La Roma de los Graco

Las bestias que discurren por los bosques de Italia, tienen cada una sus guaridas y sus cuevas; los que pelean y mueren por Roma sólo participan del aire y de la luz, y de ninguna otra cosa más, sino que, sin techos y sin casas, andan errantes con sus hijos y sus mujeres; no dicen verdad sus caudillos cuando en la batalla exhortan a los soldados a combatir contra los enemigos por sus aras y sepulcros, porque de un gran número de romanos ninguno tiene ara, patria ni sepulcro de sus mayores; sino que por el regalo y la riqueza ajena pelean y mueren, y cuando se dice que son señores de toda la tierra, ni siquiera un terrón tienen propio. Discurso de Tiberio Sempronio Graco (recogido por Plutarco).

En la segunda mitad del siglo II a.C. Roma era ya la dominadora del mundo civilizado. Las guerras que la República había entablado contra enemigos como Cartago o las diversas monarquías helenísticas habían traído como consecuencia la anexión de un enorme territorio al Estado romano. Las conquistas permitieron además un flujo constante de riquezas, mercancías del más diverso tipo y esclavos a Roma, convirtiendo a la que fue una pequeña comunidad de campesinos del Lacio en el eje vertebrador del Mediterráneo.

Pero toda esa riqueza no alcanzó por igual a todas las capas de la sociedad romana, sino que fue acaparada por la aristocracia y, en menor medida, por el pujante orden ecuestre. Todo ello trajo como consecuencia una serie de transformaciones económicas y sociales que dejaron  a la luz las profundas incoherencias del sistema romano y abrieron la puerta a las convulsiones sociales que caracterizaron a Roma desde mediados del siglo II a.C. y que serían uno de los factores que provocarían la caída de la República y el ascenso del Imperio.

Los-Gracos

Estatua que representa a los hermanos Graco

Tiempos de conquista (202-146 a.C.): guerra, sociedad y economía en la época de la expansión 

En 202, Escipión el Africano ponía fin a la segunda guerra púnica gracias a su victoria sobre Aníbal en Zama. Es ahora, a partir de la victoria sobre su más grande rival, cuando Roma se lanza de forma decidida a la conquista del mundo. No es éste el espacio idóneo para esclarecer las motivaciones que empujaron a Roma a tan hercúlea empresa; ni tampoco lo es para describir de forma minuciosa toda esa serie interminable de guerras, conquistas y batallas. Si podemos referirnos de forma un tanto esquemática a los más importantes de esos conflictos: Macedonia, la patria del gran Alejandro, fue sometida tras una serie de cuatro conflictos bélicos que se extendieron entre 214-148, y que acabaron con la otrora potencia mundial reducida a la categoría de provincia romana. Poco después, en 146, la orgullosa Corinto era arrasada sin piedad, poniendo punto y final a la conquista de la Hélade. Pero de la ruina de Grecia tuvo Roma un regalo más precioso que el oro, pues toda la cultura, las artes y las letras penetran de forma masiva en la ciudad de las siete colinas, alcanzando de esta forma el culmen un proceso que se había iniciado ya con la conquista del sur de Italia. El mismo año de la destrucción de Corinto, Escipión Emiliano cerraba el círculo con la conquista y destrucción de Cartago, que fue entregada a las llamas. El terreno sobre el que se había levantado la gran ciudad fue consagrada a los dioses infernales, declarándose malditos a aquellos que osasen volver a morar allí (detalle importante que conviene recordar). En último lugar, pero no menos importantes, habría que añadir las conquistas realizadas en Hispania y en el norte de Italia.

Esta serie casi ininterrumpida de conflictos bélicos implicó una serie de cambios en los ámbitos económico y social. El fin de la segunda guerra púnica es el punto de arranque de este proceso con una primera consecuencia es de tipo demográfico, si el censo de 233 recoge 270.000 ciudadanos en disposición de ser movilizados, en 204 esa cifra se reduce hasta 214.000. Es decir, encontramos un descenso muy significativo de la mano de obra -y a la vez de posibles candidatos al ejército-.

La guerra había arruinado al pequeño campesinado: no debemos olvidar que el ejército romano estaba compuesto fundamentalmente por pequeños propietarios, por lo que fueron los que más bajas sufrieron en los combates. En relación con lo anterior, vemos que a lo largo de todo este período los soldados que volvían de prestar servicio se encontraban con que sus tierras habían permanecido incultas o habían sido arrasadas por el enemigo. Cuando intentaban retomar el trabajo, en muchos casos eran incapaces de sacar adelante sus tierras y acostumbraban a caer endeudados. Ante esta tesitura tan poco halagüeña, muchos optaban por emigrar a Roma en busca de mejores condiciones de vida (según un decreto dado el día después de la batalla de Pidna en 168, los ciudadanos residentes en Roma quedaban exonerados del pago de impuestos); otros muchos se quedaban en el campo, pero solían ver su posición reducida a la de meros jornaleros. La sangría de la guerra con Cartago se trajo en la aparición de grandes extensiones de tierras yermas, ya que los brazos disponibles eran insuficientes.  Esto, unido a que desde este momento se exportaron de forma masiva cereales desde el exterior, hizo que los producidos en Italia fuesen muy poco competitivos, llevando a la ruina subsiguiente a muchos de los pequeños propietarios que quedaban.

La principal consecuencia que se deriva es el proceso de concentración agraria que se acelera en estos años: los latifundios agrarios van creciendo a costa de los pequeños campesinos. Estas grandes propiedades son trabajadas por mano de obra esclava, que ha visto su coste muy reducido a causa de la masiva afluencia de esclavos provenientes de las victorias en el exterior. Estas explotaciones se dedicaban sobre todo al cultivo de la vid y la olvida en vistas a su exportación a los nuevos mercados.

Imperio romano en la segunda mitad del siglo II A.C.

La expansión de Roma en la segunda mitad del siglo II a.C.

De la desgracia de unos, la prosperidad de otros. Mientras el pequeño campesino italiano se veía abocado a la pobreza, otro grupo social, el de los caballeros, experimentaban un alza sin precedentes. Los miembros del orden ecuestre habían acumulado un sin fin de riquezas que obtenían mediante varias vías: gracias a las adjudicaciones públicas (tales como el cobro de impuestos en las provincias, tasas, obras públicas, peajes), negocios comerciales y también a sus propiedades agrarias.

Así pues, observamos que la sociedad romana experimentó en muy poco tiempo importantes cambios en todos los niveles; desde el meramente económico al cultural. Ese proceso pondría en tela de juicio no sólo el funcionamiento del Estado, sino también la escala de valores por la que se regía esa sociedad, y provocaría un choque entre los ”filo-helenos”, encabezados por el clan Escipión; y los defensores de las viejas tradiciones, que tenían como principal portavoz a Marco Porcio Catón, que ha pasado a la historia con el sobrenombre de ”el Censor”.

 Tiberio Sempronio Graco (164-133 a.C.)

Es la hora de volver nuestra mirada a los protagonistas de este relato, dos hermanos: el mayor, Tiberio; el menor, Cayo. Pertenecían a la gens de los Sempronio, una vieja estirpe noble de origen plebeyo. Su padre, Tiberio Sempronio Graco, fue cónsul en dos ocasiones y se casó con Cornelia, hija de Escipión el Africano. El viejo Graco murió pronto, dejando a su esposa el cuidado de sus tres hijos (Tiberio, Cayo, y una niña: Sempronia). Era Cornelia una mujer excepcional, personificación de la verdadera matrona romana. Su popularidad fue tal, que el mismo rey de Egipto la pidió en matrimonio, siendo rechazado por ésta. La madre no escatimó en gastos a la hora de educar a sus hijos: Diófanes de Mitilene y el filósofo Blosio de Cumas inculcarían sus conocimientos en las jóvenes mentes de los hermanos.

Los años pasan, y nos encontramos a Tiberio combatiendo en la tercera guerra púnica, la más injusta y cruel de las que emprendió la República, instigada por los intereses egoístas de los grandes terratenientes liderados por Catón, que pronunció su célebre ”Delenda est Carthago”. Es aquí donde el historiador S. I. Kovailov señala como el momento en que nace el embrión de la idea de la reforma agraria. En la contienda, luchó bajo las órdenes de su cuñado, Escipión Emiliano -que casó con Sempronia-; el círculo de los Escipiones se caracterizaba por sus tendencias reformadoras, aunque moderadas en comparación con lo que llevarán a cabo los Gracos. Nuestra siguiente parada nos lleva al año 137, momento en que Tiberio parte como cuestor a la guerra contra Numancia. Cuenta Plutarco que el viaje le causó una honda impresión, pues al pasar por Etruria vio los campos trabajados por ”extranjeros y bárbaros” . En la guerra numantina, Tiberio salvó a un ejército entero gracias a un acuerdo alcanzado con los celtíberos; su conducta, así como la del cónsul Mancino fue considerada vergonzosa al firmar un tratado tan desfavorable, ganándose los ataques del senado y siendo sólo salvado por la intervención de sus amigos.

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Jules Cavelier, Cornelia, madre de los Graco, 1861. Musée d’Orsay

Es entonces, cuando Tiberio se presenta a las elecciones a tribuno de la plebe, consiguiendo el apoyo de los votantes y asumiendo el cargo el 10 de diciembre de 134. Tiberio elabora un programa, su Rogatio Sempronia, que contiene los siguientes puntos: en primer lugar, se establece que cada poseedor de tierra estatal (ager publicus) sólo puede mantener una propiedad de 500 yugadas, si tenía hijos, se le concederá además, por cada uno, 250, con la limitación de que cada familia no podía poseer más de 1000 yugadas. En base a lo anterior, esa tierra estatal restante deberá ser restituida al dominio público, que se encargaría de redistribuirla a los ciudadanos pobres a través de un arriendo de carácter hereditario, además se prohíbe la venta de tales tierras. La asignación de las tierras será llevada a cabo por una comisión establecida especialmente para ello (Triunviri agris judicandis adsignandis), sería elegida por la Asamblea popular por un año y estaría compuesta por tres miembros (los hermanos Graco, y el suegro de Tiberio, Apio Claudio). Para la elaboración de su programa medidas, Tiberio contó con la ayuda de del gran jurista Publio Mucio Escévola y del futuro sumo pontífice, Publio Licinio Craso, ambos partidarios de la reforma.

Los grandes perjudicados son los grandes propietarios. El Senado se opone como es natural, e intenta contrarrestar a Tiberio con otro tribuno, Octavio, que vetó la ley recurriendo a su derecho de intercessio. La reacción de Graco no se hizo esperar, y prohibió a los magistrados ocuparse de los asuntos de estado hasta que el proyecto de ley no fuese votado. A partir de ahí, la atmósfera se vuelva cada vez más tensa; cuando los comicios por tribus son convocados Octavio vuelve a ponerse. Ante esta tesitura, trata de apelar al Senado, y ante la oposición de éste recurre al pueblo, convocando de nuevo a los comicios que acaban por destituir a Octavio. El proyecto es al fin aprobado y adquiere fuerza de ley (Lex Sempronia). Tiberio tiene además otros proyectos: la disminución del período de servicio militar, el derecho de apelación al pueblo contra las sentencias judiciales, igual número de caballeros y senadores en los colegios judiciales y finalmente la concesión de la ciudadanía a aliados y latinos.

En verano de 133 presenta su candidatura para el año siguiente. La tensión entre partidarios y enemigos de la reforma es tal que hay que suspender una reunión de la asamblea. Al día siguiente, los favorables ocupan la plaza del Capitolio, donde debían llevarse a cabo los comicios. Al mismo tiempo, en el templo de Fides, se reunía el Senado. En la asamblea, Tiberio hizo un gesto indicando su cabeza, lo que fue usado como pretexto por sus enemigos para informar al Senado que pretendía la corona. En ese momento, gran número de senadores encabezados pro el pontífice máximo, Escipión Násica, se lanza sobre la plaza y causa una verdadera masacre. Tiberio, cuyo cuerpo queda tendido a los pies de las estatuas de los siete reyes de Roma, y 300 de sus partidarios, son asesinados y sus cuerpos arrojados al Tíber.

Cayo Graco

Discurso de Cayo Graco en el foro

Inmediatamente, se creó una comisión para actuar contra los partidarios de Graco, pero no se atrevieron a tocar la ley agraria. Para sustituir a Tiberio en la comisión se eligió a Licinio Craso, que murió al poco tiempo en combate, más o menos al mismo tiempo que lo hacía Apio Claudio. Los tres miembros serán finalmente Marco Fulvio Flaco, Cayo Papirio Carbón y el propio Cayo Graco. En estos años se revelan cada vez más complicaciones, como por ejemplo el tema de las posesiones de los aliados italianos, si se cumple la ley también habría que infligir los tratados. La cuestión es delicada, ya que además el Senado y buena parte de los ciudadanos se oponen a la concesión de la ciudadanía a los aliados, causando algunas revueltas menores por parte de éstos.

Cayo Sempronio Graco (154-121 a.C.)

Volvamos ahora nuestra mirada al menor de los hermanos, hombre de extraordinaria oratoria y de una voluntad férrea. Presenta en 124 su candidatura a tribuno para el año siguiente, accediendo al cargo el día 10 de diciembre.  Cayo parte de los objetivos de su hermano, pero fue mucho más allá. Se encontró ante sí con toda una serie de obstáculos: el problema de la cuestión agraria, la democratización de la estructura política y la extensión de la ciudadanía. Rescatamos algunas de las medidas más destacadas:

En primer lugar, impulsó una nueva ley agraria  que repetía la de 133 y restauraba el poder de los triunviros. La Lex frumentaria, decretaba que el Estado debía vender grano por debajo del precio del mercado, lo que trajo consecuencias negativas al hundirse los precios en el mercado y golpeando a la economía de Italia. La Lex judiciaria, que pretendía darle mayor peso a los caballeros en las comisiones que vigilaban los abusos en las provincias. La Lex militaris, reducía al servicio a 17 años y establecía que el equipo debía ser sufragado por el Estado.

Es reelegido para el año 122, trayendo con el nuevo año dos nuevas medidas: en primer lugar una ley que tenía como objetivo la creación de colonias e Italia y más sobresaliente aun, en Cartago, a la que se llamaría Junonia. Además, tenía en mente un proyecto para la concesión de la ciudadanía, siendo los primeros que la recibirían los aliados latinos. Las nuevas medidas contaron con la enérgica negativa del Senado, que en un inteligente movimiento antepuso un contraproyecto de apariencia más radical por medio del tribuno Marco Livio Druso. La creación de 12 colonias de 3.000 hombres cada una exentas de impuestos, y la prohibición a los comandantes romanos de someter a castigos corporales a los latinos durante las marchas, eran algunas de las propuestas.

XMB175568 Death of Caius Gracchus (c.159-121 BC) 1792-97 (oil on canvas) by Topino-Lebrun, Francois Jean-Baptiste (1769-1801); 387x615 cm; Musee des Beaux-Arts, Marseille, France; (add.info.: murdered by his slave who then killed himself;); Giraudon; PERMISSION REQUIRED FOR ADVERTISING USE; French, out of copyright PLEASE NOTE: The Bridgeman Art Library works with the owner of this image to clear permission. If you wish to reproduce this image, please inform us so we can clear permission for you.

François Topino-Lebrun, La muerte de Cayo Graco, 1798

En primavera, marcha a África para estudiar sobre el terreno el emplazamiento de la colonia. Durante su ausencia, los disturbios son cada vez más continuados. Cuando a su vuelta propone la Rogatio de sociis et nomine latino, el cónsul Cayo Famio -contrario a él- apela al egoísmo de los romanos. El día de la votación, la ley no prospera. Es ahora cuando Cayo es vulnerable, habiéndose reducido sus apoyos y viéndose excluido para repetir el cargo al año siguiente. El bando reaccionario vio que había llegado el momento y se presentó una propuesta para liquidar las colonias. La asamblea se reunió en el Capitolio, mientras que el Senado presidido por el cónsul Opio hacia lo mismo. La muerte de un lictor fue el pretexto necesario para que el cónsul recibiera poderes extraordinarios. A continuación, se produjo una refriega entre ambos bandos que terminó con más de 3.000 muertos. Graco, viendo que la causa estaba perdida, se suicidó.

Significado histórico  

Con los Graco eliminados, ¿se perdió su obra? No del todo; muchas de sus medidas no pudieron ser abolidas, tales como los tribunales compuestos por caballeros o muchas de las colonias creadas.  La cuestión agraria es más compleja, ya que se disolvió la comisión agraria y fueron abolidos el arriendo hereditario y la prohibición de vender las tierras.

¿Fueron los Graco ”revolucionarios”? A pesar del conjunto de medidas que llevaron a cabo, tenemos que decir que no. No pretendían sustituir un modelo social por otro, no buscaban tampoco la imposición de un nuevo modo de producción. De la misma forma, no podemos pensar en los Graco como dos ”iluminados” que aparecen de repente y se dan cuenta de que algo va mal. En realidad, son herederos de una corriente presente ya con anterioridad en algunos nobles romanos (véase el círculo de los Escipiones), pero lo que si hicieron fue llevar esas medidas a un extremo insospechado hasta ese momento. Dice Apiano que lo que los Graco pretendían era recomponer el poder militar de Roma, que se sustentaba en esos pequeños propietarios que parecían a punto de desaparecer. Es posible, aunque no seguro, que estuviesen influidos por una lectura igualitaria del estoicismo, que creían en la similitud de todas las almas y grupos sociales.

En cualquiera de los casos, la muerte de los Graco significó un punto de inflexión: la última oportunidad de la ya anquilosada República romana por renovarse ante el avance de los tiempos (el ascenso de los caballeros), y por remediar los principales problemas que ya la aquejaban: la cuestión de los aliados latinos e italianos, el problema agrario, el debilitamiento militar. Todos ellos serían los ingredientes perfectos para un caldo de cultivo que alcanzaría su punto de ebullición en el siglo I a.C. en que varias generaciones  de romanos nacieron y murieron en un clima de constante guerra civil. Indirectamente, los Graco dieron la primera puñalada a la República que ellos mismos querían salvar.

BIBLIOGRAFÍA

JERPHAGNON, L. (2007): Historia de la Roma Antigua, Edhasa, Barcelona.

KOVAILOV, S. I. (2007): Historia de Roma, Akal, Madrid.

MOMMSEN, Th. (2003): Historia de Roma, Turner, Madrid.

ROSTOVTZEFF , M. (1981): Historia social y económica del Imperio Romano, Espasa-Calpe, Madrid.

WEB 

http://www.imperivm.org/cont/textos/txt/plutarco_vidas-paralelas-tvi-tiberio.html