Finlandia en la Segunda Guerra Mundial (I): Talvisota

El 1 de septiembre de 1939 Adolf Hitler culmina los meses de política exterior agresiva que llevaba practicando, y ataca Polonia tras un Pacto de No Agresión con la Unión Soviética. No será la última vez, puesto que la Alemania nazi ocupará Bélgica, Luxemburgo y Holanda (mayo de 1940), Dinamarca y Noruega (abril 1940), Francia (junio 1940), etc.  Su homólogo soviético tampoco se quedó atrás, y también tanteó ocupar militarmente a sus países vecinos. Pero hubo uno que resistió, uno que pudo aguantar al ejército rojo lo suficiente para que el resto del mundo admirase su tenacidad y arrojo frente a un enemigo superior: hablamos de Finlandia, y su Guerra de Invierno (talvisota, en finés).

voluntarios noruegos en norfinlandia

Voluntarios noruegos en el norte de Finlandia, 1940. Fuente: Wikimedia Commons.

La historia de Finlandia está estrechamente relacionada con sus dos vecinos más cercanos, Suecia y Rusia. Desde el siglo XII hubo presencia sueca en el territorio, colonizadores que ocuparon las costas occidental y meridional, suponían un 20% de la población, y controlaban las leyes, la administración, las mejores tierras y el comercio. De hecho, era el sueco el idioma de prestigio, mientras que el finés quedaba para el populacho hasta que en 1739 pudo usarse también en la administración. En 1809 el territorio será anexionado por Rusia, y nacerá el Gran Ducado de Finlandia, que vivirá tres períodos políticos: uno de autonomía (1809-1898), uno de rusificación (1899-1905), y finalmente uno de turbulencias que prepararía el terreno a la independencia (1905/07-1917). Fue en ese primer período cuando nació la conciencia nacional de Finlandia, fruto de los esfuerzos de numerosos intelectuales por recuperar los mitos y leyendas de la tradición oral finlandesa (destaca el Kalevala, de Elias Lönnrot). En el segundo surgieron las tensiones que protagonizarían la Dieta finlandesa (eduskunta), el pueblo del país y las autoridades rusas desde finales del siglo XIX, con medidas por parte del imperio como imponer el ruso como lengua administrativa o suspender el ejército finlandés, que fueron contestadas con innumerables quejas, atentados terroristas y acción política de los “jóvenes finlandeses” y de los socialdemócratas, hasta que el 6 de diciembre de 1917 se proclamó la independencia de Finlandia tras la Revolución bolchevique y el Tratado de Brest-Litvosk.

Poco después empeoraron los enfrentamientos internos entre los “rojos” socialdemócratas y los “blancos” conservadores, que se tradujeron en una breve pero violenta guerra civil que duró de enero a mayo de 1918: los rojos controlaban la industria y la mayoría de ciudades importantes (incluyendo Helsinki) y recibían apoyos de la URSS, mientras que los blancos (liderados por Carl Mannerheim, del que hablaremos más adelante) se atrincheraron en el norte, pero estaban mejor organizados y pertrechados, y estaban ayudados por el II Reich, que incluso mandó tropas expedicionarias hacia el final de la guerra. La victoria fue para los blancos, y tras un período de represión (encarcelamientos, ilegalización del Partido Comunista Finlandés, “terror blanco”) estuvieron a punto de elegir un monarca alemán, pero con la derrota del Reich en la I Guerra Mundial se optó por la república, y se celebraron elecciones democráticas en 1919. Finlandia pasó a formar parte del “cordón sanitario” que se formó alrededor del recién creado estado soviético, gracias al principio de autodeterminación presente en los 14 puntos de Wilson (las elecciones democráticas fue una condición que puso la Entente para reconocer su independencia).

100770_092_2

Europa de entreguerras (1920). Fuente: diercke.de

Avancemos hasta la década de los 30. La extrema derecha finlandesa había alcanzado una gran influencia, gozaba de cierta libertad para actuar por las garantías constitucionales, y fue capaz incluso de influir en la elección de un presidente de la república (la de Pehr E. Svinhufvud, para ser exactos), y probablemente hubiera obtenido más de no ser por la unión entre las diferentes fuerzas que sufrieron sus ataques violentos, entre las que se encontraban los sindicatos, los socialdemócratas y la minoría sueca, que apuntalaron su fracaso y reforzaron su aislamiento. No obstante, eso fue suficiente para alimentar las inquietudes de la Unión Soviética hacia su vecino, que era prácticamente la puerta de entrada para atacar su territorio, además con la importante ciudad de Leningrado tan cerca. Si a esto le sumamos el tradicional acercamiento de Finlandia a Alemania (Mannerheim visitó a Goering para participar en una partida de caza en 1935, y un escuadrón alemán visitó Helsinki en 1937), quizá se pueda explicar ese deseo de la URSS de intervenir en la región.

Por otro lado, también los finlandeses recelaban de sus vecinos: no habían querido unirse al Plan de Seguridad Colectivo para la Europa Oriental en 1933, no vieron con muy buenos ojos la entrada de la Unión en la Sociedad de Naciones, el peso de siglos de dominio ruso estaba ahí (especialmente peliaguda era el conflicto por la región de Carelia), y además los soviéticos habían presionado a las repúblicas bálticas para que firmasen Tratados de  Ayuda Mutua y permitiesen la instalación de bases militares, y muy posiblemente Finlandia fuese a ser la siguiente. La política exterior soviética respecto a sus vecinos puede apreciarse en el primer punto del Protocolo Secreto del Pacto de No Agresión germano-ruso de 1939:

“En el caso de un reacondicionamiento territorial y político en las áreas pertenecientes a los Estados Bálticos (Finlandia, Estonia, Latvia Lituania), la frontera norte de Lituania representarán los límites de la esfera de influencia de Alemania y de la URSS. En relación con esto, el interés de Lituania en el área del Vilna es reconocida por cada parte.”

Un ciclo de conversaciones diplomáticas entre los años 1937 y 1939 fue un fracaso, tanto por la parte soviética como por la finlandesa, en las que se denegaron peticiones y demandas territoriales (que para algunos sectores del gobierno finés eran incluso aceptables, y preferibles a un conflicto armado) que terminaron abruptamente. Muchos finlandeses veían en esos acuerdos la vía para reducirse a la situación de las repúblicas bálticas, y confiaban en la ayuda de los occidentales o de sus vecinos de la Escandinavia (inútil, ya que Suecia había avisado de que no les ayudarían en caso de guerra). La última oportunidad para llegar a un acuerdo fue en octubre de 1939, pero fue un fracaso más. La guerra estaba a un paso.

El casus belli utilizado por la URSS para la declaración de guerra tuvo que ver con el incidente de Mainila (26/11/1939). La fecha es importante: en agosto del mismo año la URSS había firmado con el Tercer Reich el pacto Ribbentrop-Molotov, en septiembre invadía la parte oriental de Polonia en perfecta coordinación con el III Reich y en octubre los soldados soviéticos ya marchaban sobre las repúblicas bálticas. Solo faltaba una pieza del tablero: Finlandia. Retomando el incidente de Mainila, se trató de un ataque de falsa bandera protagonizado por agentes especiales del NKVD. Los finlandeses negaron toda responsabilidad, de hecho Mannerheim había retirado sus fuerzas de la zona para ahorrarse problemas de este tipo. Para más inri, eran los soviéticos los que estaban preparando la invasión de Finlandia tal y como demuestran las acumulaciones de tropas en la frontera finesa. Finlandia no tenía ningún interés en empezar una guerra contra la URSS, una guerra que teóricamente era imposible que ganasen.

El ejército finlandés tenía un tamaño muy pequeño que basó su estrategia en la defensa de la línea Mannerheim (los soviéticos, a raíz de su torpe avance, tendieron a exagerar las dimensiones y capacidades de esta línea defensiva, cuando en realidad era bastante precaria en la mayor parte del territorio que ocupaba), que cubría el istmo de Karelia. El soldado finlandés estaba muy acostumbrado a moverse por bosques, y ésta era la mejor forma de llevar a cabo emboscadas y acciones guerrilleras contra las lentas y torpes columnas soviéticas que avanzaban por los estrechos caminos sin apenas cobertura o reconocimiento previo. Cabe añadir que Finlandia era consciente de su debilidad frente a la URSS: no podían ganar, lo único que podían hacer era limitarse a entorpecer los ataques soviéticos y causarle el mayor número de bajas para obligar a Stalin a entablar negociaciones. Finlandia, desde el minuto uno, intentó recabar ayuda extranjera, entre la cual se encuadraron 8.000 voluntarios suecos, algo que el gobierno de este país no vio con muy buenos ojos, pues no quería verse implicado en el conflicto para evitar futuros problemas con la vecina URSS. Es importante el hecho de que Finlandia es invadida siendo ésta una democracia, una importante baza a jugar en el tablero internacional, así como también las denuncias por parte de las autoridades finesas a los indiscriminados ataques aéreos soviéticos sobre ciudades que no tenían ningún valor militar. Es tristemente famoso el ataque aéreo sobre Helsinki, durante los primeros días de la guerra, que se cobra la vida de 200 personas.

Morane-Saulnier..1

Morane-Saulnier MS.406. Este caza, de fabricación francesa, se trataba del aparato más avanzado con el que contaba la fuerza aérea finlandesa, la cual llegó a desarrollar su propia versión bajo licencia conocida como Mörkö-Morane. Pese a ello, los combates aéreos no tuvieron ningún papel destacable, pues de algo más de 100 días que duró la guerra, el clima solo permitió volar en torno a 20, algo que, sin duda favoreció a Finlandia al no contar con un arma aérea tan desarrollada. Resulta curiosa la escarapela utilizada por la fuerza aérea finesa. Pese a lo que pueda parecer, no guarda ninguna relación con el régimen nazi, el cual es 15 años posterior. El símbolo ya era utilizado con anterioridad por la aviación finesa (desde 1918-45) y se tenía como un símbolo de buena suerte. Tras la firma del armisticio con la URSS se abandonó por sus semejanzas con la esvástica del régimen nazi. Fuente de la imagen: Wikimedia Commons.

La incapacidad soviética para derrotar por las armas a un enemigo netamente inferior, tanto en número como en equipo, puede explicarse, en parte, por las purgas stalinistas que mermaron la oficialidad del ejército rojo. Los datos hablan por sí solos: 3/5 mariscales, 13/15 comandantes de ejército, 8/9 almirantes, 50/57 jefes de cuerpo de ejército, 154/186 jefes de división, 16/16 comisarios de ejército y 25/28 comisarios de cuerpo de ejército son solo algunos ejemplos. Con estas cifras se explica, en parte, la incapacidad táctica que padecieron los soviéticos (la cual se alargó, también, durante los primeros meses de la Operación Barbarroja). Se trataba de oficiales con amplios conocimientos e importantes responsabilidades que fueron relevados y sustituidos por gente de un escalafón mucho menor que no tenía las aptitudes y conocimientos suficientes para desempeñar las funciones que, de un día para otro, les asignaron.

Winterwar-december1939-soviet-attacks

Europa de entreguerras (1920). Fuente: diercke.de

El principal eje de avance soviético, y donde tendrán lugar los combates más importantes de toda la guerra, tiene lugar en la zona del istmo de Carelia y estuvo protagonizado por el VII Ejército (9 divisiones de infantería, un cuerpo de tanques y tres brigadas de tanques: unos 120.000 hombres en total) con el objetivo de copar la línea Mannerheim y capturar la ciudad de Viipuri (actual Víborg). Por el contrario, el lado finlandés estaba defendido por unos 20.000 hombres divididos en cuatro grupos. La superioridad numérica soviética tenía el problema de que para avanzar debería limitarse al uso de carreteras que eran muy susceptibles a sufrir emboscadas por parte de los finlandeses, que conocían el terreno a la perfección. El primer ataque soviético importante tiene lugar el 6 de diciembre en la región de Taipale (extremo este de la línea), donde una sola división finlandesa está haciendo frente a algo más de tres soviéticas. Destacan los combates el día de Navidad, donde los soviéticos sufren 2.000 bajas en 24 horas. Ante la tenaz resistencia finesa, los ataques soviéticos en este sector de la línea no lograrán los objetivos propuestos. Otro sector importante de la línea es el de Summa donde, tras las fallidas ofensivas de Taipale, los soviéticos deciden concentrarse aquí. La región es sometida a fuertes ataques artilleros y de aviación antes de pasar a la carga utilizando los carros de combate en vanguardia y la infantería a cubierto tras ellos. Así consiguen atravesar la línea finlandesa, pero la descoordinación que precede a los ataques soviéticos frustra el intento de mantener el territorio ocupado en manos soviéticas. Será en la zona de Summa, justo después de que los ataques soviéticos se estanquen, donde los finlandeses deciden pasar al contraataque, un contraataque que no estuvo falto de problemas: incomunicación, descoordinación, falta de tropas frescas, falta de establecimiento de límites geográficos claros, etc. Fue un total fracaso que terminó con 1.500 bajas en el lado finlandés. Tras esto el frente queda estabilizado y termina lo que sería una primera parte de la batalla por el istmo. Desde Moscú se decidirá un nuevo planteamiento estratégico para la guerra, pues estaba costando más de lo que a priori habían prometido los altos mandos del Ejército Rojo. Hablaremos del resto de frentes antes de meternos de lleno en la nueva ofensiva de 1940.

Otro eje diferente es el que ataca desde el norte del lago Ladoga (VIII Ejército), donde destacan los combates alrededor de la ciudad de Tolvajärvy. La intención de este ejército era atacar la línea Mannerheim desde retaguardia, la cual contaba con una posición ventajosa al tener ambos flancos cubiertos por el agua.

Finn_ski_troops

Tropas esquiadoras finlandesas, 1940. Fuente: Wikimedia Commons.

El sector del centro (IX Ejército) estaba dividido, a su vez, en cuatro ejes de ataque. Dentro de este sector destaca la ciudad de Suomussalmi, lugar de una de las batallas más famosas de toda la guerra, donde la 163ª división de fusileros (una unidad pobremente equipada y recién trasladada desde Ucrania), apoyada por la 44 ª división motorizada, se enfrentó a fuerzas finesas, con fatal resultado para los primeros: se estiman 30.000 bajas soviéticas, entre muertos (incluyendo también las bajas por congelación) y capturados, frente a algo más de 3.000 finlandeses. El objetivo soviético era continuar hacia la ciudad de Oulu, situada al norte del golfo de Botnia. Con la captura de esta ciudad conseguían cortar Finlandia en dos y desbaratar las líneas de suministro procedentes de Suecia. Dentro de este mismo frente destaca otro sector más al norte, protagonizado por la 88ª y 122ª divisiones de infantería soviéticas, con intención de capturar Kemijärvy, y desde ahí seguir por carretera hacia Rovaniemi, capital de gobernación del norte de Finlandia.

El último eje (XIV Ejército), el que ocupa una posición más septentrional, tenía por objetivo la captura del importante puerto de Pétsamo, misión encomendada a la 114ª división de infantería, que intentará tomar la posición atacando desde tierra y mar a la vez. Una vez cumplido el primer objetivo, el paso siguiente era dirigirse hacia al sur y capturar Nautsi. La proporción de fuerzas en esta zona (40-1 para los soviéticos) son buena prueba de cómo debieron de ser los combates dentro de las líneas finesas. En resumidas cuentas, éste fue un frente bastante secundario.

propaganda wikimedia

Propaganda soviética sobre la Guerra de Invierno. Fuente: Wikimedia Commons

La ofensiva, esta vez bajo el mando de Semión Timoshenko (el anterior mando, Borís Sháposhnikov, dimitiría a raíz de los desastres cosechados), se reanudaría en febrero (1940). El nuevo mando trajo consigo nuevas formas de “hacer la guerra” que nos han dejado algunos detalles interesantes. Como simple curiosidad, se cambió el grito de guerra: el ataque ya no va a ser “por Stalin” (Za Stalina), sino “por la madre patria” (Za Rodinu). Es curioso porque en la guerra contra Alemania hubo un auge del patriotismo en los carteles de propaganda y gritos de guerra soviéticos en detrimento de la ideología comunista o internacionalista dirigido desde el propio partido comunista. Otros detalles que se perfeccionaron fueron los planes estratégicos de las tropas, es decir, qué debían hacer una vez rebasada las defensas finesas para poder sacar provecho de la superioridad numérica y en equipo con la que los soviéticos contaban. Los detalles tácticos también se pulieron. Se hizo especial hincapié en el entrenamiento de la 123ª división, para la cual se llegaron a construir idénticas edificaciones defensivas utilizadas por los finlandeses con el fin de ensayar el ataque. También se mejoraron las técnicas artilleras, arma de excelencia del Ejército Rojo. Bastan estos datos: en las primeras 24 horas de la nueva ofensiva caen sobre las líneas finesas 300.000 proyectiles de algo más de 2500 cañones, lo que nos da una media de 12 cañones por km2.

La primera fase del ataque, que comienza el 1 de febrero, consistió en una serie de ataques a pequeña escala acompañados de potentes bombarderos artilleros con el fin de desgastar al máximo a los defensores fineses, tanto mental como físicamente. El 11 de febrero ya tendrán lugar ataques más generales en toda la línea de frente. Destaca una avanzadilla soviética que intenta rebasar la línea Mannerheim caminando sobre el hielo del Ladoga.

Los ataques prosiguen de forma continuada en el tiempo hasta que se produce la ruptura de la línea defensiva en torno al día 13. La resistencia finesa continuará, pero todas las cartas estaban sobre la mesa: el día 14 tiene lugar una reunión del alto mando finlandés ante la imposibilidad de detener los avances soviéticos. El 15 de febrero tiene lugar una retirada general de todo el frente de la línea Mannerheim con la intención de crear una segunda línea defensiva kilómetros atrás, pero las bajas y falta de avituallamiento, unido a la iniciativa soviética, hacen quebrar, de nuevo, esta 2ª línea defensiva. El 5 de marzo los soviéticos ya alcanzan con la mano los suburbios de Vipuri, ciudad que se encentra a menos de 200 km de Helsinki. Finalmente, la guerra se da por terminada el 13 de marzo.

                              (Pinchar en las imágenes para más información)

En enero de 1940, Moscú ya había dejado caer la posibilidad de una posible paz a través del ministro de exteriores sueco. Sin embargo había bastantes obstáculos para la misma, entre ellos lo difícil que le resultaría al pueblo finés el tragar con una paz dura, especialmente después de algunas victorias militares y la resistencia al invasor que habían demostrado. También había círculos de oposición en el gobierno, sobre todo cuando salieron a la luz las peticiones soviéticas, aunque el círculo interno reconocía la necesidad de la paz. La posibilidad de una expedición franco-británica estaba ahí, aunque su organización fue tardía y su objetivo principal era cortar el suministro de hierro sueco que alimentaba la industria bélica alemana (como el wolframio gallego, vamos). Para ejemplificarlo, un dato: de 100.000 soldados que se supone que iban a enviar, sólo 15.000 serían destinados a Finlandia. Para ello Finlandia debía solicitar ayuda formalmente, y garantizar el derecho de paso. El escepticismo finés hacia la ayuda aliada fue intenso, y no podían permitirse el ignorar la oferta de paz rusa. Por otro lado, lo más probable es que el deseo de acabar con una guerra costosa pesase más en Stalin que la posibilidad de una intervención aliada, aunque tampoco debemos descartar esa razón del todo.

El ministro de exteriores sueco dio a conocer las demandas soviéticas: el alquiler de la base naval de Hanko, y el control del istmo de Carelia, incluyendo las ciudades de Sortavala y Viipuri. Eran condiciones, duras, pero entre la negativa de Suecia de proporcionar ayuda, lo cerca que estaban los soviéticos de tomar Helsinki, y las dudas del gobierno si solicitar esa ayuda aliada que podría provocar la intervención de Alemania hicieron que a finales de febrero los fineses aceptasen los términos de las negociaciones. Hubo todavía un rayo de esperanza en forma de una promesa del primer ministro galo Édouard Daladier, pero resultó ser un mero espejismo. El 5 de marzo se envió una delegación finesa a Moscú para las negociaciones, encabezada por el primer ministro, y poco después Mannerheim informó de que la situación militar era insostenible salvo por una intervención aliada. El 12 de marzo se firmó el Tratado de Moscú, con pérdidas territoriales (la península de Hanko, Suursari, Salla, la parte finesa de la península de Rybachy, Viipuri… una décima parte del territorio finés), y de recursos, aproximadamente un 13% de su riqueza, además de ocuparse de los refugiados. Sin embargo, mantuvieron su independencia. El 14 de marzo se constituye la República Socialista Soviética de Finlandia, con los territorios cedidos. Poco después el Ejército Rojo entraba en las repúblicas bálticas y sustituía sus gobiernos por otros afines a Moscú.

BIBLIOGRAFÍA

-BEEVOR, Antony (2012). La Segunda Guerra Mundial. Pasado y Presente, Barcelona.

-BELLAMY, Chris (2011). Guerra Absoluta. Ediciones B, Barcelona.

-CASANOVA, Julián (2011). Europa contra Europa 1914-1945. Editorial Crítica, Barcelona.

-FOL, Jean-Jacques (1984). Los países nórdicos en los siglos XIX y XX. Editorial Labor, Barcelona.

-KIRBY, David (2010). Historia de Finlandia. Akal, Madrid.

-VICENS VIVES, Jaume (2013). La crisis del siglo XX (1919-1945). Acantilado, Barcelona.

-VVAA. (2011). Atlas Visual Segunda Guerra Mundial. NGV.

TEXTOS

-Pacto de No Agresión Germano-Soviético:

http://www.exordio.com/1939-1945/codex/Documentos/pactogerurrss.html

-Tratado de Paz entre la URSS y Finlandia de 1940:

http://www.winterwar.com/War%27sEnd/moscow_peace_treaty.htm

PODCAST

-HistoCast84-I Guerra Ruso-Finesa (19/01/2015): http://www.histocast.com/podcasts/histocast-84-i-guerra-ruso-finesa/