Mad Max: Apocalypse Was Yesterday

Hace un sol abrasador. A tu derecha luce la inmensidad del desierto,  cientos de quilómetros de llanuras estériles que cubren lo que una vez fueron los bosques, los océanos y las orgullosas ciudades en las que habitaba el género humano. A tu izquierda, una banda de saqueadores, bárbaros motorizados ungidos con la locura y la desesperación, envueltos en cuero harapiento o estrafalarios adornos de metal para cubrir las horribles secuelas de la radiación. Delante, el camino oscilante entre una muerte atroz y un día más de vida. Sonríes, empuñas la palanca, pisas el acelerador, y el V8 ronronea antes de estallar en combustión. Tu mundo es sangre y fuego, pero nadie dijo que el futuro fuese ni fácil ni condenadamente divertido. Eres el guerrero de la carretera, y sólo quieres sobrevivir para continuar cruzando la arena rojiza a toda velocidad.

En la industria del cine actual nos ha tocado ver una tendencia decepcionante: películas que van a lo fácil, y tratan determinados temas de determinada manera para conseguir premios y reconocimiento de la crítica. Unos esquemas fijos, unas maneras consolidadas que no obstante hacen echar de menos la experimentación. Pero en ocasiones hay proyectos que se saltan a la torera los convencionalismos, y que lejos de buscar el reconocimiento fácil y el aburguesamiento, exploran nuevas historias y maneras de hacer cine. La saga de Mad Max es un ejemplo interesante, ya que pasó de ser una película de bajo presupuesto a dar pie a una saga de acción-ciencia ficción exitosa y querida, que exploraremos a continuación. Habrá spoilers, por lo que el autor del artículo no se hace responsable de enfados por haber revelado detalles de la trama. Avisado queda.

Mad Max: Salvajes de autopista (1979)

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Fuente: fr.metrotime.be

“¡Nací con un volante en la mano, y con plomo en los pies! ¡Soy el jinete nocturno que nunca volverá! ¡Un tanque de gasolina suicida!”

Finales de los años 70: un médico australiano que responde al nombre de George Miller ahorra unos 350.000 dólares trabajando en urgencias, y junto a su amigo Byron Kennedy y el guionista James McCausland van dándole forma a un proyecto cinematográfico ambicioso, una película pos-apocalíptica inspirada en la película A boy and his dog (L. Q. Jones, 1975), y en los efectos de la crisis del petróleo de 1973 en los motoristas del país: “George y yo escribimos el guión basado en la tesis de que la gente haría casi cualquier cosa para mantener los vehículos en movimiento”, relató McCausland en un diario australiano. No hay que olvidar el miedo latente al fin del mundo, el apocalipsis nuclear, el fin de la civilización y demás preocupaciones propias de la Guerra Fría.

El proyecto sale adelante, y se realiza el pertinente casting. Un jovencito se presenta, tras participar en la serie de TV The Sullivans (1979), y haber debutado en la pantalla grande con Summer City (Christopher Fraser, 1977). Cuenta la leyenda que la noche anterior tuvo una trifulca de bar, y por ello se presentó a la prueba con el rostro lleno de moratones, un aspecto lamentable que era exactamente lo que Miller buscaba para su protagonista. Comenzaba la larga, interesante y polémica carrera de Mel Gibson.

La historia de Mad Max es, en última instancia, un wéstern futurista. Hay bandas de forajidos atemorizando a pueblos enteros, tipos duros intentando aplicar la ley, venganza y redención, etc. Sólo falta sustituir a los cuatreros por motoristas, los caballos por coches con motor V8, y los desiertos del far west por una Australia futura en la que el combustible y la autoridad escasean. Un medio hostil y violento, una sociedad que se desmorona poco a poco, donde las bandas y los bronces (policías) libran batallas a toda velocidad y con un ritmo desenfrenado. Max Rockatansky quiere evitar el verse arrastrado por esa espiral de locura, ya que teme convertirse en que aquellos a los que combate: pero cuando los motoristas liderados por Cortadedos acaban con la vida de su esposa e hijo (el culmen de una larga saga de violencia iniciada por la muerte del pandillero Jinete Nocturno, en la que Max estuvo implicado) Max saca su escopeta y su V8, para acabar con sus enemigos, vengar a su familia y aceptar su destino: ser un salvaje de la carretera.

Fue un rodaje algo accidentado. En las escenas de acción (carreras, persecuciones y topetazos varios) se reutilizaban los coches pintándolos de nuevo, y el mismo Miller tuvo que ceder su camioneta para una escena, por cuestiones pecuniarias; un 20% de las escenas programadas no pudieron llevarse a cabo por el limitado presupuesto. Algunas tuvieron que rodarse casi a escondidas por carecer de permisos para grabar. Los motoristas que participaban como extras tenían que llevar una carta en la que se explicaba que estaban participando en un rodaje, y ahorrarse así problemas con la policía. Hay una leyenda urbana que dice que incluso un hombre murió durante una toma.

Pero tanto esfuerzo tuvo su recompensa. A pesar de la discreta taquilla estadounidense (8 millones de dólares), la película logró a nivel global 100 millones de recaudación, lo que la convirtió en una de las películas más rentables de la historia del cine. La Australian Academy of Cinema and Television Arts Awards (los premios AACTA) reconocieron al film con siete nominaciones, llevándose Mejor Sonido, Montaje y BSO. Y más allá de los premios y de la taquilla, la película adquirió un status de culto, perviviendo en el tiempo por generaciones de cinéfilos interesados en el génesis de la historia de Max.

Mad Max 2: El guerrero de la carretera  (1981)

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Fuente: cincodays.com

“¡Saludos de Humungus, nuestro amo! ¡El guerrero del desierto! ¡El ayatolá del rock’n’roll!”

Miller en principio no estaba interesado en una secuela de Salvajes de autopista, pero tras trabajar con Terry Hayes en otro proyecto (que finalmente no llegó a buen puerto) se decidió por volver a las andanzas del loco Max, con la ayuda de Brian Hannant como co-guionista, y tanto las películas de Akira Kurosawa como el ensayo de Joseph Campbell El héroe de las mil caras como referencias. Con unos cuantos millones más de presupuesto, el rodaje de la película batió dos récords: el set más caro jamás usado en el cine australiano, y la mayor explosión rodada en un film nacional. Además, es la favorita de Mel Gibson y de la mayoría de fans… al menos hasta 2015.

El concepto se pule, el universo se expande: con un montaje en blanco y negro que incluye plataformas petrolíferas, explosiones, desembarco de soldados y disturbios urbanos, un narrador nos explica que el mundo cayó en una aparente III Guerra Mundial, que sumada a la falta de recursos provocó que la civilización cayese en la anarquía y se derrumbase. Ya no es una sociedad en decadencia, sino que no hay sociedad en absoluto. Ya no son bandas de malhechores, sino tribus con líderes y conflictos. Ni siquiera Max es el mismo, puesto que dejó de ser un guardián de la ley para metamorfosear en un saqueador más.

Y en este punto empieza la historia. Nuestro ex-bronce, acompañado por un perro y un tipo amante de las serpientes y los autogiros, se ve envuelto en una reyerta entre un grupo atrincherado en una explotación petrolífera fortificada liderado por Papagallo, y los  carroñeros de estética punk encabezados por el siniestro Lord Humungus. Con la promesa de tener preciada gasolina, Max les consigue a los de la explotación un camión lo suficientemente grande para trasladar el combustible y abandonar el lugar, pero el asedio de los saqueadores motorizados es duro, y se libran persecuciones a toda velocidad por sobrevivir. Gracias a su ayuda, la tribu consigue dejar atrás a sus enemigos, y nuestro héroe pasa a formar parte de su memoria, como un guerrero de la carretera que les salvó en su momento más delicado. Un héroe que permanecerá en su retina durante mucho, mucho tiempo.

,Mad Max: más allá de la Cúpula del Trueno (1985)

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Fuente: collider.com

“Recordad dónde estáis: es la Cúpula del Trueno. La muerte os escucha, y se llevará al primer hombre que grite.”

En realidad el principal artífice de esta tercera parte había sido Byron Kennedy, viejo amigo de Miller y productor de las dos primeras de la saga. Pero su muerte en 1983 por un accidente de helicóptero afectó al proyecto. Miller lo continuó, a pesar de que no quería en un principio una nueva aventura de Max, y con la ayuda de George Ogilvie dio forma a Beyond Thunderdome: la película del universo “madmaxiano” con peor puntuación en las webs FilmAffinity, Rotten Tomatoes e Imdb, la oveja negra de la familia. Lo cual no deja de ser curioso, ya que fue nominada a un Globo de Oro (a Mejor Canción), contaba con una estrella internacional en el reparto (la cantante Tina Turner), y ahondaba más en el drama en detrimento de la acción desenfrenada de las dos primeras. Teniendo en cuenta que fue Ogilvie quien se encargó de la parte dramática de la película, y Miller de la acción, podríamos decir que este film es un extraño híbrido, en el que la historia no termina de cuajar, y la batalla en la Cúpula del Trueno y la persecución del final saben a poco.

La sociedad ha muerto, viva la sociedad: de las ruinas del páramo se ha levantado la Negociudad, centro de intercambio de bienes y servicios, al que se dirige Max para recuperar una caravana de camellos. De nuevo se ve envuelto en un conflicto, esta vez entre dos facciones que luchan por el poder de la ciudad: Tía Ama (Turner), la cara visible, una especie de líder despiadada, y Maestro-Golpeador, una curiosa unión entre una persona pequeña y un gigantón que controla el suministro de energía de la urbe. Max recibe el encargo de matar a Maestro-Golpeador, y participa en el que probablemente sea el mejor método de resolución de conflictos de todos los tiempos, la Cúpula del Trueno. Su  funcionamiento, como nos recuerdan jocosamente los espectadores, se resume en la máxima “Dos entran, uno sale”.

Pero Max falla, y es expulsado de Negociudad para que muera en el desierto. En su lugar encuentra una tribu de niños perdidos, que le ven como una figura mesiánica (“el Capitán Walker”) que les llevará a una Tierra Prometida (el Mundo de Mañana-Mañana). La inclusión de este elemento es uno de los puntos más escamosos de la película, pero la verdad es que explora la formación de nuevas cosmogonías y mitologías tras el mundo derrumbado. Hacia el final, ese grupo de niños es llevado hacia las ruinas del antiguo Sídney, con la ayuda del guerrero de la carretera. Muchos años después esos niños, ya adultos, narran a las nuevas generaciones la historia. Max se ha convertido en un mito, en una leyenda del mundo que ha surgido de las cenizas del yermo. También podríamos hablar de cómo la tendencia de las dos películas anteriores, en las que lo “salvaje” quiere atacar a lo “civilizado”, se ve alterada en la tercera parte, ya que la sociedad liderada por Tía Ama ataca a Max y a la tribu de los niños salvajes en determinado punto de la trama.

Mad Max: Furia en la carretera (2015) 

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Fuente: fr.metrotime.be

“Si voy a morir, haré historia en la carretera.”

En 1998 George Miller retomó la idea de volver al páramo, aunque algunos problemillas retrasaron el rodaje hasta 2012: los efectos negativos del 11-S sobre el dólar australiano, la muerte del posible nuevo Max (Heath Legder), etc. Incluso se planteó hacer la película en animación, al estilo de la famosa Akira, pero finalmente la cuarta película de la saga salió adelante en live action, con Tom Hardy cogiendo el testigo a Mel Gibson.

El rodaje en Namibia fue, como ya es tradición en Mad Max, duro: 120 días, 150 especialistas trabajando, y uso intensivo de coches para persecuciones y choques, usando los mínimos efectos especiales (según Miller, hasta un 90% de los efectos eran prácticos). Hay una interesante leyenda que dice que Miller fue a Los Ángeles con un montaje provisional con tres cuartas partes de la película terminadas, y que volvió con la promesa del dinero que faltaba para acabarla.

Un argumento simple pero efectivo: una persecución a toda velocidad. Lo que hizo famosa a la saga, pero elevado a la séptima potencia. El Max del siglo XXI es callado, y pierde protagonismo ante el gran personaje de la película, Imperator Furiosa (Charlize Theron). Los dos ayudan a un grupo de mujeres, ex-concubinas/esposas del cacique deificado Immortan Joe, que no duda en reunir a su ejército de War Boys para recuperarlas. En las anteriores películas lo que era objeto de deseo era la gasolina, los recursos. Aquí son las personas, en concreto las mujeres.

Porque podríamos hablar de muchas cosas; del simbolismo del agua, la sangre y la leche materna; de la conformación de nuevos modelos de sociedad totalmente diferentes a los previos al Apocalipsis nuclear, uno basado en castas de las que sólo una reina (en este caso, rey) tiene posibilidades de reproducción; o del tipo que lleva una guitarra que expulsa fuego; pero lo más interesante de lo que se ha hablado son de las mujeres. Y es que Mad Max le ha dado una bofetada a ciertas sagas de acción que comúnmente usan a personajes femeninos como un escaparate, en vez de construir identidades sólidas e interesantes. En el caso de esta película no sólo está el caso de Furiosa, que se come el protagonismo, sino también las esposas de Immortan Joe, cada una con una personalidad e intereses distintos, pero unidas por su deseo de libertad; y no hablemos ya de las Vuvalini, las motoristas guerreras. Fíjense si tiene peso lo femenino, que una web de “Activistas por los derechos de los hombres” llamó al boicot de esta película, tachándola de “pieza de propaganda feminista”. Antes de los 376 millones de euros en ganancias, 6 Óscar y 4 BAFTAS, claro.

Así pues, Fury Road pasa sin problemas el Test de Bechdel* y sale a la luz en una época donde el feminismo y los movimientos por los derechos de las mujeres están más vivos que nunca, en la que la sociedad está intentando amoldarse a las nuevas mentalidades. Hollywood no se libra de esto, y las polémicas respecto a las diferencias salariales y la discriminación por edadpeso o vestuario han salido a la platea, y denunciadas por artistas de renombre como Patricia Arquette, Emma Watson o Jennifer Lawrence.

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Fuente: fr.metrotime.be

La saga de Mad Max, independientemente de su valor cinematográfico, es indudable que ha creado un estilo y una identidad propias: dio pie a todo un subgénero de películas post-apocalípticas, algunas muy inspiradas en la obra de Miller, como Año 225 después del Apocalipsis (Bruno Mattei y Claudio Fragasso, 1984), 1990: Los guerreros del Bronx (Enzo G. Castellani, 1982) o Un semental en Frogtown (Donald G. Jackson y R. J. Kizer, 1988); también inspiró en la estética de otras muchas, como Mensajero del futuro (Kevin Costner, 1997) o Waterworld (Kevin Reynolds, 1995); e incluso trascendió a su medio, ya que la saga de videojuegos Fallout tiene en esta saga una referencia de importancia. En general, la concepción del futuro como un yermo en el que el salvaje oeste volvía en autos desvencijados y remachados, conducidos por dementes y héroes silenciosos, se la debemos a Mad Max.

Parece ser que como mínimo George Miller nos regalará dos secuelas más de la multipremiada última entrega, por lo que el universo de la saga seguirá expandiéndose en los siguientes años. Mad Max ha sabido evolucionar, crecer en calidad para satisfacer a un público cada vez más exigente, que desea más acción, más bólidos destrozados, más ritmo frenético, más locura y más cuero. Conduciremos eternamente, relucientes y cromados, por las carreteras del Valhalla muchos años más. O eso esperamos.

 

*El Test de Bechdel  (o Bechdel/Wallace) es un sistema descrito por primera vez en una tira cómica de Alison Bechdel en 1985, que sirve para identificar y evaluar la presencia femenina en diversas producciones, normalmente cinematográficas. Se basa en tres principios: a) Debe de haber como mínimo dos mujeres en esa película, b) dichas mujeres tienen que hablar entre ellas, y c) el tema del que hablen no ha de ser sobre hombres. Algunas recientes que no pasan el test: Deadpool (Tim Miller, 2016), El Gran Hotel Budapest (Wes Anderson, 2014), Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), El Renacido (Alejandro G. Iñárritu, 2015), etc.

BIBLIOGRAFÍA

-SCHNEIDER, Steven Jay, 1001 Películas que hay que ver antes de morir. Grijalbo, China, 2011.

-VVAA, Jot Down 100 Ciencia Ficción. Jot Down Books, 2015.

Páginas web

http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-2041/secretos/

http://universodecienciaficcion.blogspot.com.es/2014/06/1981-mad-max-2-el-guerrero-de-la.html

http://bechdeltest.com/

http://www.couriermail.com.au/business/scientists-warnings-unheeded/story-e6freqmx-1111112631991

http://www.batanga.com/cine/9961/14-fascinantes-datos-sobre-la-trilogia-original-de-mad-max-1979-1985

http://www.businessinsider.com/all-the-amazing-visuals-from-the-latest-mad-max-fury-road-trailer-and-what-they-might-mean-2015-4?IR=T

Cinerama Presents: It´s a Cult – Mad Max 2: El Guerrero de la Carretera

http://www.xataka.com/ciencia-ficcion/mad-max-furia-en-la-carretera-para-no-creersela

http://es.ign.com/movies/93455/feature/saga-mad-max-las-mejores-curiosidades-y-anecdotas

http://www.canaltnt.es/blog/10-cosas-que-deber%C3%ADas-saber-sobre-la-trilog%C3%ADa-de-mad-max-19117

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