“NANAS DE LA CEBOLLA”

De humilde origen campesino, Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, 30 de octubre de 1910 – Alicante, 28 de marzo de 1942) recibió una escasa instrucción en el colegio jesuita de Santo Domingo, que abandona muy pronto para dedicarse a cuidar el rebaño de cabras de su padre. Sus muchas lecturas -especialmente de la lírica renacentista y barroca, cuya influencia se advierte en su producción poética- ampliaron su formación. Forma parte de la tertulia literaria en Orihuela, donde conoce a Ramón Sijé con el cual establece una gran amistad.3

La vocación poética de Hernández es muy temprana. Casado con Josefina Manresa, su amistad con el poeta chileno Pablo Neruda le marcó ideológicamente llevándole a participar en la Guerra Civil en el bando republicano. En el 39, cuando trataba de pasar de España a Portugal, es detenido y, tras consejo de guerra, condenado a pena de muerte. Dicha pena le fue conmutada por la de cadena perpetua. Morirá en la enfermería de la prisión, víctima de una tuberculosis pulmonar, en 1942.

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En un sentido estricto, Hernández pertenece a la Generación del 36, junto con Luis Rosales, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo…; sin embargo, su trayectoria poética y sus relaciones con los mejores representantes de la Generación del 27 -especialmente con Vicente Aleixandre- permiten incluirlo en esta última, como “genial epígono”. De lo que no hay duda es de que su obra actúa como eslabón entre la Generación del 27 y los poetas de posguerra, sobre los que ejercerá una decisiva influencia.

He seleccionado del autor uno de los poemas que considero más bellos de este período histórico, junto con “Elegía a Ramón Sijé”, dedicado al amigo fallecido: se trata de las “Nanas de la cebolla”, incluido en Cancionero y romancero de ausencias.

Hernández está en la cárcel. Ha recibido una carta de su mujer en la que le dice que muchos días no hay para comer más que cebollas. Y a su hijo, amamantado con “sangre de cebolla“, como dirá en el verso 10, le escribe unas “nanas“, cuya composición parece insinuarse en otra carta a su mujer, fechada el 12 de septiembre de 1939: “Estos días me los he pasado cavilando sobre tu situación, cada día más difícil. El olor de la cebolla que comes me llega hasta aquí y mi niño se sentirá indignado de mamar y sacar zumo de cebolla en vez de leche.”

Miguel Hernández y su familia experimentaron el hambre o mismo la pérdida y separación de sus seres queridos.

El poema nos acerca a la situación en la que se encontraban múltipl2es familias durante la Guerra Civil Española para las cuales el hambre, la miseria, la muerte y la censura fueron una constante en esos años.

Sin duda es un poema que muestra la situación que llegó a vivir Miguel Hernández llegando a perder la vida por la defensa de sus ideas pero buscando siempre poner un rayo de luz y esperanza en la vida de su hijo.

La versión cantada que les invito a escuchar es de Joan Manuel Serrat un grande de la música gracias al que muchos han conocido a grandes autores de la literatura española.

BIBLIOGRAFÍA:
FERRIS, José Luis “Miguel Hernández: pasiones, cárcel y muerte de un poeta”, Ed. Temas de Hoy, Madrid, 2010

ZARDOYA, Concha “Miguel Hernández: vida y obra 1955”, Ed. Nortesur, Barcelona, 2009

WEBGRAFÍA:

http://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/biografias/manila_miguel_hernandez.htm Fecha de Consulta: 1/09/2016

REFERENCIA IMÁGENES:

Imagen 1: http://lenguazcona.blogspot.com.es/2012/05/hambre-y-cebolla.html

Imagen 2:  http://es.antologiapoetica.wikia.com/wiki/La_Generaci%C3%B3n_del_27

Imagen 3: https://www.emaze.com/@ACQRWQCT/miguel-hern%C3%A1ndezVida