Un comunista en la Revolución Francesa

Pintura que teatraliza el momento en que la convención se levanta contra Robespierre (Julio de 1794)

La revolución francesa se ha presentado a los ojos de muchos historiadores como un auténtico laboratorio en el que aparecieron una gran parte de los mecanismos que determinarían los pilares de importantes corrientes ideológicas que han llegado hasta el día de hoy. Menos el fascismo, las demás ideas políticas están presentes en este periodo si hacemos un barrido de derecha a izquierda. En este artículo hemos querido recuperar la figura poco conocida de François-Nöel Babeuf (1760-1796), que llegaría a influir en el Manifiesto Comunista de Marx (1848).

Conviene hacer una breve contextualización para entender el momento en el que nuestro protagonista decide encabezar una conspiración. Entre julio de 1793 y julio de 1794 se había dado la etapa más exaltada de la revolución tras la ejecución de Luís XVI, la llamada Convención Jacobina, un grupo que es encabezado por individuos como Robespierre y que no duda en utilizar la represión y el terror para garantizar el mantenimiento de una democracia, aunque desde su punto de vista la ley no podía quedar en manos de la voluntad popular, carente de “educación política”, por lo que habría que esperar una generación para el traspaso de poder. El fin justificaba los medios.

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François-Nöel Babeuf

El gobierno de Robespierre no tardó en caer por la pérdida de apoyo y la reacción de la burguesía ante la pérdida de control de la revolución ante las clases populares. En Julio de 1794 se inaugura el periodo de la Convención Termidoriana, que un año después instaura una Constitución que realiza un giro a la derecha, restringiendo la participación política a ciertos sectores. Esta etapa también es conocida por el nombre de su órgano de gobierno, el Directorio, compuesto por 5 miembros elegidos por una cámara que nunca representó la voluntad de unas elecciones.  Buscaban el enfriamiento del proceso revolucionario, pero la estabilización se presentaba difícil. Lo que estaba ocurriendo en Francia había hecho reaccionar a las potencias europeas y, si bien es verdad que en 1795 Francia firma la paz con Prusia, España y Países Bajos, la guerra continuó con Austria hasta 1797. La situación económica era grave y la inflación  llegó a su nivel máximo, hasta el punto de abandonar el papel moneda mientras el comercio y el abastecimiento general se hundía. Las clases populares se vieron muy afectadas ante el alza de los precios y la mala cosecha de 1795, por lo que Directorio se vio obligado a efectuar compras en el exterior y a reglamentar el consumo para evitar levantamientos por el hambre. Fue en medio de este descontento donde el ejército y las distintas fuerzas del orden alcanzaron un creciente protagonismo. La oposición se estaba reforzando, y en un grupo encabezado por Babeuf se proclamaba lo siguiente: “Queremos la igualdad real o la muerte”. Fue así como se dio la llamada Conjura de los Iguales (invierno de 1795-1796), un intento de toma del poder que no encajaba en la línea de lo que había sido hasta ese momento la revolución francesa, esto es, una revolución esencialmente burguesa. En palabras de Albert Soboul, fue “el primer intento de hacer entrar al comunismo en la realidad”.

Igual que los jacobinos, Babeuf consideraba que el fin de la sociedad era el bien común. Sin embargo, a  la hora de tratar el tema de la propiedad privada, mostraba una percepción distinta. Para llegar a una igualdad real, consideraba que había suprimir la propiedad particular y establecer una administración de las subsistencias para repartirlas con la igualdad más escrupulosa. Así se exponía en el Manifiesto de los iguales, redacto por Sylvain Maréchal y publicado en Le tribun du peuple (La tribuna del pueblo) en Noviembre de 1795. Poco tenía que ver con la ideología jacobina, defensora de la pequeña propiedad basada en el trabajo personal. El manifiesto hacía hincapié desde su comienzo en la diferencia entre la igualdad formal que había establecido el liberalismo (“todos somos iguales ante la ley”) y la igualdad real. Por eso exigían “la igualdad real o la muerte”. Por supuesto, y aunque en muchos artículos que podemos encontrar en la red no se destaque, el manifiesto matiza que este concepto de igualdad se aplicaba solo a los hombres: “Que no haya entre los hombres más diferencia que las de la edad y el sexo”.

Es cierto que en el manifiesto se proclama que la tierra no es de nadie y que sus frutos pertenecen a todos por igual, pero más allá de esto no vemos una preocupación por los medios de producción. Touchard señala en Historia de las Ideas Políticas que los dos tipos de sociedad que son del agrado de Babeuf son la agricultura y el ejército. Por tanto, su comunismo no se aplicaría en sociedades complejas y no va más allá de la organización colectiva del trabajo de la tierra. De este modo, se nos presenta un arma de doble filo; es revolucionario en el sentido de que proclama y busca la igualdad social, pero al mismo tiempo es retrógrado porque quiere establecer esa igualdad en base a las formas económicas antiguas. De hecho, hay elementos simbólicos que no podemos dejar escapar. Babeuf se hace llamar Graco, en claro homenaje a los hermanos que impulsaron una reforma agraria en la antigua Roma durante el siglo II a.C. Evidentemente, estamos una vez más ante esa erótica por el pasado, la idealización y tergiversación de un acontecimiento que poco tuvo de revolucionario, siendo más bien lo contrario (https://noitabrega.com/2015/07/01/la-roma-de-los-graco/). Además de este aspecto, debemos pensar también que  la escasa concentración de capital y la ausencia de una verdadera producción en masa en la Francia de finales del siglo XVIII explica que Babeuf se inclinara por esta visión.

Cuando Babeuf y sus seguidores tratan de llevar adelante su conspiración, terminan siendo apresados. Un año después, su líder es guillotinado con 36 años de edad. A los ojos de un individuo del siglo XXI, la importancia de la Conjura de los Iguales puede ser de un notable interés, pero en el periodo del Directorio no pasó de ser un episodio con escaso apoyo de las clases populares (a pesar de la crisis) y fue rápidamente reprimido. La forma en la que Babeuf  planeó asentar la conspiración acabaría por influir más tarde a Marx y a Lenin en lo que concebían como dictadura del proletariado. Si el “babuvismo” triunfaba, se establecería durante un largo periodo la dictadura de lo que se denominó como “Comité insurrector”, de carácter centralista y con un Gobierno fuerte para la reestructuración de la sociedad y la puesta en marcha de nuevas instituciones.

BIBLIOGRAFÍA

SOBOUL, Albert, La revolución francesa, Ediciones Orbis, Barcelona, 1981

TOUCHARD, Jean, Historia de las Ideas Políticas, Editorial Tecnos, Barcelona, 1989

WILLARD, Claude, Problemática del Socialismo: Desde el Renacimiento a nuestros días, Ediciones ISTMO, Madrid, 1972.