El Palio de Siena

Continuando y finalizando mi saga toscana, me gustaría que nuestros seguidores, ya sean pocos o muchos, conociesen una fiesta popular sienesa, quizás una de las más importantes que hay a lo largo del año en la Toscana.

He de reconocer que nunca había pensado que Siena fuese tan bonita y que en esa ciudad se realizara cada año una fiesta muy, llamémosla, “curiosa”, a la cual sin embargo no pude asistir, debido a que las fechas bailaron por problemas meteorológicos. A pesar de eso, sólo pude estar unas horas en Siena, por lo que apenas pude disfrutar de una ciudad pequeña, pero con un centro histórico de gran belleza.

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La Piazza del Campo de Siena, en donde se realiza la fiesta.

Pero vayamos a lo más importante: el Palio. ¿Qué es el Palio? ¿Cómo se origina la fiesta? ¿En qué consiste? Lo primero y fundamental es poner un contexto histórico de la situación.

La ciudad de Siena, fundada hacia el siglo X-IX a.C. por los etruscos (la leyenda habla de Asquio y Senio, hijos de Remo, hermano de Rómulo, como fundadores de la ciudad) y luego conquistada por los romanos, tuvo su auge en la Edad Media. Entre los siglos XII y XIV fue una de las Repúblicas más poderosas de la Toscana, junto con Pisa y Florencia, con su particular edad de oro entre los siglos XII y XIII. Fue una villa en constante crecimiento económico y demográfico, además también eran constantes las luchas con Florencia. Fue en una de esas luchas que desembocó en una gran batalla (en el sentido medieval de la frase, por lo que hay que matizar y relativizar los números pero sabiendo que para la época fue una gran contienda): la batalla de Montaperti (1260). Esta contienda, ganada con claridad por el bando sienés y que les sirvió para mantener a los florentinos a ralla durante más de cien años, venía de un enfrentamiento anterior y más complejo. Las luchas entre Siena y Florencia se justifican a la hora de buscar el dominio político y económico en una de las regiones más importantes de Italia, que conectaba el norte de Lombardía y por lo tanto el resto de Europa occidental y la ciudad de Roma. La derrota en Montaperti permitió a Siena mantener su fuerza como república, pero sin llegar a convertirse en el dominador del territorio toscano, aunque para su bien, Florencia aún no lo había conseguido y tardaría tiempo en hacerlo. Además de esa búsqueda de poder en el territorio de la Toscana, por detrás había un motivo que los llevó a enfrentarse en Montaperti: el conflicto entre güelfos y gibelinos.

Sabiendo que es un tema muy largo y complejo y que este artículo no trata de ello, es preciso explicar en líneas generales quienes eran los güelfos y quienes los gibelinos y el porqué de su enfrentamiento de la manera más sintética posible, para no desviarnos mucho del tema principal. Los güelfos y los gibelinos fueron dos bandos enfrentados entre los partidarios de la casa de Baviera (güelfos) y la casa Hohenstaufen (gibelinos) que a su vez trasladaron el enfrentamiento al apoyo al Sacro Imperio o al Papado (gibelinos y güelfos respectivamente), por motivos de poder e influencia en la iglesia tanto alemana como en la italiana, además del poder político y supremacía en Italia, donde el Sacro Imperio tenía tanto posesiones como aliados. El conflicto entre güelfos y gibelinos se trasladó a Italia, donde los primeros se pusieron de parte del Sacro Imperio y los segundos del poder papal, aunque si bien es cierto que a veces las ciudades italianas se enfrentaron en esta contienda por sus propios problemas con otras villas. Así, Siena fue una ciudad güelfa y Florencia, gibelina.

La victoria en Montaperti permitió, como ya se ha dicho, la relativa situación de paz en la ciudad de Siena y calmar las ansias expansionistas de Florencia en la Toscana durante un tiempo. Tras la importante victoria, se buscará una manera de festejarla, naciendo partir de esas fechas (1260 en adelante) la festividad del Palio.

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Una pintura renacentista donde se representa la festividad

Los orígenes, además de Montaperti, tampoco están demasiado claros. Si bien es cierto que se buscó una manera de festejar esa victoria, hay indicios de que existieran fiestas anteriores (del siglo XI) dónde se realizaban carreras de caballos. En sí, el Palio moderno no nacería hasta el siglo XVIII-XIX. Hasta entonces iría evolucionando hasta lo que conocemos hoy.

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Un detalle del desfile anterior a la carrera.

¿En qué consiste el Palio? El Palio es una carrera de caballos entre los representantes de los contrade de la ciudad de Siena, a través de la Piazza del Campo, la bellísima plaza céntrica de la ciudad. Los contrade son los barrios de la ciudad y que sirven para la organización y división municipal. Cada contrada está representado, además del propio nombre, por un animal y cuando llegan estas fiestas, se engalanan y colocan banderas por cada una de las calles de cada “barrio”. En la actualidad y desde el siglo XVIII, existen 17, que participan siempre en la festividad. El Palio se celebra los días 2 de julio y 16 de agosto, en honor a la Virgen del Provenzano (Palio di Provenzano) y a la Asunción (Palio dell’Assunta), respectivamente. Ese componente religioso es importante para entender el nombre de la fiesta. Un día antes de la carrera de caballos, representantes de cada una de los contrade desfilan a lo largo de la Piazza del Campo, que se cierra y se crea un circuito circular, dejando el centro para una gran masa de público, ataviados con trajes típicos de la ciudad y con los colores de sus barrios y alzando las banderas de su contrada (hay que matizar que contrada es el singular de la palabra y contrade el plural). Tras el desfile o cortejo, los 10 competidores alineados tras sorteo inician una carrera dando tres vueltas a lo largo de la plaza hasta completarlas. Cabe destacar la peligrosidad del recorrido y lo largo que se les puede llegar a hacer, sabiendo además que van sin montura. Hay que especificar que sólo participan diez de los diecisiete: los siete que no participaron el Palio del año pasado (es decir, los siete que no participaron en julio el año pasado, lo hicieron este año y así también con agosto) y tres que se eligen a suertes tanto en julio como para agosto. El ganador recibirá el Palio o estandarte que está sostenido por un asta negra y que en la parte superior tiene un plato con dos penachos blancos y negros. Salvo el plato en el cual se inscribe el nombre del ganador y es devuelto a la ciudad, el resto se lo queda la contrada correspondiente.

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El palio del ganador, con el plato con los dos penachos.

El Palio toma su nombre de la tela (pallium), que eran una especie de mantos de lana, muy preciados. Estos palios eran regalados a las iglesias de las contrade ganadoras, adquiriendo en su momento una simbolismo religioso muy importante el cual ha perdido con los años.

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Un lance de la carrera. Sin monturas y vestidos a la antigua.

Históricamente hablando, se tiene constancia del Palio desde el siglo XIII. En un principio eran festividades de nobles, pero con el tiempo se fue arraigando a toda la población de la ciudad. Hasta el siglo XVI es difícil diferenciar entre los Palios nobles (llamados Palio alla lunga, que se realizaban por las calles del centro histórico sin pasar por la Piazza del Campo) o los Palios más populares (llamados Palio alla tonda, que es el que se conoce hoy en día, aunque haya sufrido cambios y que se realizaba en la Piazza del Campo). A finales del XVI e inicios del XVII, estos últimos se van imponiendo con mayor fuerza, debido a la pérdida de poder la nobleza local y que empezaron a organizarse la participación en los barrios. Además, por esas mismas fechas, se inició la tradición de realizarlo el dos de julio, debido a la conmemoración de un milagro de la Virgen por esas fechas. A mediados del siglo XVII, la Comuna de Siena comenzó a hacerse cargo de la organización y financiación del Palio, la cual continúa hasta la actualidad con la ayuda de la población sienesa. Ya en el XIX se comienza a correr el palio en agosto al mismo tiempo que se eliminaría el palio noble o Palio alla lunga. Desde entonces la festividad ha sufrido modificaciones y mejoras con el tiempo, con la asignatura pendiente de una mayor seguridad a favor de la salud de los caballos, debido a las quejas estos últimos años de organizaciones protectoras de animales.

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La Piazza del Campo en un día de carrera.

El Palio está muy arraigado entre la población sienesa. Desde el mes de mayo y durante el verano, o por lo menos hasta finales de agosto, el centro histórico de la ciudad se engalana. Las calles se van llenando de gente, la mayoría turistas, pero también los sieneses que disfrutan del ambiente de esas fechas tan festivas. Desde mayo, es difícil visitar la ciudad, principalmente cierta plaza principal que es transformada paulatinamente dos veces en un circuito de carreras de caballos con gradas a lo largo de la plaza y con un espacio céntrico donde miles de personas verán las dos carreras. Se estima que suele haber un público de unas 80-90 mil personas, incluso llegando a las cien mil, algo espectacular, ya que la población de Siena consta con poco más de 50 mil habitantes. Los barrios, que están identificados por pequeñas placas/escudos en cada calle, se llenan de banderas de la contrada correspondiente, lo que muestra la implicación que tienen los ciudadanos sieneses con su fiesta más importante y más turística. Además, las tiendas de souvenires comienzan a vender banderas, escudos, placas, imanes, lápices… relacionados y pintados de los diferentes barrios de la ciudad, con sus respectivos animales. En ese sentido, la ciudad de Siena, a pesar de que la fiesta del Palio sea muy local y tradicional, sabe vender muy bien al extranjero, al turista, su festividad más importante.

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Las banderas de los barrios durante los meses de verano.

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Un detalle de una de las placas donde indican un barrio de la ciudad

Durante todo el año se venden entradas para ver la fiesta desde gradas pegadas en las casas de la Piazza del Campo o incluso desde los balcones de esos edificios. Estas entradas pueden llegar a costar varios miles de euros, con el punto a favor de que se tratan de las mejores localidades para ver el espectáculo. Las entradas del centro de la plaza son mucho más asequibles, de ahí que la gran mayoría de personas se sitúen siempre en ese lugar. Además, cabe destacar que mucha gente que participa en los cortejos iniciales, se sentará en las gradas de los lados, como también las autoridades de la ciudad, por lo que conseguir una entrada para ver el espectáculo, siempre se antoja siempre muy complicado. A pesar de todo, es normal que esté lleno, debido a la alta demanda que hay todos los años, contando también a la propia población de la ciudad que siempre se vuelca en este evento.

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Los 17 contrade de la ciudad.

El Palio es, por lo tanto, una de las fiestas imprescindibles en el calendario veraniego de la Toscana y todo un acontecimiento un tanto curioso, ya que pocas veces podemos encontrar fiestas de este estilo que se sigan realizando por Europa adelante desde hace tanto tiempo y que apenas hayan cambiado en su esencia y que mantengan una tradición que continúa con el tiempo, con sus cambios y transformaciones, pero con el ánimo y entusiasmo de una ciudad volcada en disfrutar de un espectáculo que se mantiene por muchos años y que se seguirá realizando a lo largo del tiempo.