Adaptar o no, esa es la cuestión

Esta adaptación es una mierda”, “Se olvidan de todo”, “No puedes inventarte personajes”, “Esto no es así y está mal”, “En el libro pone otra cosa”, “No respetan los libros”, “Estos personajes no salen en los cómics”… Todos o casi todos, hemos dicho frases con ese tono tan afectivo sobre alguna adaptación cinematográfica. Nos enfadamos porque la productora, el director o el guionista de turno hagan lo que les salga del ojal para adaptar una novela, una obra de teatro, un musical o un cómic. Claro que nos encantaría que una película o una serie fuera al pie de la letra. Claro que si, pero no. Siempre esos cerdos de las productoras nos destrozan los sueños de ver lo mismo que hemos leído. Los cómplices de los directores y los guionistas les siguen el juego y están a sus órdenes como esclavos los muy malnacidos. Aunque nos hagan disfrutar de lo que hayamos visto, nos vamos con una clara sensación de profunda decepción. Con total alevosía nos venden una gran adaptación, pero al fijarnos en los detalles, nos dan ganas de arrancarles la cabeza por fallar en tantas cosas y destrozar algo que podría haber sido brillante.

Usando terminología actual, somos unos haters de las adaptaciones. Y debemos de decir que el está escribiendo estas líneas lo era. O quizás lo sigue siendo, vayan ustedes a saber. Igual no odiamos todas las adaptaciones que van apareciendo, pero siempre hay un resquemor, una queja, un insulto, una réplica que siempre hace alguien. Un “pero es que esto no es así” o un “yo es que leí el libro y bueno, esto era diferente”. A veces hay un convencimiento e incluso aceptamos de lleno el hecho de que una adaptación es compleja. Pero por otro lado hay resignación y odio, un odio visceral hacia el que haya creado una abominación destrozando todo lo que pensamos que iban a hacer. A pesar de que podamos disfrutar de la película o de la serie en cuestión, nos queda esa mala sensación de que podía ser mejor. Al final lo único, o casi, que nos podemos preguntar es: ¿De veras está justificado ese odio hacia una adaptación?

Creo que debemos ir por partes: “¿Qué es una adaptación?” ¡Qué bestia! ¿¡Cómo se te ocurre empezar por ahí si es muy obvio!? Bueno, sí, hay que enfocarlo desde otra perspectiva.

La cinematografía está nutrida desde sus más antiguos orígenes de la adaptación. Se han usado libros, obras de teatro, musicales y más recientemente cómics, para producir una ingente cantidad de filmes y series de televisión. Con éxitos y con fracasos tanto de crítica, de taquilla o de audiencia, se han y se seguirá adaptando multitud de obras de muy diferente índole. Desde la ya muy lejana Nosferatu de Murnau hasta la recientemente estrenada The Martian de Ridley Scott, pasando por clásicos como West Side Story o El Padrino. Es hasta ciertamente común que se adapte, aunque la gente muchas veces no se de cuenta. Lo que ocurre es fundamentalmente la mayor o menor fama de la obra a adaptar. Tiene más nombre cualquier libro de George R.R Martin o de Tolkien que American Sniper de Chris Kyle, por ejemplo. En el fondo, dejando la fama a un lado, lo que más importa es que la película o la serie de turno quede bien en su forma y concepción, obviando la adaptación. Y he aquí el problema.

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El primer gran Drácula, cinematográfico, claro.

El autor de este artículo no es guionista, ni director, ni productor, ni pertenece obviamente al mundillo del séptimo arte, por lo tanto habla desde una posición muy diferente. Lógicamente esa posición hace que no sepa como hacen exactamente para elegir una obra y guionizarla para poder adaptarla de la mejor manera posible para una película o una serie. Pero al menos lo intentará explicar de la mejor manera posible para la gente que no sepa del tema.

El séptimo arte y la literatura (englobando dentro los cómics y el teatro) son dos cosas muy diferentes. ¡Oh, qué obviedad!¡Gracias por ilustrarme con algo que no sabía! Correcto, es una obviedad y todo el mundo lo sabe. Pero es fundamental saberlo y quedarse con ella para tener una perspectiva completa antes de criticar una adaptación. Como son dos medios completamente distintos, sus estructuras son totalmente dispares la una de la otra. Y dentro de las dos, que hay nodos comunes eso si, existe una “pequeña” cosa llamada tiempo narrativo. El tiempo narrativo, y sin que se quiera entrar en materia, es fundamental para entender el orden y la duración de los acontecimientos de una obra. Por lo tanto el tiempo y el orden no va a ser el mismo en 500 páginas que en cincuenta minutos, hora y media o tres horas. Esto es fundamental comprenderlo. Y para ello hay que ejemplificar para que la gente pueda entenderlo aún mejor.

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Sin adaptarse todo a la perfección, a Umberto Eco no le disgustó del todo.

Mucha gente ve Juego de TronosThe Walking Dead o series de superhéroes como Flash, Arrow o Daredevil o ha visto películas como las trilogías de El señor de los anillos y El Hobbit, filmes como Los Miserables o sagas juveniles como Harry Potter o Los Juegos del Hambre. Sí, ciertamente son ejemplos populares (en el sentido de popularidad de cara al público) pero sirven a la perfección para ilustrar sobre este asunto.

Fijémonos primero en Juego de Tronos, la serie de la HBO. Está basada en la serie de novelas de George R.R. Martin, las cuales son una saga y se inician en “Canción de hielo y fuego”. La serie por su parte ha recibido excelentes críticas y premios, además de haberse convertido en todo un fenómeno de masas, con millones de fans en el mundo. Todo muy bonito, ¿verdad? A pesar de las críticas y el público, la adaptación de la obra se ha llevado su parte negativa en ciertos aspectos por la eliminación de personajes e inclusión de otros creados para la serie o la eliminación de grandes pasajes que los lectores de las novelas y videntes de la serie consideran importantes, entre otros aspectos.

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Tantas fotos y al final se escoge las más sencilla.

En segundo lugar, miremos The Walking Dead. Esta serie por su parte es de la AMC y está basada en un cómic (más bien, novela gráfica) homónima de Robert Kirkman. También ha obtenido grandes críticas (a veces dispares, pero eso ya es otro tema) y algunos premios, además de venir acompañada de ser uno de los fenómenos de masas más grandes relacionados con el mundo de la televisión en los últimos años. También muy bonito, pero a pesar de ello y quitando de en medio las críticas a la serie en términos de su historia, dirección, personajes o trama, la obra también ha recibido su parte negativa en lo que respeta a la adaptación, ya que los lectores de la novela gráfica critican el hecho de que se cambien personajes, se eliminen, no aparezcan o que se crean nuevos, además de las críticas a la trama, que a veces se va demasiado de las ramas en comparación con la novela.

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Alguno se preguntará como no vuelven a la calidad de la primera temporada

En tercer lugar, vayamos a la Tierra Media. Peter Jackson realizó en dos trilogías distintas las obras magnas de John R.R. Tolkien, El señor de los anillos y El Hobbit. Mientras las tres primeras, adaptadas precisamente también de una trilogía, recibieron aclamación crítica y popular, además de premios (recuerden que la tercera, El retorno del rey, consiguió igualar en 2003 el récord de 11 premios Oscar que tenía hasta entonces Titanic y Ben Hur), la segunda a pesar de los grandes resultados de taquilla, sufrió un debacle en la crítica popular y especializada. Las principales críticas a su adaptación se basa fundamentalmente en El Hobbit. La segunda trilogía fue basada en una sola obra, una novela corta, por lo cual fue un blanco fácil de quejas, además de ir añadiendo durante las tres obras sucesos o personajes, que o bien ni existieron o fueron inventados para las películas o bien pertenecen a otras novelas del legendarium de Tolkien.

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Más que suficiente con poner la primera trilogía.

En cuarto lugar, y debido a que al autor no le pagan lo suficiente y no puede ejemplificar más, pondrá varios ejemples diferentes, pero también de cine. En primer lugar, Los miserables. Es uno de los casos más especiales que puede existir dentro de las adaptaciones cinematográficas. Varias películas (En 1907, 1934, 1935, 1952, 1958, 1978, 1982, 1995, 1998 y 2012) e incluso una miniserie (En el 2000, con el inmenso, perdón.. con Gerard Depardieu y John Malkovich, siendo de cuatro episodios). La particularidad especial de esta obra reside en que se ha adaptado tanto la obra original del maestro Víctor Hugo como el musical basado en la obra original (musical creado por Alain Boubil y Claude-Michel Schönberg en el 1980). Quizás las más afamadas, son las versiones de 1998, 2000 y 2012. En el primer caso, una película protagonizada por Liam Neeson, Geoffrey Rush o Uma Thurman. El segundo la miniserie antes mencionada, que como la primera, está adaptada en la obra original. Por último, la de 2012, la más reciente, que es la única versión de Les miserables que es una adaptación del musical. Adaptar lo adaptado.

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Sí, ese cartelito promocional tan visto.

El autor podría tirarse escribiendo horas y teclear hasta cansarse citando ejemplos de adaptaciones afamadas, pero sería pasarse tanto de tiempo como de extensión, por lo que resumirá en ciertas obras famosas lo más rápido y brevemente posible, citando por ejemplo El nombre de la rosa (Película de Jean-Jacques Annaud del 1986 con Sean Connery o un imberbe Christian Slater que recibió excelentes críticas como una buena taquilla, pero por desgracia no incluyo mucha parte de las “enseñanzas” filosóficas que Umberto Eco, autor de la novela original, mostró en su obra, siendo sin embargo una gran adaptación después de todo), Matar a un ruiseñor (Película del año 1962, con un excelso Gregory Peck en la actuación que le reportó su único Oscar, basada en la novela de Harper Lee, escrita dos años antes y con la que ganó el prestigioso premio Pullitzer), El Padrino (Película de Francis Ford Coppola del 1972, basada en la novela de Mario Puzo y que se la considera una de las grandes películas de la historia del cine), Lo que el viento se llevó (Película del 1939, todo un acontecimiento en su momento, por su historia, duración o presupuesto, es una de las “obras cumbres” del cine clásico hollywoodiense, basada en la novela homónima de Margaret Mitchell, la cual recibiría también el Pullitzer), Nosferatu el vampiro (La primera gran obra basada en el clásico de Bram Stoker, Drácula, dirigida por el alemán Murnau, siendo esta películas una de las más importantes del cine mudo en su “breve” historia). Y estos son sólo 5. Imaginen que pongo más (con todas las que habrá a lo largo de la historia del cine) y lo hago brevemente. Es como si se ejemplificara con todas las obras que se han adaptado de Shakespeare (algunas mejores que otras, destacando las obras de Laurence Oliver y Kenneth Brannagh con sus actuaciones y direcciones en Enrique V, Hamlet (uno en 1948 y el otro en 1996) u Otelo, y que han seguido hasta la actualidad, ya que se (re)estrenará próximamente Macbeth). Como ven, es demasiado extenso el número de obras, ya que sólo se está haciendo una pequeñísima selección y sería excesivamente largo numerar o hablar de todas las adaptaciones posibles que se han realizado a lo largo de la historia del séptimo arte.

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Be or not to be? ¿Adaptar bien o no molestarse en ello?

Es una pregunta obvia y quizás estúpida preguntar que tienen en común tanto Juego de Tronos, The Walking Dead como El señor de los anillos o Los miserables. Sí, todas pertenecen a eso llamado séptimo arte y todas son adaptaciones. Lógica aplastante, eh. Ahora la pregunta que hay que hacerse y retomando aquella lejana pregunta, si ha llegado hasta aquí querido/a lector/a, es… ¿Cómo adaptan tan mal las cosas?

Ese “mal” de la pregunta, se debe hacer constancia de que tiene cierto toque irónico. O eso creemos, vayan ustedes a saber lo que pensará el autor.

Pues bien. ¿Por qué se adapta de la forma que se hace? ¿Por qué se comen cosas cuando se pasa de otro soporte a una película o una serie? ¿Está justificado? ¿Por qué la gente es tan hater cuando se hace eso? ¿Cómo se justifica ese odio?

Las respuestas en cierto sentido son claras y concisas. O esperemos a que el autor lo haga así, ya que esa misma persona ha dicho que no pertenecía al mundillo del séptimo arte, por lo que su conocimiento no será el mismo que alguien que sí sea de ahí.

En primer lugar, se adapta de la forma que se hace porque sí. Es decir, lo importante es hacerlo bien, más allá de lo que se coja o deje de coger. Las productoras mandan y los guionistas y directores tienen que hacerles caso, aunque cuenten con cierta libertad (no siempre o a veces tienen toda la libertad posible, eso siempre dependerá). Por lo tanto, lo que diga la productora va a misa y el(los) guionista(s) de turno tienen que hacer caso y ser competentes con su trabajo. En ese sentido, tienen que leer la novela, el cómic, ver la obra de teatro o el musical para saber que hacer y que coger. ¿Por qué no cogen todo? Porque es imposible. Posible es, pero ni los medios, ni los presupuestos, ni intérpretes, ni las ganas de las productoras les apetece adaptar la totalidad de otro soporte, debido a las complicaciones que eso conlleva. Por lo tanto, es lo más normal, que no se utilice toda la obra adaptable, si no que se vaya haciendo una selección lógica, consensuada y lo más verosímil posible para no “dañar” la integridad de la obra original. A esa selección se le añadirán personajes, pasajes, escenas, situaciones… para que el guión sea lo más veraz y lógico posible para una película y una serie. A esto hay que añadirle las complicaciones antes nombradas, como la limitación de presupuesto, de número de intérpretes, los medios y las propias limitaciones de los soportes. Es decir, tanto el cine como la televisión tienen sus propios límites, principalmente relacionados con aquel término antes añadido: el tiempo narrativo, que obliga siempre a resumir y condensar la trama y los sucesos que ocurren en ésta. Porque 500 páginas no se pueden adaptar a 2 horas de metraje. Ni siquiera un tomo de novelas se puede adaptar con toda la fidelidad a una serie de televisión, con el riesgo que conlleva.

¿Por qué se comen cosas? Pues muy fácil, como el autor ya nombró, el tiempo narrativo y las limitaciones en general, son importantísimas en esta cuestión. No se puede añadir todo, se debe siempre de relativizar hasta cierto punto para que la obra no sea escasa pero para que tampoco sea demasiado literaria. La cuestión al fin y al cabo, es que el cuerpo de guionistas sea hábil y competente, sabiendo adaptar bien y cogiendo lo más importante. Si no lo hacen, que ha ocurrido a lo largo de la historia del séptimo arte, pues ya se les podrá replicar o incluso si se llega hasta ese punto, insultar o tener ganas de arrancarles la cabeza.

¿Está justificado? Claro que sí. Sí se hace bien, siempre estará justificado. Las cosas se deben analizar con la cabeza fría. Si las cosas van bien en la serie X, será porque la productora/guionistas/directores saben lo que hacen y si tienen que adaptar a la mejor manera posible y eso conlleva saltarse muchas cosas, pues que lo hagan. Pero que lo hagan bien. La premisa es esa y no debería ser otra. Claro que los fanboys y las fangirls de la literatura querrán que todo sea de color de rosa, pero eso no es posible. Se debe tener cierta empatía y entender la posición de los que llevan y gestionan el cotarro para que todo el mundo pueda disfrutar de un producto de la máxima calidad posible. Sí, claro que estaría genial que se pudiese poner todo en una serie o una película, pero las complicaciones antes mencionadas como las limitaciones cinematográficas hacen que no se pueda hacer, por desgracia (o no, quien sabe).

¿Por qué la gente es tan hater cuando se hace eso? Quizás se deba a cierto desconocimiento de porque lo hacen. El autor quiere explicar que igual él también ha sido (o lo es, vayan ustedes a saber), un poco “odiador” de las adaptaciones, pero con el tiempo ha sabido recapacitar. Creemos que sí. Mucha gente creerá que es posible adaptar con toda la facilidad del mundo todo y cuando eso no pasa (siempre) hay sectores que se cabrean, se enfurecen, por el resultado. A lo que hay que responder la siguiente pregunta: ¿Cómo se justifica ese odio? Se puede justificar sólo si se analiza profundamente. Es decir, si X serie o película está pésimamente adaptada, pues es lógico que haya crítica negativamente. Es lo más normal. Pero cuando se trata de una buena película o serie (después hay gustos y gustos, pero eso eso es otro tema que el autor no le apetece mencionar por razones obvias), hay que entender esa postura de los jefazos a la hora de llevar las cosas y pensar en todas las limitaciones antes mencionadas y otras que ustedes pueden saber o coger de otras personas o artículos dedicados a este tema. Con esto el autor no quiere decir que no haya que criticar ni lo está prohibiendo, cada uno es libre de hacer lo que quiera, sólo que hay que ser lo más racional posible y pensar de forma tanto objetiva como subjetiva a la hora de analizar cuando una obra está bien o mal adaptada, sabiendo además que los criterios pueden diferir entre las personas que lo hagan y a veces dando mayor peso a un sentimiento personal que al propio pensamiento racional.

No sabemos que pensarán del autor, de las adaptaciones o del artículo en sí, pero el autor espera que cuando vayan a ver una película o estén disfrutando de una serie, piensen, si han leído la obra adaptada, que están haciendo bien y que están haciendo mal y sean lo más razonables posibles antes de odiarles y querer replicarles todo lo que hagan a los guionistas, que a veces son los menos culpables en esto, y pensar que si lo hacen lo realizan por alguna razón lógica.

El autor quiere despedirse diciendo que gracias por su atención y que a pesar de la longitud del artículo hayan aprendido algo. O no, vayan ustedes a saber.