Julián Casanova: “Las dictaduras tan largas y represivas dejan memorias divididas, de beneficiados y perseguidos”

 

Foto: Eduardo Bayona

Foto: Eduardo Bayona

El pasado 13 de Junio tuve la suerte de conocer en persona en la feria del libro de Madrid a Julián Casanova. Para los que no lo conozcan, se trata de un gran historiador con una inmensa bibliografía y que ha trabajado al lado de otros grandes historiadores como Ángel Viñas o Paul Preston. No es una superstar conocida por su polémica sino un respetado investigador (Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza) que se ha enfrentado a los fantasmas del pasado de nuestro país. Su objetivo nunca ha sido dirigir la historia a un público reducido, por ello siempre ha defendido la comunicación precisa como un medio fundamental para que llegue al máximo de gente posible.

  • Me gustaría comenzar con una pregunta que ya hemos hecho habitual en nuestras entrevistas. ¿Quién es Julián Casanova? ¿Podría definirse?

Soy historiador, enseño y escribo historia. Mis investigaciones como historiador siempre han estado acompañadas de preguntas sobre lo que estaba haciendo, cómo lo estaba haciendo y por qué. Como historiador, he tenido muchas influencias, aprendidas en los libros, las investigaciones y las estancias en el extranjero. Siguiendo a E. P. Thompson, creo en el conocimiento empírico “teóricamente informado”. Y considero a la historia una fuente de inspiración, creación y debate

  • Como reza el libro y la exposición que usted ha dirigido, 40 años con Franco, su figura sigue suscitando posiciones encontradas. ¿Por qué?

Las dictaduras tan largas y represivas dejan memorias divididas, de beneficiados y perseguidos. Como la sombra de esa dictadura se proyectó en toda la transición, fue muy difícil introducir su estudio de forma libre y rigurosa en los centros de enseñanza. Esas memorias divididas se deben más a la propaganda y a recuerdos familiares, y a los mitos persistentes, que al estudio.

  • ¿La existencia de la fundación Francisco Franco debería ser tolerada?

Como institución privada, sí. Pero, obviamente, sin los fondos documentales que conservan de la dictadura, que deberían ser públicos y depositados en el Archivo Histórico Nacional.

Las dictaduras tan largas y represivas dejan memorias divididas, de beneficiados y perseguidos. Como la sombra de esa dictadura se proyectó en toda la transición, fue muy difícil introducir su estudio de forma libre y rigurosa en los centros de enseñanza.

  • ¿Se podría decir que la II República fue ahogada por una tenaza entre la derecha filofascista y una parte del anarquismo?

Esa lectura es muy simple. Entre 1910 y 1931 surgieron en Europa varias Repúblicas, regímenes democráticos, o con aspiraciones democráticas, que sustituyeron a monarquías hereditarias establecidas en esos países secularmente. La mayoría de ellas, y algunas muy significativas como la alemana, la austriaca y la checa, se habían instaurado como consecuencia de la derrota en la Primera Guerra Mundial. La serie había comenzado en Portugal, con el derrocamiento de la monarquía en 1910, y la española fue la última en proclamarse. La única que subsistió como democracia en esos años hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, fue la de Irlanda, creada en 1922. Todas las demás fueron derribadas por sublevaciones militares contrarrevolucionarias, movimientos autoritarios o fascistas. La española no fue una excepción.

  • ¿Existe el guerracivilismo? A este respecto, ¿Cree que la Ley de Memoria Histórica es un buen instrumento contra el olvido y el silencio? ¿Qué opinión le merece que Antony Beevor se haya manifestado en contra de la Ley de Memoria Histórica?

La democracia española necesitaba una ley, aunque ésa fue muy discutida y rechazada desde diferentes frentes. Una ley que integre las diversas memorias, pero que asuma que sólo las víctimas de la represión de los militares sublevados contra la República y de la violencia de la dictadura de Franco necesitan la reparación moral y el reconocimiento jurídico y político después de tantos años de vergonzosa marginación. Una ley que condene a la dictadura franquista y declare ilegítimos a sus órganos represores, desde el Tribunal de Responsabilidades Políticas hasta el Tribunal de Orden Público, y a las sentencias emanadas de ellos. No debería haber ninguna duda en la ilegitimidad de origen de ese sistema de terror institucionalizado, investigado con rigor y detalle en los últimos años por decenas de historiadores.

Con esa ley, la memoria adquiriría una discusión pública sin precedentes y el pasado se debería haber convertido en una lección para el presente y el futuro. Pero el triunfo del PP en las elecciones de 2011, el acoso mediático, el bloqueo judicial y la crisis económica se la tragaron. No conozco lo que ha dicho Beevor sobre el tema.

Con esa ley, la memoria adquiriría una discusión pública sin precedentes y el pasado se debería haber convertido en una lección para el presente y el futuro.

Foto: Lucas Torres

Foto: Lucas Torres

  • Pío Moa aseguró en cierta ocasión que “Es historiador quien escribe libros de Historia” ¿No cree que existen personas que siempre generan polémica y que se quieren mostrar como auténticos portadores de la verdad? 

Es historiador quien escribe libros de historia, médico quien cura y fontanero quien arregla grifos. Ese es el problema, creer que para historiar sirve cualquiera.

  • ¿Qué le ha parecido que la delegada del gobierno entregara un diploma a un miembro de la Hermandad de la División Azul? ¿Es correcto homenajear a una división que apoyó a los nazis en el frente ruso?

A la  derecha española le gusta honrar a franquistas y fascistas. Lo explican a la opinión diciendo que lo hacen como otros honran a republicanos y comunistas. Pero, en el fondo, creen que están honrando a los buenos.

  • ¿No cree que la figura del historiador está muy apartada de los debates que la gente ve continuamente en la televisión? Pienso, sobre todo, en las situaciones en las que se discute sobre la memoria histórica y el franquismo.

Hay historiadores que solo enseñan y no aparecen en los medios. Otros que se llaman historiadores y aparecen en los medios, sin enseñar. Yo prefiero enseñar, escribir y difundir mis historias en los medios. El historiador es alguien que enseña, investiga, pasa filtros en las mejores revistas y publicaciones, debate con otros historiadores en foros académicos… Si no cumple esos requisitos, puede escribir sobre la historia, salir en los medios,  pero no es historiador.

  • ¿Qué opina sobre la situación actual de la Historia y su método de enseñanza en escuelas y facultades? ¿Hacia dónde caminamos?

No hay una única enseñanza ni un único método. Yo lo que defiendo es seguir estudiando, investigando, cambiando las cosas, entrar en contacto con otras historiografías, viajar… Y sobre todo, comunicar con precisión, en la enseñanza y en la escritura, la historia, para que la entienda cuanta más gente mejor.

  • ¿Están justificadas las críticas a la Real Academia de la Historia? ¿Necesita una renovación?

La Real Academia de la Historia es una institución decimonónica que no tiene sentido en la era digital, con buenas universidades y centros de investigación.

  • Nuccio Ordine señala en su reciente manifiesto La utilidad de lo inútil (Acantilado,2013) la progresiva transformación de la universidades en empresas y de los profesores en burócratas. ¿Cómo ve la situación de la educación en España? ¿Qué clase de ministro de educación necesitamos?

Yo  no comparto esa opinión. Si no, no enseñaría en la Universidad, en España y en otros países, no me esforzaría por comunicar mis conocimientos a los estudiantes. Y sé que hay más gente que piensa lo mismo. Hoy queda muy bien denunciar, sin hacer nada para cambiar las cosas.

Hoy queda muy bien denunciar, sin hacer nada para cambiar las cosas.

  • Al igual que con el resto de las carreras de Humanidades, siempre se echa en cara a los alumnos de Historia que lo que estudian no sirve para nada y que no podrán ganarse la vida como historiadores en un futuro. ¿De dónde sale esta mentalidad? ¿Para qué sirve la Historia?

La historia es una herramienta de búsqueda y comunicación. Enseña a leer de forma crítica, a pensar analíticamente, a argumentar con convicción, a precisar los conocimientos. Para eso y para mucho más sirve la historia. Y además, claro, hay que intentar vivir de lo que a uno le gusta. Cuando yo acabé la carrera, en 1979, ya me decían que la historia no servía de nada y que tampoco me daría dinero. No hagan caso.