PODER Y RESISTENCIA ARTÍSTICO-MUSICAL: CHILE.

PODER – AUTORIDAD – RESISTENCIA.

La definición más básica del concepto de Poder, a la hora de tratar de sintetizar conceptos, sería la de la capacidad de imponer una determinada voluntad sobre otra; en parte, base del estatus político. El poder, ejercicio de control, suele imponerse a una variable y voluble resistencia mediante medidas que encierran violencia, coerción y manipulación a través de la posesión de la fuerza. Max Weber lo resumiría como la capacidad de influir en el comportamiento de otros, manipulando sus perspectivas previas. Para los marxistas, no sería más que una superestructura impuesta por las relaciones que se establecen en el nivel económico de la infraestructura. M.Foucault, en cambio, postularía la tesis de que el poder no se tiene, sino que se ejerce; es algo presente en todo tipo de relaciones humanas: amistad, familiar, escolar… Es un juego entre fuerzas que se provocan, una negociación entre movimientos de acción y movimientos de reacción.

Deberíamos distanciar las posibles definiciones que podemos tener del concepto de poder de las del concepto de Autoridad. Ésta sería el uso socialmente sancionado de poder, la porción aceptada y aprobada socialmente a modo de concesión. El otorgarla siempre debería ir en función del estatus social o de la reputación moral del que la recibe, no de cuestiones de carácter monetario o intelectual.

Siendo así, no deberíamos olvidarnos del concepto de Resistencia, parte fundamental y necesaria en toda relación de poder. Para que tal interacción se establezca, es necesaria la existencia de personajes antagónicos que mantengan una relación de absoluto desequilibrio. No debemos pensar en una oposición directa o totalmente visible, sino que tenemos que estar abiertos a múltiples posibilidades; sin duda, lo más importante es que los individuos que practiquen la resistencia tengan la capacidad necesaria para hacerlo. A priori, podremos diferenciar entre dos tipos de relaciones: la transcripción pública (visualización en un escenario público y accesible de las interacciones desproporcionadas entre dominadores y subordinados) y la transcripción oculta (desavenencias comentadas en un entorno privado).

Por otro lado, también podemos identificar diferentes tipologías como la resistencia activa, tendencia que implica actos deliberados y de corte violento o activo (dando por supuesta una mínima organización) a fin de derribar al poder. Dentro de esta línea de corte activo deberíamos distinguir entre resistencia real (organizada, sistemática, operativa, directa, formada a partir del rechazo a cualquier tipo de dominación) y entre resistencia secundaria (desorganizada, asistemática, individual, operativa y oportunista). Por otro lado, la existencia de una estrategia activa implica la existencia de una resistencia pasiva, aquella que también realiza actos para socavar el poder pero desde posturas menos directas como las huelgas y la no colaboración ciudadana. Por lo tanto, hay dos posturas: desde la puesta en práctica de acciones directas, a la desobediencia civil.

Durante el resto del artículo, trataremos de otorgar los roles anteriormente desarrollados a diversas personalidades o instituciones en un escenario geográfico y temporal concreto. Nuestro ejemplo o muestra será el cambio entre el mandato presidencial de S. Allende y el golpe de estado de A. Pinochet en el Chile del 73. En este caso, nos encontraremos con pocas dudas a la hora de otorgar los papeles a los diferentes actores con los que contamos. Se podría afirmar que Salvador Allende representa la Autoridad (cumpliendo su papel como máximo responsable del respeto a la soberanía nacional, tarea encomendada a su persona), que Víctor Jara representa la Resistencia artístico-musical (resistencia desde la muerte, sus letras y canciones parecen anticiparse y responder a inquietudes de tiempos futuros), y que Augusto Pinochet representa el Poder (poder militar, máximo responsable del ejercicio de la fuerza que impone su voluntad sobre un cargo democráticamente elegido que representa a la mayoría social). Profundicemos en cada uno de ellos:

Palacio de la Moneda

Salvador Allende Gossens (1908 – 1973) fue un político y médico chileno nacido en el seno de una familia acomodada, fundador del Partido Socialista en 1933 y Presidente de Chile desde 1970 hasta el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 (coincidiendo con la fecha de su muerte).

Lo que realmente nos interesa, más allá de sus aproximadamente 30 años en la escena política, son las elecciones presidenciales de 1970, caracterizadas por la gran fragmentación política y por la numerosa y dispar oferta de sociedades que cada grupo político ofrecía. Allende, líder de Unión Popular, gana con una minoría simple (36,3% de los votos) que le convierte en dependiente absoluto del apoyo de Democracia Cristiana en el nombramiento presidencial. A pesar de desempeñar el papel de autoridad, resulta totalmente rechazado y atacado en el Parlamento, cuya gran mayoría estaba formada por diputados cuyos valores eran de gusto y corte tradicional y cristiano. La oposición también se dejaba ver en la calle, donde comandos de ultraderecha se encargaban desde el sabotaje de infraestructuras hasta el asesinato de personalidades como René Schneider, Comandante en Jefe del Ejército y partidario de la subordinación del poder militar al poder civil.

El enfrentamiento no debilitó sus apoyos en el seno de la izquierda, sino que propició una radicalización de sus posturas y posiciones, sucediéndose enfrentamientos reales y abiertos como si de una escenificación práctica de una lucha de clases se tratase. No obstante, no debemos olvidar que Salvador Allende contaba con el apoyo de la mayoría de la ciudadanía, al menos al principio del mandato, consciente de que todas sus medidas iban orientadas a revertir la precaria situación en la que ésta se encontraba. Lo que sí queda claro es que Allende trabajó para la construcción de una sociedad chilena socialista, proyecto conocido como “Vía Chilena al Socialismo“. Por ello no debemos sorprendernos cuando todo el Bloque Comunista (hablamos de la URSS, de Cuba, o incluso de los Países no Alineados) apoya tal proyecto con ayuda tanto logística como humana (ingenieros, únicamente civiles).

Es de sobra conocido su triste final, atrincherado en el Palacio de la Moneda, defendiendo la soberanía otorgada por el pueblo chileno prácticamente en soledad absoluta frente a tanques y militares. Oficialmente, su muerte apunta a un suicidio; como dice Víctor Jara en una de sus canciones: “Patria o Muerte”. Lo que está claro es que este hecho fue el detonante para la trascendencia de su figura, para la evolución entre el aura de héroe y el de mártir. En definitiva, Allende como representación máxima de la voluntad popular, ostentando el poder recibido constitucionalmente por el pueblo chileno hasta sus últimas instancias.

Allende 2

Víctor Jara (1932 – 1973), por su parte, fue un cantautor y director de teatro chileno; podríamos postularlo como una de las mayores personalidades culturales asociadas a la resistencia artístico-musical. Su formación musical bebe, principalmente, de dos fuentes: todo el repertorio que le transmite su madre hasta su muerte a los 15 años, y toda la formación que adquiere en el Seminario Redentorista de San Bernardo (órgano, canto gregoriano, dirección coral, y composición musical).

Su formación universitaria se orientará al mundo del teatro, resultando acogido bajo el manto de Violeta Parra durante 1957 y 1960. Tras su graduación, inicia una carrera profesional que le llevará a obtener un reconocimiento profesional tanto nacional como internacional, llegando a formar parte del directorio de la misma institución en la que se formó. Sin embargo, a partir de los 70 todo cambia; pasa de centrar su actividad en el mundo del teatro a dedicarse por entero a la producción musical (renunciando a una carrera exitosa). Desde 1971 se dedica a realizar tours culturales tanto por Chile como por el resto de América Latina, ejerciendo la función de embajador cultural del gobierno socialista de S.Allende; se gesta de esta forma la asociación entre ambos. Actuó como un activista político presente en la izquierda chilena, por lo que gran parte de su producción musical fue destinada a reforzar tales posiciones políticas (canciones de corte popular dirigidas a las grandes masas integradas por estudiantes y trabajadores).

Tras el Golpe de Estado Militar del 11 de septiembre de 1973, se encerró en la Universidad de Santiago de Chile junto a otros, en un intento desesperado de resistir a la fuerza militar. Sin embargo, era un combate totalmente desequilibrado y los militares tomaron el edificio encarcelando a la resistencia en el, hoy en día, Estadio Victor Jara. Tan solo cinco días después, fue ejecutado por el sistema incipiente que, ya para entonces, encabezaba A. Pinochet. Jara se convierte en otro mártir más, ofrece su vida al servicio de una causa en la que estaba implicado tanto a nivel personal como público.

Su caso es paradójico, ya que el no hace ningún tipo de resistencia contemporánea o simultánea respecto al régimen militar: estaba muerto cuando éste se desarrolla. Pero, en cambio, práctica la oposición más firme de todas: la realizada desde la muerte. Era imposible impedir su propagación, la decisión precipitada de matarlo impedía cualquier tipo de coerción (no había un castigo mayor). Lo que cantó en su momento no podía estar más de actualidad; fue un clavo indestructible al que gran parte de la población se agarró: su eco retumbaba. Su muerte ayudó a la consolidación de una sublimación de su imagen y de su propio corpus operístico; su relevancia también ayudó a establecer el paradigma del cantautor latinoamericano.

Respecto a lo estrictamente musical, sus canciones apuestan por una mezcla entre el sabor arcaico de las viejas modalidades tradicionales chilenas y las melodías aparentemente simples construídas sobre fórmulas armónicas simples. Con conocimiento de las técnicas clásicas de la guitarra, la subordina a la transmisión de un mensaje directo y sin abuso de fórmulas retóricas. Sus canciones tienen como objeto y destinatario tanto al pueblo como a los problemas que trastocan su día a día. ¿Qué consigue con esto? Que su mensaje supere las fronteras chilenas y que se convierta en algo atribuíble a cualquier grupo humano en cualquier ubicación geográfica , siempre y cuando luche contra cualquier ideología hegemónica (resulta interesante analizar su repercusión en la España de la Transición).

Jara 3

El Gobierno de Allende, desde principios de los 70, se encuentra con un gran problema: la fuerte crisis económica que azota el país. Los afectados y los descontentos con las medidas de Unión Popular tienen un perfil poco bastante diferenciados: encontramos desde grandes propietarios y poseedores de la tierra, a una porción relevante del sector sindical y estudiantil. Como adelantamos anteriormente, son tres años marcados por la gran politización de la sociedad en conjunto, caso del ejército (dentro del consejo de ministros a partir de las revueltas sociales) o caso del Tribunal Supremo (sanciona el poder ejecutivo al acusarle de no respetar ni las leyes ni la Constitución). Es en este momento cuando el ejército toma consciencia de su propio potencial, y semeja que se topa con el poder prácticamente sin buscarlo, como si cayese en sus manos por arte de magia. La violencia que caracteriza el inicio de este régimen no tiene justificación alguna; fue aplicada indiscriminadamente contra un ejército comunista inexistente y fantasma (el denominado Plan Zeta). Únicamente el Movimiento de Izquierda Revolucionario sería capaz de resistir en el exterior.

Si intentásemos definir el nuevo sistema en el que se sumege Chile, deberíamos mención de tanto una identidad coercitiva como una identidad económica, o una identidad personalista. La identidad coercitiva sería el eufemismo empleamos al hablar del clima de violencia, del Estado Policial, o incluso de la Guerra Interna (denominación golpista para justificar la brutal represión). Miles de personas fueron detenidas en industrias, universidades o en sus casas; posteriormente torturadas y asesinadas. A la hora de intentar establecer un perfil sociológico común entre las víctimas surgen rasgos como: hombres menores de treinta años, campesinos y trabajadores, militantes o simpatizantes de partidos de izquierda (Partido Comunista, Partido Socialista, Movimiento de Izquierda Revolucionaria…). También se sabe de la existencia de pseudo campos de concentración controlados por la Marina a los que, por ejemplo, se enviaron a los ministros socialistas salientes. A partir de los datos, se podría comentar que el Estado militar supuso aproximadamente 3.200 personas ejecutadas (más de la mitad durante el primer año), 5.000 personas al amparo de organismos internacionales y embajadas, y 450.000 personas condenadas a un exilio voluntario o involuntario.

La identidad ecónomica del régimen militar es de vital importancia; debemos dar una evidente relevancia a las reformas ecónomicas que contribuyeron a superar la crisis económica en la que estaba inmersa el gobierno de Unidad Popular. Pinochet se apoyo en un grupo tecnócrata de tendencia neoliberal cuya denominación era la de Chicago Boys; fue inteligente y supo delegar (aunque en cierta forma, Chile se convirtió en un campo de experimentación económica al servicio del FMI). La aparente mejora sirvió a Pinochet como baluarte y resultado a presentar ante la opinión pública, basándose en la consecución de objetivos como la caída de la inflación, un aumento en exportaciones y del crecimiento económico nacional, o en un mayor equilibrio fiscal. Todo ello lo logró a partir de una capitalización del sistema realizada a partir de la privatización de sectores como el sanitario, la salida estatal respecto a la intervención pública en centenares de empresas, la apertura nacional al mundo económico internacional (pérdida de soberanía incluída) o mediante la eliminación de un sistema de control de precios. Pinochet aboga por abandonar una economía planificada.Pinochet 1

No obstante, el gran factor que permitió el desarrollo de todo este proyecto nacional fue la identidad personalista representada en su figura (asumió con sus tentáculos el absoluto control). Gobernó, sin elecciones presidenciales de por medio, desde 1973 a 1990 (compaginando la dirección del Gobierno con la promulgación de leyes), pasaría a ser Comandante en Jefe del Ejército hasta 1998, y por último actuaría como un senador vitalicio concienciado con la delicada tarea de “vigilar la democracia” que tanto había cuidado en tiempos pretéritos. Su gran talento fue tanto engatusar a la población mediante un discurso simple y directo, como ser el aglutinante imprescindible en la cúspide de tantas ramas jerárquicas desconectadas entre sí. Empastó lo irracional (empleo de la fuerza desproporcionado por parte del Ejército) con el carácter racional que profesaba la política económica impuesta por su grupo de tecnócratas. Pinochet también supo unir y cohesionar distintos grupos políticos como el Partido Conservador o Patria y Libertad (grupo de extrema derecha) dentro del Gobierno bajo ideas como la defensa de los valores tradicionales ante el “tumor marxista”.

Recordemos que hasta que la corte suprema lo desaforó en el año 2000 (su condición de senador vitalicio dificultaba la situación), no pudo ser detenido y procesado por violaciones de los derechos humanos; recordemos que es el juez Baltasor quien abre la causa en España por la cual se le detiene en Inglaterra, rompiendo así esa quinesfera de intocabilidad).

Protestas

Lo cierto es que, a pesar del impacto inmediato y directo que puede tener cualquier acción de resistencia armada individual, poco tiene que hacer frente a una resistencia artístico-musical protagonizada, de idéntica forma, por un único individuo. No se debe caer en el fallo de juzgar, discriminar o minusvalorar cualquier tipo de entrega, ya que cada una de ellas representa un acto de valentía y coherencia con uno mismo y con todo lo que le rodea. Sin embargo, es necesario quitarse la venda de los ojos y valorar el papel y la trascendencia del artista y del intelectual frente a fuerzas hegemónicass. El potencial de comunicador masivo, más allá de posibles y variadas consideraciones en función del mensaje y forma, es lo que dota a esta vía de una gran importancia. Los ecos del lápiz, los ecos de una grabación, los ecos de un lienzo, son incallables; el privilegio que supone el ser escuchado es trascendental. En vida o en muerte, censurados o “permitidos”, el arte siempre debería caminar por delante del fusil y el casco.

BIBLIOGRAFÍA DE INTERÉS

DÉLANO, Manuel, “La muerte lenta de Víctor Jara”, El País, publicado el 5 de diciembre de 2009. Enlace en: http://cultura.elpais.com/cultura/2009/12/05/actualidad/1259967604_850215.html

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