños, una fotografía de la Tierra desde el espacio, un supermercado, o el edificio de las Naciones Unidas de día y de noche fueron algunas de las 118 “postales” de nuestro mundo que saldrían con las Voyager.

Pero lo interesante, y a lo que veníamos desde un principio, es la música. Sagan y su equipo debían integrar toda la inmensa variedad musical de la Humanidad, y con espacio limitado. Incluyeron música tradicional de todos los continentes, como canciones de los aborígenes australianos, la canción de la “casa de los hombres” de los indígenas de Papúa-Nueva Guinea, así como los sonidos de las zampoñas y los tambores peruanos, hasta percusión del Senegal. Bach fue incluido tres veces, con el primer movimiento de su Concierto de Brandemburgo nª2, la Gavotte en Rodeau y El clavecín bien temperado; hay doble sesión de Beethoven, con la Orquesta Sinfónica de Budapest tocando la cavatina del Cuarteto de cuerdas nª13, y la Orquesta Philarmonia de Londres con el primer movimiento de su Quinta Sinfonía. Se escucha la desgarradora aria de la Reina de la Noche, clamando venganza (Si Sarastro no siente a través de ti/el dolor de la muerte/ya no serás mi hija más) de La flauta mágica de Mozart. Hay cánticos de monjes georgianos, Stravinski, mariachi.

El siglo XX también tuvo su pequeña cuota de participación. Louis Armstrong y su banda tocaron el Melancholy Blues, y la música rock fue representada por el inmortal Chuck Berry y su Johnny B. Goode. A las puertas se quedaron Jefferson Starship y el Here Comes the Sun de The Beatles, en el caso del cuarteto de Liverpool por decisión de la casa discográfica (a pesar de que los músicos estaban de acuerdo con que figurase en el disco). La NASA pudo sacarse esa espinita en 2008, cuando retransmitieron la canción Across the Universe a la Estrella Polar, a unos 431 años-luz de la Tierra.

En 2013 la Voyager I, tras 36 años de viaje initerrumpido, se convirtió en el primer objeto fabricado con manos humanas que abandona el sistema solar, y se sumerje en el espacio interestelar. Se calcula que abandonará la influencia de nuestro sol en el 2025. Y entonces nuestra particular versión de un mensaje embotellado vagará por el cosmos, a la espera de que su contenido dorado sea revelado. Sería una escena interesante que lo primero que una entidad no humana supiese de la especie humana fuera “There stood a log cabin made of earth and wood/Where lives a country boy named Johnny B. Goode/Who never ever learned to read or write so well/But he could play a guitar just like a-ringing a bell…”

BIBLIOGRAFÍA

https://ciencia.nasa.gov/ciencias-especiales/28apr_voyager2

http://voyager.jpl.nasa.gov/

http://voyager.jpl.nasa.gov/spacecraft/sounds.html

http://voyager.jpl.nasa.gov/spacecraft/greetings.html

http://voyager.jpl.nasa.gov/spacecraft/scenes.html

http://voyager.jpl.nasa.gov/spacecraft/music.html

-Réplica virtual del disco, con todo su contenido: http://goldenrecord.org/

-Playlist en Youtube con la mayoría de la música, mensajes y sonidos del disco: https://www.youtube.com/watch?v=Bhuq9rNO_FQ&list=PLA5Z0m2JKyVJUgkMG08WP8KsAvLrjfkjP

-“Sonidos de la Tierra” en Soundcloud: https://soundcloud.com/nasa/sets/golden-record-sounds-of