Charla informal con Santiago Posteguillo

¿La fecha? 1 de marzo. ¿El lugar? La librería Cronopios de Compostela. ¿El objetivo? Ver y hablar con uno de los escritores de novela histórica más leídos y valorados, Santiago Posteguillo (Valencia, 1967). Este profesor de literatura inglesa ha enganchado a miles de lectores con sus dos trilogías ambientadas en la antigua Roma, una protagonizada por el militar Publio Cornelio Escipión el Africano, y otra por el poderoso emperador de origen hispano Trajano. Su producción se completa con La noche en que Frankenstein leyó el Quijote y La sangre de los libros, ambos de carácter divulgativo, en los que a través de una serie de relatos novelados nos acerca a la historia que hay detrás de las grandes obras de la literatura universal.

El motivo de su visita a la urbe compostelana es la promoción de su novela La legión perdida, en la que se sale de los límites del Imperio romano e incluye a antiguos y fascinantes reinos de la India y China, como conclusión a su saga trajana. Gracias a las encargadas de la librería dos noitábregos (y un acompañante) pudieron charlar con el escritor en la trastienda, antes de la presentación. He aquí el resultado:

-La novela histórica se ha convertido en los últimos años en un género con gran éxito entre el público, y en muchos casos supone un primer acercamiento a la historia. ¿Cree que el autor de novela histórica tiene un compromiso con la veracidad histórica?

Sí, yo comparto esa opinión. Yo creo que hay una especie de acuerdo tácito entre escritor de novela histórica y lector de novela histórica, que el lector está esperando -los lectores, las lectoras, porque cada vez hay más lectoras de novela histórica- que lo que le cuentes en este relato sea razonablemente fidedigno a lo que pasó. Eso no quiere decir que no puedas hacer novelas históricas de diferentes tipo. Como ejemplo, tenemos al recientemente fallecido Umberto Eco, que tanto ha contribuido al renacimiento de la moderna novela histórica. Lo que hizo fue una magnífica ambientación histórica de la época, y luego insertó ahí una trama de ficción, porque la trama de asesinatos en aquella abadía no existió, pero la ambientación de la época es perfecta porque la conocía muy bien. Y otro tipo de novela histórica es la que Robert Graves hacía, donde no sólo la ambientación sino también los protagonistas principales son históricos. En ese segundo tipo es donde habría que enmarcar mis novelas.

… Creo que hay una especie de acuerdo tácito entre escritor de novela histórica y lector de novela histórica, que el lector está esperando -los lectores, las lectoras, porque cada vez hay más lectoras de novela histórica- que lo que le cuentes en este relato sea razonablemente fidedigno a lo que pasó.

-A los historiadores “en potencia” siempre se nos dice que uno de los aspectos más complicados de afrontar es reconstruir la mentalidad o la forma de pensar de los personajes del pasado. ¿Usted intenta realmente reconstruirla, o más bien, a partir de sus lecturas reconstruye los personajes de una forma más personal, más accesible al lector del presente?

Esa es muy buena pregunta, y es compleja la respuesta, a ver si acierto a decírtelo. Yo intento construir el personaje y su forma de pensar de su época. Es decir, por ejemplo si pongo una mujer, yo puedo poner una mujer con carácter, o una emperatriz que intente influir en su marido para influir en el entorno del poder en el que vive, pero no puedo poner una feminista, ese concepto no existía. Ahora bien, luego en su forma de expresarse sí que voy a utilizar un lenguaje razonablemente moderno, que haga que los lectores sientan a esos personajes más cercanos, no como distantes. No obstante, para mantener una cierta ambientación de época inserto palabras en latín, en griego, etc., que siempre explico, pero lo que ocurre es que la ambientación está en esas palabras, pero el lenguaje que sobre todo fluye por la novela es muy actual. Entonces no sé si me explico, reconstruyo la mentalidad de la época, la expreso con lenguaje actual, y lo salpico de palabras de la época.

-¿Cómo afronta el trabajo previo a la elaboración de estas novelas? ¿qué proceso sigue para investigar y documentarse sobre la época? ¿Suele acudir con mucha frecuencia a los autores clásicos?

En ese sentido lo que hago es construir las novelas fundamentadas sobre un amplio sustrato de documentación, recurriendo a las fuentes clásicas, y en una novela sobre Roma suelen ser fuentes clásicas en latín y griego; y en una novela como La legión perdida han de ser fuentes clásicas en latín, griego, sánscrito, silabario kushana, parto, o incluso chino clásico. Evidentemente yo no domino todas esas lenguas: lo que si tengo es la ventaja de estar en una universidad –la Jaume I de Castellón- donde tengo al lado al profesor de latín, en el mismo pasillo al de griego, en otro ala del edificio a la profesora de chino, arriba el Departamento de Historia… Y toda esta gente me va ayudando para que, aunque yo me manejo sobre todo –bueno, latín y griego puedo manejar algo, pero con traducciones al inglés de estas otras lenguas, porque en español hay muy poco traducido, por ejemplo de la dinastía Han de China y tal- lo que luego necesito es la colaboración de estos expertos para certificar ciertos aspectos: si voy a poner una cita, que la cita sea exactamente la que toca, la que corresponde, que esté bien transcrita. Todo este trabajo de documentación es una fase inicial, y luego hay que armar el relato, hay que ver cómo contarlo.

-¿Se lee poco en España? ¿Hay un problema con la cultura, realmente?

Se lee poco con respecto a otros países de nuestro entorno europeo. Hay un problema con la cultura creado porque, entre otras cosas, en la educación no se enseña cultura, se reducen cada vez más las Humanidades… ahora la última genialidad es quitar filosofía en secundaria, y si pudieran simplemente a través de la cultura crear robots sumisos que trabajaran en las fábricas, es lo que harían. Nosotros nos tenemos que rebelar, porque a través del proceso educativo de infantil, primaria, secundaria y universidad lo que tenemos es no enseñar destrezas –que también- sino enseñar a ser gente crítica. El Premio Nobel de Literatura de Nigeria Wole Soyinka decía a sus estudiantes que lo más importante de dar clases en la universidad es que hay que enseñar a los jóvenes que no tienen que por qué aceptar el statu quo, y eso es lo más importante que se puede aprender en la educación. Pero claro, esto asusta al poder, así que reduzcamos las humanidades y que la gente no piense.

-Y ya para terminar: ¿Hay algún otro momento de la historia de Roma, o de la historia de la Humanidad en general, que le interese especialmente y que le gustaría escribir sobre él? Y ¿Se siente, no hacia su obra en general, sino hacia los personajes históricos de Escipión o de Trajano, por cuál de los dos siente mayor simpatía?

A ver, empezando por el final, esto es como preguntarle a un padre a cuál de tus dos hijos quieres más. E incluso en un supuesto de que quisieras más a uno que otro, jamás lo confesarías, así que yo quiero a los dos por igual. Lo que sí que pienso es que, como novela, narrativamente, mi novela mejor y más espectacular es La legión perdida; eso lo tengo claro, y lo tengo claro porque además varios periodistas que se han leído la novela, y que me vienen siguiendo desde hace tiempo dicen que La legión perdida es mi mejor obra, entonces no es una opinión mía. Y habías empezado con algo, que se me ha ido el santo al cielo…

-Sobre que otros momentos de la historia de Roma…

Bueno, pues ahí tengo varios momentos en los que estoy pensando, pero no lo desvelo, porque no me gusta desvelarlo,  porque entonces generas unas expectativas, luego cambias de opinión, y creas entonces decepción. Ahora,  aquellos que se hayan ilusionado con “va a hacer este período  tal”: yo me lo pienso, tengo mis esquemas de trabajo, ya estoy trabajando en la siguiente novela, pero no desvelo sobre qué o sobre quién.

Nosotros nos tenemos que rebelar, porque a través del proceso educativo de infantil, primaria, secundaria y universidad lo que tenemos es no enseñar destrezas –que también- sino enseñar a ser gente crítica.

Hacemos las despedidas pertinentes, y el acto comienza. El escritor describe al público de la librería todo el largo recorrido que ha hecho desde su última novela, incluyendo problemas con las traducciones de los distintos idiomas empleados en el texto, el curioso “Síndrome del Capitán Trueno”, la importancia de las fuentes ajenas a los europeos, o la dificultad para encontrar personajes femeninos interesantes en unas fuentes que son fieles reflejos de las sociedades machistas antiguas.

Queremos expresar nuestro agradecimiento a David Fernández Viña por su inestimable colaboración; al personal de la librería Cronopios de Santiago de Compostela, por su amabilidad y por ofrecernos todas las facilidades para que esta entrevista pudiese tener lugar (aquí su web); y a Santiago Posteguillo, que con gran generosidad nos brindó parte de su tiempo para conversar con nosotros (aquí tenéis su web).