LOS USOS DE LA HISTORIA: EL MITO FUNDACIONAL DE LOS REYES CATÓLICOS

Isabel

Los actores principales de la serie Isabel realizan una ofrenda floral en la cripta de los Reyes Católicos.

“La última orden de Fernando el Católico fue ser enterrado junto a su esposa, Isabel, en Granada. Los reyes amaban así. Y en esos dos cadáveres, juntos en muerte como en vida, se sustancia lo que hoy conocemos como España. Somos lo que somos por los Reyes Católicos. Nada menos.”

José Javier Esparza, La Gaceta.

“Hace más de quinientos años que las Coronas de Castilla y de Aragón se unieron para dar paso a la Monarquía de España, constituyendo ésta la primera Nación “política” de Europa al darse en España el primer paso para dejar atrás el sistema “feudal” dotando a la Corona de una administración y gobierno único y global para todos los territorios bajo la soberanía de los Monarcas de España”

LaVerdadOfende.wordpress.com

¿Accesibilidad es sinónimo de fiabilidad y calidad? Esa es la noción general que se tiene con respecto a internet y la información digital. Buena parte del profesorado, desde los colegios hasta las universidades, observa curso tras curso cómo muchos de los trabajos que se entregan son un descarado corta y pega de algún blog, foro o revista de la red. Por supuesto, habrá algunos que lo ignoren o lo pasen por alto y regalen un cinco para evitar quebraderos de cabeza. Otros, aquellos que comprenden mínimamente el valor de la educación, no se lo tomarán tan bien. Pero ni siquiera hemos llegado al punto más preocupante del asunto. La realidad es que esta clase de procedimientos son promovidos desde una parte de la enseñanza y por los distintos medios de comunicación de masas. Entre otros muchos aspectos, se ha conseguido reforzar una lacra que ya estaba presente en los libros de texto con los que hemos estudiado, se estudia y se estudiará: una visión acrítica, pasiva e interesada de la historia. Hoy he querido traer el ejemplo de los Reyes Católicos para el caso español, quizá uno de los más ilustrativos y relevantes para entender el uso de un período concreto del pasado para proyectar sobre él las preocupaciones del presente. Al final del artículo veremos que ese pasado prefabricado nos habla más de los siglos XIX o XX, momento en el que se redactan las historias nacionales, que del propio siglo XV. La vigencia de estos relatos ha llegado hasta nuestros días hasta el punto de que TVE tiene entre los platos fuertes de programación la serie Isabel, una serie poco recomendable para aquellos que quieran aprender historia, pero que sin duda nos aporta un ejemplo interesante y visual para entender los usos interesados que se hacen de esta.

Cuando en el siglo XIX se comenzó a construir la historia de los Estados-Nación en Europa, los historiadores señalaron a unas determinadas dinastías reales como “forjadoras de patrias”, caso de los Valois en Francia, los Avís de Portugal, los Tudor en Inglaterra o los Trastámara en Castilla y Aragón. Curiosamente, tenían ciertos aspectos en común. En su mayoría eran dinastías que llegaban como relevo generacional en torno a las décadas de 1480 y 1490 y que pertenecían a una rama colateral o bastarda que llegó al poder en medio de un complejo y turbulento contexto, dentro del marco de crisis entre el siglo XIV y el último tercio del siglo XV. Fue una etapa crucial en la historia del poder en Europa, donde eran constantes los conflictos entre los reyes y la nobleza feudal. Haciendo una rápida panorámica por los distintos reinos, vemos que esas dinastías hicieron un uso parecido de los mismos medios para acceder al trono e iniciar una integración territorial. Junto al recurso de la violencia y la guerra civil, destacó ante todo el ejercicio de una política matrimonial al servicio de los intereses de la dinastía y la búsqueda de acciones de conquista que otorgasen una imagen de fortaleza y prestigio. Nosotros, como ya adelantamos, solo nos centraremos en el caso de los Trastámara.

 En 1469 Isabel, la heredera al trono de Castilla, se casó con Fernando, heredero de la Corona de Aragón. Antes de este enlace, Isabel había rechazado rápidamente a pretendientes franceses, portugueses e ingleses y demostró un gran olfato político al decidir casarse con el hijo y heredero de Juan II de Aragón, a pesar de que contaba con la firme oposición de su hermano y monarca reinante hasta el momento en Castilla, Enrique IV, más partidario de una alianza castellana con Portugal o Francia. Fernando e Isabel eran conscientes de que los dos acabarían heredando unos reinos diferentes en aspectos sociales y políticos además de notablemente hostiles entre sí. En el caso de Castilla, a Isabel se le añadía el problema de que tenía la oposición de quienes apoyaban los derechos de sucesión de la hija de su hermano, Juana. Las perspectivas iniciales de este enlace no eran precisamente favorables. Tampoco obtuvieron un soporte fiable en el padre de Fernando, que a pesar de haber impulsado el matrimonio tenía otros problemas prioritarios.  La rebelión de Cataluña (1462-1472) y la constante hostilidad del vecino francés causaron en la Corona de Aragón un notable agotamiento y la pérdida de una parte del territorio en favor de Francia.

Los conflictos de legitimación terminaron para la Corona de Castilla en una larga guerra (1464-1480) en la que Isabel consiguió fortalecer y extender el poder de la administración real para supeditar a todos los magnates castellanos que hasta aquel momento habían desafiado (e incluso controlado) al monarca. Con la muerte de Enrique en 1474, Isabel accedió al trono. Las pretensiones del rey de Portugal, que se había casado con Juana, terminaron tras la derrota en Toro (1476).  La unión con Fernando hacía que solo quedaran fuera de control Navarra, reino satélite de Francia, y Granada, reino independiente. Paralelamente a estos avances, los monarcas también decidieron pactar entre ellos para evitar cualquier tipo de conflicto. A partir del Acuerdo de Segovia (1475),  Isabel quedó a cargo del gobierno interno de Castilla y Fernando se dedicó a la política exterior. Que Castilla fuese una especie de socio dominante no se explica por algún tipo de noción nacionalista, sino que se explica por la realidad de la situación. Castilla y Aragón eran dos Estados política y administrativamente diferenciados que conocieron una unión dinástica o personal, pero nunca institucional. No hubo fusión de territorios, sino que fueron dos estructuras que siguieron procesos distintos. Esto queda patente en el momento en que fallece Isabel, cuando Fernando se ve obligado a abandonar Castilla y los dos reinos vuelven a  llevar una trayectoria separada durante un breve periodo de tiempo.

Hemos visto que la extensión de la administración real se consolida una vez que Isabel termina venciendo en la guerra. Su dominio va a ser casi homogéneo en los territorios de la Corona de Castilla, donde fue fundamental el hecho de que las Cortes estuvieran bajo su dependencia. No podían auto-convocarse y estaban limitadas a los temas de discusión propuestos por el monarca. No ocurría lo mismo con Fernando en Aragón, donde la tradición política era distinta y las Cortes de Aragón, Cataluña y Valencia gozaban de un mayor poder. En el caso catalán, por ejemplo, las Cortes podían auto-convocarse y elaborar leyes, lo que implicaba un constante tira y afloja con el monarca. No debe resultar extraño que el centro de la monarquía unida tendiera hacia Castilla, porque como bien señala Pere Molas “no solo era un reino más extenso, más poblado, de mayor dinamismo económico, sino más unificado y con menor capacidad de resistencia institucional a la voluntad soberana”.

La unión de la Corona solo podría considerarse el inicio de la unificación de España. Pero Fernando e Isabel no avanzaron en la asimilación e integración de los distintos Estados a pesar de lo que se dice muchas veces, aunque es cierto que cuando encabezaron una política común pudieron utilizar los recursos conjuntamente. En el caso castellano, la aristocracia se había fortalecido con las victorias sobre los musulmanes a través de tierras y cargos públicos, por lo que tenían el suficiente poder como para enfrentarse a los reyes y buscar sus propios intereses. Para tratar de cambiar esta situación en su favor, los reyes emplearon organismos ya existentes y fueron reacios a introducir innovaciones. Las Hermandades, una suerte de fuerzas policiales presentes ya en varias ciudades y que ya habían sido clave a la hora de terminar con situaciones caóticas en tiempos de Enrique IV, fueron reorganizadas en la Santa Hermandad. Hubo acciones más directas para doblegar a la aristocracia, como la destrucción de fortalezas, la ilegalización de las guerras privadas o el control del papel de los funcionarios de la Corona para evitar que influyeran en el gobierno. Al mismo tiempo, beneficiaron a algunos grandes linajes que habían sido un apoyo fundamental en la guerra y ampliaron las tierras de realengo para competir en riqueza y poder con algunos de sus súbditos. La política de control y pacificación llevó a los reyes a trasladarse a Andalucía, donde buena parte de la nobleza se había mantenido indecisa hasta muy tarde en su postura ante la guerra. En Galicia, se persiguió a los nobles contrarios y se favoreció a unos determinados linajes mientras se potenciaba a representantes directos de la Corona en el territorio, siempre con la idea de crear una base de autoridad.

Se entiende así que los Reyes Católicos trataron de construir un Estado de tipo autoritario y de carácter centralizado en la medida en que entendían que el poder político nacía y partía de ellos, por encima de nobleza, Iglesia y ciudades. Esta nueva organización política fue vista por sus contemporáneos como algo tremendamente moderno que rompía con el pasado inmediato. El poder real ponía fin a un período de inestabilidad política y social a través de la ley, construyendo así una legitimación que los alejaba de la imagen de la Edad Media. Sin embargo, uno de los matices más importantes es que no se dio la desaparición de otros poderes, sino que la ley real se superpuso sobre las leyes y administraciones preexistentes. Es cierto que hubo proyectos anteriores a esta etapa, pero fue en este momento cuando se dieron las circunstancias que hicieron posible su puesta en marcha.

la_rendicion_de_granada_-_pradilla

La rendición de Granada de Francisco Pradilla (1882) es uno de los ejemplos más emblemáticos de la pintura de la historia, un género que tuvo su apogeo en las décadas finales del siglo XIX. Aunque muchos no conozcan los nombres de los pintores ni los títulos de los cuadros , estas obras están más presentes en nuestro imaginario colectivo de lo que imaginamos. La pintura de historia permitió modificar algunos episodios del pasado e incluso inventar otros por entero. Esta pomposa recreación poco tendría que ver con la realidad e Isabel ni siquiera habría estado presente. El canon visual de la historia fue tan relevante como el escrito, y ha funcionado tan bien que el equipo de rodaje de  Isabel se planteó inocentemente como objetivo reproducirlo en la serie.

En definitiva, no podemos decir que con los Reyes Católicos nació la unidad de España. Su Estado juntó a dos Coronas con estructuras político-administrativas muy diferentes y que mantuvieron bastante autonomía. Fernando tuvo problemas para intervenir en los dominios de Isabel y viceversa, por lo que buscaron una mayor eficiencia con la creación del Consejo de los Reyes, donde se integraron los consejos de ambas Coronas en un esfuerzo por impulsar una política real común. Avanzaron hacia una unidad administrativa a través de la creación de algunas organizaciones, pero en ningún momento hubo una unión política de los reinos, algo imposible en el contexto en el que se encontraban.

El interés por la figura de Isabel la Católica era escaso hasta la fecha de 1821, cuando se publicó el libro de Diego Clemencín. Su recuperación respondía al interés de los liberales por encontrar un precedente que legitimase la monarquía parlamentaria que pretendían establecer. Todo se sustentaba en la creencia de que fue durante el mandato de la reina el momento en el que las Cortes de la Corona de Castilla tenían un poder casi equiparable al de la reina. La atracción por Isabel también tuvo mucho que ver con el reinado de Isabel II (1833-1868). La coincidencia en el nombre sirvió a la propaganda isabelina para establecer un paralelismo en todo lo posible. Isabel II no lo estaba teniendo fácil, empezando un reinado entre problemas y amenazas, así que el precedente era ideal para demostrar que una mujer podía reinar con éxito.

El culto sobre los Reyes Católicos creció todavía más cuando el norteamericano W.H. Prescott publicó una monografía en 1838, que fue traducida y reciclada en español por Lafuente en su  Historia General de España,  a la que le debemos la versión dominante que le ha llegado a la mayoría de la población por encima de las numerosas revisiones que se han hecho. Por eso, a día de hoy sigue vigente la idea de que el periodo de los Reyes Católicos fue “glorioso” para la historia de España, la nación libre de Europa más antigua. Por supuesto, el franquismo reforzó la noción de que con Isabel y Fernando se forjó la unidad de España.

141881-944-550

 

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

BERNAN, Antonio-Miguel, Monarquía e Imperio, Marcial Pons, Barcelona, 2007.

LYNCH, John, Monarquía e Imperio: el reinado de Carlos V, El País, Madrid, 2007.

MOLAS, P, Historia Moderna de España (1474-1808), Espasa, Madrid, 1988.

MURADO, Miguel Anxo, La invención del pasado: verdad y ficción en la historia de España, Debate, Madrid, 2014.

WEB

https://laverdadofende.wordpress.com/2014/08/28/por-que-espana-es-la-nacion-mas-antigua-de-europa/

http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/los-reyes-catolicos-entre-el-amor-y-la-politica_6744

http://gaceta.es/noticias/isabel-fernando-los-reyes-catolicos-23012016-1053