Las torres de San Gimignano

La Toscana divino tesoro. Podría llenar las próximas líneas con una larga lista de encomios e incluso exageraciones, embelesado por esta región, pero me limitaré a resumirlo en unas pocas palabra, que procuro que junten todos los sinónimos que se me puedan ocurrir: la belleza más absoluta. Y es que no es sólo Florencia, aunque sea aglutinante de todos los elogios, si no también otras ciudades como Siena o Pisa, pequeños pueblos como San Gimignano o Volterra, las famosas villas con sus grandes viñedos o grandes regiones como la del Chianti, donde hacen su vino homónimo.

Al haber ido a la Toscana, uno se queda con la espléndida ciudad de Florencia, la cual contiene un patrimonio histórico-artístico inigualable y se podría decir que es una galería de arte de kilómetros cuadrados, o con los espectaculares paisajes, o con la gastronomía, o los pequeños pueblos. Stendhal (sí, ese que todos conocemos por el síndrome, pero que también fue escritor) quedó asombrado con la belleza florentina, y no es para menos, como cualquier turista podría quedar anonadado observando panorámicas de la región desde la Torre del Mangia de Siena o la Torre Grossa de San Gimignano, caminando por las calles de Florencia, visitando la costa en Livorno o sacarse una foto haciendo el paripé enfrente de la Torre de Pisa.

Podría escribir líneas y líneas de cualquier cosa sobre la Toscana. Absolutamente cualquier cosa. Desde un artista que tenga una obra expuesta en los Uffizi a hablar del tartufo (las trufas) muy típico de esta región, pasando por la historia etrusca o la familia Médici. Se habrán vertido litros y litros de tinta a la hora de hablar de la Toscana y yo, aunque sin usar tinta, pondré otra muesca más.

El título del propio artículo ya indica por donde van los tiros, como casi siempre. Es preciso saber antes el porqué del tema: ¿Por qué me da la gana? Sí. Pero también porque es un tema “diferente”, ya que en la mayoría de los casos, la gente que piensa en la Toscana se le viene a la mente Florencia y en menor medida, Pisa o Siena. No es tan extraño, ya que son los puntos de interés más importantes, pero como ya he dicho, en esa misma región hay mucho que ver. Tampoco es un tema tan diferente, ya que como he dicho anteriormente, se habrá escrito sobre ello. Pero sin más dilación voy a proceder, porque seguramente esto se está haciendo largo.

San Gimignano. Este pequeño pueblo, que alberga a poco más de 7000 personas, es uno de los muchos puntos de interés que tiene la Toscana. Es curioso, porque es quizás una de las poblaciones más pequeñas que tiene el orgullo de poseer un monumento, y en este caso el propio centro histórico de la villa, que ha sido nombrado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En origen, el pueblo es del siglo III a.C, de fundación romana (alguno habla de fundación tardo etrusca), aunque su actual nombre no lo “obtuvo” hasta el siglo X-XI, ya en plena Edad Media. El nombre proviene del santo homónimo (también nombrado Geminiano), que vivió en a caballo entre los siglos IV y V. El auge de la villa llegó a partir del siglo XIII-XIV, cuando se convirtió en una plaza estratégica a la hora de albergar a los peregrinos católicos que iban directos a Roma. Fue, además, una ciudad (en su momento) que entró como muchas otras en el radar de la disputa entre güelfos y gibelinos, como también entre las dos ciudades más fuertes de la Toscana durante la Edad Media: Florencia y Siena, si bien siempre estuvo en un punto más neutral. Con la Peste Negra, y al igual que Siena, finalizaría su pequeña edad de oro, comenzaría a perder población hasta el XIX y quedaría en la órbita del poder florentino. Desde entonces se ha recuperado en población, aunque en los últimos tiempos es estable y la villa ha adquirido un interés turístico muy grande, debido a la restauración del centro histórico y de su atractivo más importante: las torres.

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Una pequeña visual.

Primero hay que hacer una matización importante. La torre nunca ha estado vista, hasta el día de hoy, como una obra de arte visto desde el punto de vista actual. Eran construcciones con una justificación y un propósito y que servían con una fuerte propaganda y objetivo fundamentalmente político y económico, abandonando incluso el objetivo casi prioritario de la estrategia defensiva. Dentro de los recintos amurallados a lo largo de la Historia, las torres han servido como baluarte defensivo y estratégico a la hora de proteger una ciudad de sus enemigos. Sin embargo, el caso de San Gimignano es diferente. No hay un motivo estético por detrás, no (la motivación estética o puramente artística es una consigna actual). Pero tampoco hay motivos estratégicos o defensivos. Era una competición para ver “quien la tenía más grande”. Pero la torre, eh.

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El fenómeno de la torre como elemento de demostración de poder nobiliario no es algo único en San Gimignano. En Bolonia o en la misma Florencia había y sigue habiendo torres de origen medieval, aunque lógicamente sin la importancia que tenían antes, sin la altura que pudieron llegar a tener o pertenecientes a familias nobiliarias de menor nivel económico por lo que las torres de menor tamaño. El caso de San Gimignano, aunque no único, se podría catalogar como algo ciertamente excepcional, debido a la proporción de las torres dentro del tamaño de la villa.

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Detalle de una pintura de Taddeo di Bartolo (XIV-XV) donde aparece esta miniatura medieval.

Con el tiempo, las ciudades van tirando las torres debido a las remodelaciones internas y la apertura de mayor espacio en la ciudad, aunque también hay causas externas como las guerras o las inclemencias del tiempo. Sin embargo y se hayan dado esos casos, en San Gimignano continúa habiendo esa herencia medieval que se puede disfrutar ya desde kilómetros antes de llegar al pueblo, situado en una colina con lo que se puede observar mejor el paisaje de torres de la villa.

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La Torre Grossa y el Palazzo Comunale

En San Gimignano había, dependiendo de algunas fuentes, entre 70 y 74 torres, de las cuales sólo quedan en pie 13, destacando por encima de todas, la Torre Grossa (1311), cuyo nombre indica perfectamente el tamaño, ya que es la más grande de todas las que quedan (mide 54 metros de altura) y la que domina el centro de la villa, a la cual también se puede subir y observar las vistas de las colinas toscanas. El resto de las torres tienen menor tamaño, pero destacan sobre el paisaje todas.

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A nivel estético o artístico es una compleja situación. Ya se ha explicado que la visión estética no será algo que hasta el siglo pasado no se empezó a pensar. ¿Cómo lo podemos ver entonces? Es arquitectura medieval, sin excesivos detalles y piedra dura, tosca. Parecen que no tienen nada en especial, pero en si, el hecho de que haya varias torres así de pie desde hace setecientos años en un lugar tan pequeño, le da un valor histórico-artístico casi único, pareciéndonos algo bello y visitable desde un primer momento.

¿Por qué se construían las torres? Como ya se ha dicho, era una competición. Cada familia con un poder económico importante construía una torre para ser habitada por ellos. Esas torres estaban completadas por dentro con múltiples dependencias en varios pisos, conectados por empinadas y complejas escaleras. En las estancias, las llenaban de sus objetos de valor además de ser lugares de habitación, para demostrar que su poder económico e incluso político era mayor que el del resto de sus competidores. Sin embargo, el primero que decidió construir su torre, promovió que el resto de las familias poderosas no se quedaran atrás. Cada uno quería construir, a veces sin importar el precio, su propia torre (hay casos de familias que se arruinaron con estas obras y que las torres, sin bien compradas posteriormente o tiradas por la Comuna o la villa, quedaban incluso deshabitadas). Algunos y dependiendo del capital que tenían, las hacían más grandes y con mayor altura, para convertirse así en la familia que más demostraba su poder (a veces no era precisamente la familia más poderosa a nivel político o económico la que construía la torre más alta y ancha). Con ese ritmo, la villa de San Gimignano llegó a tener más de 70 familias (ya bien a título familiar o a título individual) que construyeron su edificio a lo largo de la Edad Media y tenemos la suerte que aún queden 13, destacando por encima de todas, como ya hemos dicho, la Torre Grossa. Ésta es, además, la única que se puede visitar a nivel turístico, ya que las otras pertenecen o bien la villa o bien a alguna familia, que recibe ayudas desde el gobierno italiano para el mantenimiento de las torres.

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Piazza del Duomo, con la Collegiata a la derecha.

Cabe indicar que el centro histórico de San Gimignano fue nombrado en 1990 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, englobando a la ciudad medieval (que es prácticamente el tamaño general de la villa). El centro, además de las torres que son el elemento más atractivo y singular del pueblo, tiene otros pequeños puntos de interés como la vía San Giovanni (la calle principal que lleva desde la entrada amurallada a las dos plazas más importantes del pueblo), la Piazza della Cisterna, la Piazza del Doumo, el Palazzo Comunale (de 1280 y ampliado posteriormente) o la Collegiata di Santa Maria Assunta (de la Asunción, que fue una catedral, un duomo, y construida en 1148).

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Piazza della Cisterna

Hay una anécdota sobre San Gimignano y Dante. En 1300, Dante se alojó en la villa de San Gimignano durante un periodo de tiempo. En ese momento, el autor de la Divina Comedia, era embajador de la liga güelfa en la Toscana. En honor a Dante, se “cambió” el nombre a una sala que está situada a caballo entre la Torre Grossa y el Palazzo Comunale (es decir, desde la Torre Grossa se puede visitar como museo ciertas salas donde hay pintura gótica y ciertas salas pertenecientes a la Comuna de San Gimignano, que se sitúan conectadas entre la torre y el palazzo), decorada con frescos de Lippo Memmi, un pintor gótico italiano del siglo XIV. La Sala di Dante, realmente se llama Sala del Consiglio, pero en honor al altissimo poeta, como pone en su vacía tumba de la Santa Croce de Florencia, se llama así de forma popular.

San Gimignano es por tanto un atractivo turístico e histórico-artístico ciertamente importante en un viaje a la Toscana. Si bien no será lo fundamental, es preciso entrar en la villa y subir hasta la Torre Grossa y observar el pequeño pueblo y las espectaculares vistas del campo, las colinas y las viñas con sus viñedos para embriagarse aún más si cabe de esa región tan mágica que es la Toscana.