It was fifty years ago today

Cincuenta años se dicen pronto. Tenemos la sensación, mental, de que el tiempo pasa muy rápido. Y para algunos, 1965 era ayer. Pero han pasado muchos años. Todavía queda mucha gente que tiene esa fecha en la cabeza, fresca, como si no hubiese pasado tanto tiempo. Hay otros que apenas lo recuerdan. Otros ya no están y muchos otros todavía no habían nacido, entre los cuales se incluye el autor de este artículo. Pero vayamos a lo importante: 1965.

Corría ese mismo año, en plena Guerra Fría, el mundo en tensión, la generación del Baby Boom, el nacimiento de la cultura pop, la liberalización sexual, luchas políticas, sociales, guerras… El mundo tenía su propio contexto, pero España tenía otro. La dictadura franquista llevaba cerca de treinta años en pie. Desde finales de los años 50 e inicios de los 60, España se encontraba en una época de crecimiento económico llamada Desarrollismo, gracias en gran medida a la inversión extranjera, sobre todo estadounidense. Ese desarrollo económico promovió el despegue fundamental del turismo en este país, entre muchas otras cosas. Sin embargo, a pesar de ese desarrollo económico, el país seguía sin dar su brazo a torcer en torno a las libertades y los derechos. Era una dictadura, claro. A pesar del inicio de la apertura franquista, muchos ámbitos de la cultura en España seguían siendo oprimidos y censurados. Este clima de apertura para turistas significó la llegada al país, ya desde mediados de los 50, de un gran número de personas llegadas de diferentes partes de Europa, como eran los ingleses, alemanes y muchos nórdicos como noruegos o las suecas, que tanto gustarían en el cine español. Su diferente cultura caló en las nuevas generaciones, que fueron más aperturistas e intentaron adaptarse más a los modos de vida y cultura de la Europa occidental. La llegada de una nueva cultura, implicaba la aparición en España de nuevos gustos, a la hora de vestir, artísticos, cinematográficos, musicales… La cultura pop llegaba. Con esta mezcla, entre nueva cultura y apertura hacia extranjeros, llegaron a la península estilos musicales muy diversos, entre los cuales se situaba el pop o el rock, ante una España que seguía anclada en la música más popular. Es aquí, con la música, donde empieza esta historia.

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En 1965 un grupo inglés, proveniente de Liverpool, había conquistado tanto Europa como América. Su éxito llevaba vigente tres años, desde su efervescencia en 1962, había cosechado un sinfín de éxitos, números uno, discos de oro y hasta grandes críticas. Su estilo estaba revolucionando el panorama musical de la época, con sus canciones melódicas, pegadizas, con buen ritmo y alegres. Además, tenían una legión de fans innumerable, provocando la locura y la histeria colectiva allá por donde iban. Estos jovenzuelos eran cuatro chicos provenientes del Merseyside, cuyos nombres eran John, Paul, George y Ringo. Sí, son los Beatles.

Ese mismo año el cuarteto de Liverpool se encontraba en una de sus largas giras a lo largo del globo, habiendo programado dos conciertos en tierras españolas. Era la primera vez que visitaban España. Y sería la única, si bien es cierto que por separado más de un beatle tuvo conexión con tierras españolas. La prensa del régimen se hizo eco de la futura llegada del grupo británico a sus tierras, llamándoles de todo menos guapos. El término “melenudos”, tonos despectivos hacia sus peinados o su forma de vestir o críticas hacia el efecto que producían en sus fans fueron los principales focos de crítica, injustificada y en cierto sentido retrógrada, que tuvo la prensa española hacia el cuarteto, usando argumentos bastante pésimos para intentar ridiculizar a los futuros recién llegados.

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La atracción más famosa del mundo.

Los Beatles anunciaron dos conciertos en España. El primero, el dos de julio en la plaza de toros de Las Ventas en Madrid. El segundo, el tres de julio en la plaza de toros de La Monumental en Barcelona. Si, a las plazas de toros. Hay que decir que era lo único válido en ese momento, debido fundamentalmente a la carencia tecnológica, en aquel momento muy rudimentaria y que no permitía grandes lujos a la hora de realizar conciertos, sobre todo si se trataba en espacios a cielo abierto, como plazas de toros o estadios.

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Las llegadas en Madrid y Barcelona. Que turistas tan poco típicos.

La llegada de los Beatles a España volvió a traer consigo histeria y locura de los fans, a pesar del contexto del régimen franquista. El cuarteto llegó a Madrid el dos de julio, siendo recibido por una multitud en el aeropuerto. Pasaron el día por la capital madrileña, donde se empaparon de la “cultura” española para un turista: flamenco, toros, alcohol (aunque sin pasarse, eh). A las ocho y media, ante una asistencia más discreta de lo esperado, aunque bastante aceptable, el grupo tocó sus temas más conocidos hasta ese momento (más concretamente hasta el disco Help!, que saldría en agosto de ese año). Tras ese primer concierto ante el griterío de los fans y las críticas de la prensa del régimen, los “Fab four” marcharon hacia la Ciudad Condal. Allí, tocarían en La Monumental, ante una buena audiencia, aunque también algo discreta para lo que se podría haber esperado. Tras dos días largos, el cuatro de julio el cuarteto de Liverpool abandonó España. Nunca más volverían a tocar aquí, aunque en su defensa, el grupo sólo daría conciertos hasta 1966 por lo que no tuvieron mucho más tiempo para volver. Aunque no volviesen como grupo, algunos de sus miembros estuvieron ligados, de una u otra manera a España. Alguno estuvo en algunas vacaciones u otro estuvo en Almería grabando una película.

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Mostraron su gran sentido del humor con la benemérita. Y para marcarse un baile.

La visita de los Beatles fue fugaz, rápida y se podría decir que muy discreta. Sin embargo, eso no implicó que marcaran su impronta en la sociedad.

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¡Pasaron los Beatles!

Sí, pasaron los Beatles. En una nota de prensa rezaba así el titular. Una nota muy crítica pero también premonitoria: “(…) su estrella declina a pasos agigantados” o “En adelante los Beatles van a estar poco en candelero”. La prensa fue muy injusta y siempre se vio su visita como una especie de desgracia, ya que se pensó que los Beatles representaba la cultura y los modos de vida de una sociedad occidental que se intentaba evitar en España a toda costa, por sus ideas progresistas y su contracultura. Premonitoria lo fue, ya que, aunque si bien es cierto que existieron hasta 1970, un año después dejaron de dar conciertos para centrarse en la creación musical. Aunque curiosamente, cuando abandonaron el show de las actuaciones crearon su mejor y más apreciada obra por la crítica, demostrando que no eran un simple grupo “pop”. Sí, se nota que el autor de este artículo es un gran fan de este grupo. Pero vayamos a lo importante.

Los Beatles es uno de los grupos más importantes del siglo XX y una de las razones es su impronta en la cultura popular. Pusieron de moda un estilo de vestir, de peinarse, un estilo musical… Eso se notó en Gran Bretaña, Estados Unidos y en casi a todos los lugares donde fueron. Y España, a pesar de su contexto, no sería una excepción. El fenómeno fan, tan mitificado, elogiado como criticado, evolucionó de manera insospechada con los Beatles (también con otros grupos y artistas de la época). En España el fenómeno fan era más pequeño, más indeleble y a menor escala. Los Brincos o Los Bravos o incluso en menor medida aún el Dúo Dinámico, un “imberbe” Nino Bravo o un Raphael que daba sus primeros coletazos, formaban el grupo del fenómeno fan que podía ser comparable al movimiento fan en otros países, pero lógicamente en una menor medida. Los beatlemaníacos, como se hacen llamar los fans del grupo homónimo, poco se notaron en España, pero dejaron su huella. La beatlemanía abrió paso a muchos movimientos de fans de multitud de grupos y artistas tanto nacionales como internacionales, provocando la misma (o casi o incluso más) histeria y locura por estos músicos.

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¿En qué influyeron de verdad en la sociedad española? ¿Es posible afirmar que tuvieron algún tipo de influencia? Es una cuestión compleja. Influyeron, sí, pero tampoco de forma excesiva. Sin embargo y a pesar de sólo haber visitado España una vez, calaron entre una pequeña parte de la sociedad. Se podría afirmar que tuvieron algún tipo de influencia, sí, pero no tendría el mismo efecto que pudo tener en Gran Bretaña o en Estados Unidos.

Hay que pensar que España se encontraba, como bien sabrán, en una dictadura, un régimen totalitario que cercenaba libertades y derechos y ejercía una sólida censura. Como bien sabrán también, la llegada de turistas abrió las puertas a nuevas ideas y una nueva cultura, cosa que no gustaba en las altas esferas del régimen franquista. Los Beatles personificaron, sin quererlo, las ideas progresistas provenientes de la Europa occidental, que tanto anhelaban los ciudadanos españoles y tanto odiaba el régimen. Su peculiar sentido del humor, su peinado, su forma de vestir y su estilo musical representaban todo ese progreso. Curiosamente, todo esto fue usado en contra de los Beatles por parte de la prensa para intentar difamar, criticar y ridiculizarlos frente a la sociedad que observó perpleja la llegada de unos jóvenes extranjeros que provocaban locura y tocaban una música alegre y melodiosa. Las críticas se centraban en los peinados y en la forma de vestir, demasiado moderna y vanguardista y con unos peinados que se llegaron a considerar estrafalarios. El régimen no quería que esos chicos fueran inspiración o influencia de movimientos contraculturas o musicales, ya que representaban, en cierto sentido, los males de una sociedad que el tradicionalismo patrio no quería ver ni en pintura. Sin embargo, estas ideas, retrógradas, no surtieron efecto en la popularidad de los Beatles, que si bien no eran tan grande como en muchos otros países, tenían su núcleo de seguidores. Y, para más inri, los Beatles influyeron en los modos de vestir y sobre todo en el peinado. Se popularizó el corte de tazón y el pelo tipo casco, mop-top para los angloparlantes, con ciertas variaciones para parecerse más a cada beatle. También en la ropa se notó la influencia británica, comenzando a entrar estilos llegados de las islas, que tardarían en entrar y en popularizarse, cosa rara en España, sobre todo a partir de la segunda mitad de los 60. Y que decir de la influencia musical. Con su llegada, el pop se popularizó, valga la redundancia. Su música, un rock/pop melódico, alegre y con ritmo aunque con tintes de rock ‘n’ roll cincuentero e incluso mezcolanza de estilos como el skiffle o el rockabilly, se metió a mucha gente en el bolsillo muy pronto y entre ellos a ciertos grupos emergentes del panorama musical español. ¿Los más importantes? Pues quizás los ya antes mencionados: Los Bravos y Los Brincos, éstos últimos llamados los Beatles españoles. Su música se puso muy de moda a partir de la visita de los británicos a España, consiguiendo una breve etapa de éxito, que no duró más que hasta los 70. Su influencia fundamental fueron los cuatro de Liverpool, principalmente a nivel musical con rock melódico e incluso en la indumentaria, muy arreglados de traje, como en su momento popularizaron los “Fab four”.

Es arriesgado hablar de “a partir de los Beatles, la sociedad española se comenzó a abrir más”. Ya no es que sea arriesgado, es que es algo incorrecto. Si bien, como se ha explicado, el grupo de Liverpool tuvo su impronta, no fue la única razón de apertura de la sociedad, sobre todo en unos años 60 que comenzaba a verse que el régimen se iba poco a poco viniendo abajo por los vientos de cambio llegados por las nuevas ideas traídas desde fuera del país. La contracultura y los movimientos sociales comenzaban tímidamente a hacerse hueco en España, aunque no tendrían mucha fuerza hasta finales de los 60 y comienzos de los 70, cuando el régimen agonizaba. La canción protesta o la reorganización de las fuerzas contrarias al régimen también influyeron en una población que llevaba años o décadas ansiando volver a ser una sociedad con sus libertades y derechos.

La visita de los Beatles a España fue de luces y sombras, como bien han visto. Importancia y fugacidad, crítica e influencia, toda una mezcla de factores que acompañaron al cuarteto de Liverpool en su corta estancia en tierras españolas y que, aunque sólo fueron dos conciertos, su impronta sigue ahí y algo tiene que ver que se siga recordando esta fecha, sobre todo cuando se cumplen cincuenta años de la misma. Una efeméride muy especial para recordar a un grupo que nos enseño, entre muchas cosas, que todo lo que necesitamos es amor, que las cosas se hacen mejor con un poquito de ayuda de nuestros amigos y que la amistad es lo más importante y que al final el amor que uno transmite es equivalente al que uno recibe.