Dick Desencadenado: El hombre en el castillo

En un artículo en el New Republic, la escritora americana Ursula K. Le Guin  calificó a Philip K. Dick como “nuestro propio Borges”. Es motivo de debate el considerar esa comparación como exagerada o no, pero es innegable que la literatura de Dick es rica en imaginación, paranoia y creatividad a la hora de crear mundos lo suficientemente fantásticos para maravillarnos, y suficientemente realistas para preocuparnos y sentirnos incómodos. Dicen que los escritores de ciencia ficción tienen vocación de profetas, y este escritor continuó con esa tendencia al predecir la realidad virtual, el desarrollo de la inteligencia artificial, las teorías de la existencia de universos paralelos y el descenso de la privacidad al mismo tiempo de la mejora de las tecnologías de comunicación. Sus alucinaciones, las drogas y su visión del mundo alimentaron sus 36 novelas y 121 relatos cortos, varios de ellos adaptados a la gran pantalla, y su obra goza de un gran reconocimiento por parte de lectores y críticos, que el autor no disfrutó en vida. En este artículo hablaremos de los temas inscritos en una de sus novelas, Premio Hugo en 1963 y éxito de crítica: El hombre en el castillo. Pasen y vean.

Philip K. Dick. Fuente: Wikimedia Commons

Philip K. Dick. Fuente: Wikimedia Commons

Según la RAE, la única definición de ucronía es Reconstrucción lógica, aplicada a la historia, dando por supuestos acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder”. Otra manera de decirlo es que la ucronía es un género literario estrechamente relacionado con la ciencia ficción, que se fundamenta en la historia contrafactual, que a su vez  proviene de la reflexión “¿y si…?”, la visión hipotética de una realidad alternativa en la que determinado evento histórico de suma importancia (denominado Punto Jombar) es modificado u omitido, alterando el desarrollo de la historia. Ejemplos de Puntos Jombar son el asesinato de la reina Isabel I y el éxito de la Armada Invencible (Pavana), o la subida al poder de un aislacionista Lindbergh en vez de Franklin Roosevelt (La conjura contra América). También podemos considerar ucronía cuando en estas realidades históricas alternativas se modifican al introducirse elementos anómalos, como  una invasión extraterrestre (la serie Worldwar & Colonization de Harry Turtledove, o la saga de videojuegos Resistance).

Dentro de la literatura de este género hay una que prevalece por su éxito, las referidas a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). El conflicto más sangriento de la historia de la Humanidad ha dado para mucho, y normalmente los autores ponen al Tercer Reich como vencedor de los Aliados, o por lo menos en una posición más ventajosa de la que tuvo en el la realidad. Podemos mencionar Patria, El Reich Africano, En presencia de mis enemigos, Hitler victorioso, El filo de la hierba… y El hombre en el castillo. Pero más allá de enunciar el hecho de que los nazis ganaron, o dejar el peso de la historia en esa realidad, Dick prefiere crear un mundo denso, rico en detalles y realista. La sociedad, el comportamiento de los personajes, sus motivaciones y actos; todo resulta verosímil a ojos del lector.

El mundo de El hombre en el Castillo. Fuente: Wikimedia Commons

El mundo de El hombre en el Castillo. Fuente: Wikimedia Commons

La novela se ambienta en un 1962 alternativo, concretamente en un mundo en el que Franklin Delano Roosevelt muere asesinado y los Estados Unidos no intervinieron en la Segunda Guerra Mundial, lo que provocó la caída de Europa bajo el III Reich; al mismo tiempo, los japoneses llevan con éxito su conquista de Asia y del Pacífico, incluyendo una invasión y reparto de los Estados Unidos en conjunto con Alemania, por lo que el país se divide en tres zonas; la costa oeste, ocupada por Japón, la costa atlántica por los alemanes, y unos “Estados de las Montañas Rocosas” aparentemente independientes. Para los años 60, Alemania se ha adueñado también de la Rusia europea, Oriente Medio, el Cáucaso, gran parte de África y el norte de Sudamérica. Los japoneses poseen Oceanía,  toda Asia y la mayor parte de América del Sur. Aparte de los Estados de las Montañas Rocosas, otras naciones independientes mencionadas son Suecia, Canadá e Italia. Mientras Alemania alcanza unos niveles tecnológicos muy altos, desarrollando tecnologías plásticas, reactores, energía nuclear y viajes espaciales, los japoneses sufren un desfase tecnológico de diez años; otro punto de divergencia es que en el territorio del Reich los negros y los judíos han sido exterminados, mientras que en el territorio japonés son tolerados. Estas y más diferencias entre ambas potencias son motivo de tensiones, que agravan una situación de guerra fría muy similar a la protagonizada por los Estados Unidos y la Unión Soviética. Para colmo de males, el líder del Reich, Martin Bormann (Adolf Hitler se había retirado por una sífilis) está a punto de fallecer, y la consiguiente lucha de poder entre jerarcas  como Heydrich, Goering o Goebbels puede tener consecuencias inesperadas para el futuro de Alemania, Japón y el mundo entero.

Times Square en el Nueva York del Reich. Fuente: pijamasurf.com

Times Square en el Nueva York del Reich. Fuente: pijamasurf.com

Un cúmulo de personajes interactúan con este contexto, dando situaciones de conflicto o aprendizaje entre las distintas culturas que se han repartido por el mundo de El hombre en el Castillo; tenemos a Frank Frink, un judío de San Francisco que inicia un negocio de joyería; la antigua mujer de Frink, Juliana, que se embarca junto con un camionero italiano en un extraño viaje;  un anticuario que vende artesanías y objetos de la cultura norteamericana prebélica a entusiasmados coleccionistas nipones; y el señor Baynes y Nobusuke Tagomi, que bajo la fachada de negociar la venta de tecnología entrarán en un peligroso juego diplomático entre las dos grandes potencias. Además, las acciones de los personajes están condicionadas por el IChing, un oráculo de origen chino que los japoneses llevaron a los Estados Unidos, y que se ha impuesto como un acto cotidiano consultarlo antes de tomar una decisión importante. De hecho, casi podríamos decir que prácticamente todos los personajes del libro han usado el IChing al menos una vez, o su comportamiento se ha visto influido por él de alguna manera. En la realidad, Dick usó el oráculo cuando escribía la novela, y si se le atragantaba una trama o no sabía continuar, recurría a este sistema adivinatorio, fruto del azar y de la interpretación de hexagramas.

En líneas generales: la novela es entretenida, cuya lectura requiere atención pero que sabe recompensar con tramas y subtramas interesantes, un mundo muy atractivo y personajes dotados de cierta profundidad. Es una buena novela de historia alternativa, pero hay dos elementos que la enriquecen y la convierten en algo más que un ejercicio de imaginación o una curiosidad literaria. Éstos son los mundos paralelos y la comercialización de la cultura, y procederemos a comentarlos (advertencia: los dos siguientes apartados contienen spoilers de la trama de la novela).

La langosta se ha posado, y los mundos paralelos.

¿Alguien recuerda la película Origen (Christopher Nolan, 2010)? ¿Sueños dentro de sueños, realidades dentro de realidades? La confluencia e interacción entre las mismas era un tema que fascinaba a Dick, y que ya había tratado en otros trabajos, como en Fluyan mis lágrimas, dijo el policía. Y en esta novela es donde mejor plasma sus ideas sobre mundos paralelos y realidades alternativas, usando como detonante una novela imaginaria llamada La langosta se ha posado, escrita por un tal Hawthorne Abendsen; un enorme éxito editorial en todas partes, a pesar de estar prohibida en el territorio del Reich (aunque hasta los jerarcas nazis la lean). La historia de esa novela es ni más ni menos que los alemanes y los japoneses pierden la  Segunda Guerra Mundial, pero no como nosotros conocemos; Roosevelt sobrevive al atentado, y ejerce un enérgico mandato hasta 1940, y prepara a los Estados Unidos para un conflicto mundial tras atestiguar los ataques alemanes a Polonia, Inglaterra y Francia. El economista y antinazi Rexford Tugwell le sucede, y gracias a su política exterior Alemania no ayuda a Japón en 1941, cuando ataca a los Estados Unidos. Tugwell sacó su flota de Pearl Harbor, por lo que el ataque japonés no fue tan devastador como ocurrió en la “realidad”. Los Estados Unidos impiden además que Japón se adueñe de las Filipinas y de Australia, y los británicos derrotan a Rommel en el Norte de África, atraviesan Anatolia y se unen a los rusos, por lo que impiden a los alemanes acceder a los pozos petrolíferos de Oriente Medio. Italia abandona al Eje, y se une a los Aliados, justo a tiempo para la entrada de los norteamericanos en la contienda europea, una vez derrotado Japón. Los tanques británicos acaban entrando en Berlín, y tanto Hitler como su camarilla son juzgados en Múnich.

Una vez terminada la guerra, los americanos amplían su influencia económica en Asia, y se suceden grandes avances tecnológicos y sociales (la discriminación racial desapareció con la guerra, mencionan en la novela). Los británicos crean un enorme e racista imperio, y Churchill se mantiene a su cabeza hasta los años 60. Las dos superpotencias entran en una situación de guerra fría, como los japoneses y alemanes en la novela, o los americanos y los soviéticos en nuestra realidad. Finalmente, el Imperio Británico queda como única superpotencia.

Bandera soviética en el Reichstag en 1945. En La langosta, son los británicos junto con los soviéticos quienes toman Berlín.

Bandera soviética en el Reichstag en 1945. En La langosta, son los británicos junto con los soviéticos quienes toman Berlín. Fuente: theatlantic.com

La langosta se ha posado crea tres realidades perceptibles para el lector, a) La nuestra, la realidad física, en la que los Aliados ganaron la guerra y los EEUU y URSS se enfrascaron en una guerra fría, b) La de El hombre en el castillo, una realidad literaria en la que el Eje ganó, y son Japón y Alemania las potencias en tensión, y c) La de La langosta, con victoria Aliada pero disputa de supremacía entre el Imperio Británico y los Estados Unidos. Tres mundos paralelos, que confluyen a través de dos novelas y la propia comprensión del lector.

En el libro se da incluso una situación de verdadero viaje transdimensional. El señor Tagomi, anteriormente descrito como uno de los personajes principales, es un diplomático japonés en San Francisco, reflexivo y metódico. A través de la meditación intenta desentrañar los secretos de una pequeña joya triangular, y está a punto de alcanzar el Nirvana cuando es interrumpido por un policía. Se encuentra entonces que la realidad, su realidad, ha desaparecido, y se encuentra en una ciudad sin ocupación japonesa, policías uniformados de azul, y una gran polución. Esta visión aterradora para el señor Tagomi es lo que parece el San Francisco de nuestro mundo, o de cualquier otro mundo posible en el que los japoneses perdieran. Dick juega con el universo que ha creado, y lo permeabiliza a las influencias de otras realidades.

Cultura americana, ¿se la envuelvo para regalo?

Cuando los romanos allá por la antigüedad invadieron Grecia, no se imaginaron que de conquistadores iban a acabar siendo conquistados.  La cultura helénica caló hondo en la sociedad romana, y sus costumbres, teorías filosóficas, ritos, entretenimientos, instrumentos, conocimientos científicos, arquitectura o literatura fueron adoptadas al poco tiempo (aunque algunos, como Catón, advertían de la posible pérdida de la identidad romana). Aprender griego era fundamental para ser considerado culto, los patricios procuraban que sus hijos fuesen educados por pedagogos griego, y la porción del Imperio que sobrevivió hasta 1453 (Imperio Romano de Oriente, u Imperio Bizantino) era de lengua helénica.

Avancemos hasta el Renacimiento. Europa llevaba siglos en una (discutible) oscuridad, y el redescubrimiento de Roma y Grecia por los intelectuales de aquellos tiempos supuso un cambio en la vida artística y social; era común que los poderosos pagasen fuertes sumas de dinero por piezas de arte grecolatino, y los artistas copiaron y adaptaron (y hasta superaron) las obras clásicas que se descubrían para crear su propio arte.

¿Y qué demonios tiene que ver esta microlección de historia con el título del apartado? Pues que en la novela pasa algo muy similar con la cultura norteamericana. Los japoneses, vencedores y ocupantes de parte de los antiguos Estados Unidos, sienten un fuerte interés por su ya desaparecida cultura, pagando incluso fuertes sumas de dinero por artículos como un Colt 44, una mantequera de 1900 o un reloj de Mickey Mouse. Es un mercado boyante que tiene como consecuencia el florecimiento del negocio de las falsificaciones, dándose en varias partes del libro un interesante debate sobre el verdadero valor de un objeto histórico, o si ese valor existe siquiera.

Diversas e imaginativas portadas de El hombre en el castillo. Fuente: blog.8r4d.com

Diversas e imaginativas portadas de El hombre en el castillo. Fuente: blog.8r4d.com

Más allá de los objetos de colección, el caso es que es posible que estemos hablando de aculturación o hibridación entre las sociedades japonesa y americana. La arquitectura harmónica y bella de los japoneses convive con el béisbol, el I Ching con la antigua literatura estadounidense. De hecho, casi parece que los japoneses, en su rol de invasores, valoren más la cultura de los norteamericanos que los nativos mismos, que se dedican a despiazarla, venderla o falsificarla. Los anticuarios y las tiendas especializadas cogieron la historia y sociedad americanas, la envolvieron de papel de regalo, le pusieron un lacito y se la vendieron a los nipones. Y éstos, encantados.

Pero todavía hay un resquicio de esperanza. Uno de los personajes principales de la novela, Robert Childan, ofrece a uno de sus clientes orientales una obra de joyería que otro de los personajes, Frank Frink, ha elaborado. Se ve tentado por la posibilidad de elaboración masiva de talismanes para Sudamérica, produciendo en masa esa joya, pero ve en ella algo especial y la rechaza. Son señales de que puede que haya un futuro para la identidad americana.  Este diálogo es sumamente revelador al respecto:

-Se las muestro sin excepción a todos mis clientes –dijo Robert Childan-. Señor, ¿sabe usted qué son?

-Joyas, parece –dijo el señor Tagomi distinguiendo un alfiler.

-Hechas aquí, en Norteamérica, sí, por supuesto. Pero señor, estas piezas no son antiguas.

El señor Tagomi alzó los ojos.

-Señor, son nuevas. –Las facciones blancas, algo parduscas de Robert Childan estaban alteradas por la pasión. –Ésta es la vida nueva de mi país, señor. El comienzo, en semillas diminutas e imperecederas. Semillas de belleza.

La literatura es un mundo muy variado y complejo, lleno de historias que esperan a ser descubiertas. El hombre en el castillo merece por méritos propios tu atención, aunque sólo sea para echarle un vistazo fugaz a los universos alternativos que la mente de Dick creó.  Y si no te gusta leer, siempre puedes echarle un vistazo al piloto de su adaptación audiovisual, gracias a Amazon. Ya no hay excusa para no disfrutarla.

BIBLIOGRAFÍA:

Papel:

DICK, Philip K., El hombre en el castillo, Minotauro, Barcelona, 2010.

Internet:

http://www.ciencia-ficcion.com/glosario/p/puntjomb.htm

http://www.abc.es/cultura/cultural/20150119/abci-ucronia-genero-alza-201501191112.html