Historia, raza y baloncesto

A pesar de mi tardanza, os traigo otro artículo, pase lo que pase y digan lo que digan. Éste seguirá la línea marcada este último mes. Bueno, tendrá el mismo tema que otro artículo publicado en este periodo, aunque en este caso es la entrevista. Pues si, estoy hablando del baloncesto, obviamente. Aunque claro, por el título estaba claro que iba a ser de ello. Sin embargo, en Noitábrega no tenemos sección de deportes. Y esto está en la sección de Historia. Entonces, ¿de qué trata esto?

Este año falleció Earl Lloyd. No, no os va a sonar salvo que sigáis leyendo o que lo busquéis en Google. Entre el 2014 y el 2015 que llevamos se sucedieron en Estados Unidos diversas protestas y tensiones raciales en diferentes puntos del mapa. Si, son dos oraciones muy diferentes y que no tienen nada que ver una con la otra. ¿O si? A su manera. O a mi manera, ya que por aquí van los tiros de lo que se va a hablar aquí.

El Movimiento por los Derechos Civiles y baloncesto. ¿Qué tiene que ver una con la otra cosa? Nada. Todo. Tienen más cosas en común de lo que parece y a la vez no tienen nada que ver. ¿Por qué? Bueno, todo a su tiempo, jóvenes aprendices.

Esto todo es un batiburrillo inconexo. Vamos a intentar conectar todas las piezas del puzzle. Para que esto sea un artículo de Historia habrá que hablar de ello. Remontarse a un tiempo pasado. No mejor, pero si pasado. Y eso es lo que haremos primero.

Estados Unidos siempre fue un país racista. O tradicionalmente racista. A día de hoy, sigue teniendo esa raíz, ese gusto por la segregación, por los prejuicios raciales, por la xenofobia, por la intolerancia. Muy en el fondo, si, pero lo siguen teniendo a pesar de todo. Y eso que son el país de la libertad y la democracia, eh. Ferguson o Baltimore son dos de los últimos ejemplos de esa historia oscura, negra, de los Estados Unidos racista que siempre ha seguido latente. Nunca mejor dicho.

Lógicamente esta situación era peor en los 40, en los 50 o en los 60. O ya incluso antes. Los ciudadanos afroamericanos buscaron siempre la obtención de los mismos derechos civiles y laborales que los ciudadanos blancos. Una igualdad de derechos y libertades. Durante los años 50 “nació” el llamado Movimiento de los Derechos Civiles. Este movimiento, valga la redundancia, se encargó de una maquinaria de protestas y reivindicaciones sociales, legales y políticas para la igualación de derechos antes nombrada. ¿Se logró? Sí. Desde 1955 hasta mediados de los años 60, se consiguieron grandes logros. Un 1 de diciembre de 1955 la ciudadanía afroamericana despertó gracias a Rosa Parks y a su asiento de autobús. Su negativa propició una gran protesta y boicot en Montgomery (Alabama) convocada por Johnnie Carr o Martin Luther King y duró un año. El cambio, una palabra muy de moda actualmente, comenzó, obligando a cambiar una ley estatal, algo inaudito hasta el momento. Con la actuación en Montgomery se suele dar como fecha al pistoletazo de salida al Movimiento. Tras la acción de Rosa Parks, se sucedieron en los siguientes años protestas, convocatorias en masas, ocupaciones de edificios, boicots, resistencia no violenta, desobediencia civil, los llamados viajes por la libertad (viajes en autobús de jóvenes afroamericanos en contra de la segregación), manifestaciones… Una década prodigiosa que consiguió acabar con numerosas leyes discriminatorias y la obtención de los plenos derechos civiles. El momento culminante es en el 1963 entre los sucesos de Birmingham, que acabaron con multitud de leyes discriminatorias en el estado de Alabama y sobre todo la Marcha sobre Washington del 28 de agosto de 1963, en el cual Martin Luther King Jr. pronunció su icónico discurso de “I have a dream”. El objetivo era claro: que la administración de John Kennedy aprobara la Ley de Derechos Civiles, que proveía muchos de los logros que intentaban conseguir: vivienda y trabajo justo, plenos derechos sociales, civiles y de voto, educación integrada (integración de los afroamericanos en todas las universidades) o eliminación de leyes segregacionistas. Aunque Kennedy no la pudo firmar por su repentina muerte en noviembre de ese año, su sucesor Lyndon Johnson la sacó adelante, en 1964 (Civil Right Act of 1964) y también sacó adelante la Ley de Derecho a voto de 1965 (que no hace falta explicar como beneficiaba a los afroamericanos). A partir de ese momento, el Movimiento comenzó a llevar a cabo otras acciones de protestas para la eliminación absoluta del racismo en Estados Unidos. Como punto final del Movimiento se suele poner la fecha de la muerte de Martin Luther King en 1968, pero sin embargo estas acciones han continuado hasta la fecha de una u otra manera.

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Hasta actores de Hollywood asistieron a este brillante percal. El sueño fue posible.

Una de las cosas que más se podría destacar del Movimiento por los Derechos Civiles es la congregación de diferentes ideas y posturas, principalmente llevadas a cabo por Martin Luther King y Malcolm X, uno cristiano y el otro musulmán, lo cual les ocasionaría ciertos problemas de como llevar a cabo la forma y del Movimiento. Aunque el objetivo común era el mismo, las formas eran diferentes. Además nos encontramos con ciertos grupos de diferente índole, desde las alas sindicales hasta posiciones más conservadoras. O incluso posiciones más izquierdistas, como los Panteras Negras. Todo un batiburrillo de ideas pero con un objetivo común: la eliminación del racismo.

A pesar de todos los logros del Movimiento por los Derechos Civiles, a nivel mental hay un problema. Es decir, el racismo no se ha eliminado. Las leyes si lo han eliminado. Pero las mentes no. Y eso es el problema. Que siguen en pie mentalidades racistas y eso sigue siendo un mal común que se mantiene. Ferguson o Baltimore son dos ejemplos, pero los ha habido y los habrá.

¿Y todo esto qué tiene que ver con el baloncesto? Pues vamos allá.

Este año murió Earl Lloyd. Sí, ya lo he dicho. ¿Pero quién era este hombre? Pues fue el primer jugador afroamericano en jugar en la NBA. No voy a hablar mucho de él, ya que existen numerosos artículos sobre el jugador en cuestión, pero si os diré alguna cosilla de más. Fue un auténtico pionero. Aunque no fue el primer jugador afroamericano en ser seleccionado en el Draft (sistema de elección de jugadores universitarios e internacionales para los equipos de la NBA), cuyo honor recae en Chuck Cooper, fue el primero en jugar un partido oficial. ¿El año? 1950. Temprana fecha, sí. En 1946 había nacido la NBA (bueno, no nació como la NBA, si no como la BAA (Basketball Association of America) que se fusionaría después con la NBL (National Basket League) dando lugar a la NBA). Y sólo cuatro años después llegarían tres jugadores afroamericanos. Los dos anteriormente mencionados y Nat Clifton. Un año después, en el 1951 llegaría otro, Don Barksdale. El caso de éste último es curioso, ya que fue el primer jugador afroamericano en jugar unos Juegos Olímpicos (Londres en 1948) y un All Star (El partido de las estrellas de la NBA, en 1953). Pioneros en una época difícil.

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Earl Lloyd en su época con los Detroit Pistons.

Earl Lloyd jugó diez años en la NBA, llegando a ser campeón en el 1955. Nat Clifton, apodado Sweetwater, jugó 8 años. Chuck Cooper jugó 6 años. El caso de Barksdale fue de solo cuatro temporadas, pero muy limitado por las lesiones. Aún así, fue por logros el más exitoso de estos primeros pioneros, a título individual. Sus carreras no fueron de estrellas ni sus estadísticas. Como jugadores, pues eran de un nivel medio. Sin embargo, son leyendas, son historia. Su mérito es mayor que el de otros jugadores.

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Una foto para la historia. Don Barksdale (Boston Celtics) y Nat Clifton (New York Knicks)

La integración racial en la NBA comenzó en 1950, pero como ya hemos dicho, con jugadores que a pesar de ser leyenda, fueron de nivel medio y que a penas destacaron. A mediados de los 50 comenzó el Movimiento de los Derechos Civiles. Un contexto diferente, un contexto de cambio. Las primeras estrellas de la NBA eran jugadores blancos. Así, tajante. Y cierto. George Mikan, Bob Pettit, Bob Cousy, Joe Fulks… Pero se produjo el cambio. Las llegadas de hombres como Bill Russel, KC Jones, Sam Jones o Wilt Chamberlain transformaron la liga. Estos futuros genios del deporte de la canasta sufrieron en sus carnes el racismo en la Universidad o en sus primeros compases en la liga. Pero el contexto y su éxito cambio esos insultos por elogios, ánimos y una gran legión de fans. La llegada de los jugadores afroamericanos cambió el estilo de jugar. Eran más rápidos, más ágiles, más extrovertidos, más llamativos. Más alegres. El cambio de contexto influyó, sí, pero no del todo. ¿O acaso tiene que ver el ser buen jugador con la raza?

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Wilt y Bill. Bill y Will. Cuando la NBA encontró a sus dos estrellas negras.

Asunto escabroso. ¿La raza importa? No. ¿Entonces triunfaron y cambiaron las normas por su color de piel? No. Cambiaron la historia porque fueron unos grandiosos jugadores, los mejores de su época. Si, eran negros, pero no significa que por eso sean mejores. Sigue estando muy extendido el estereotipo de que “si es negro, es el mejor del equipo” o “el baloncesto es un deporte de negros”. O frases de ese tipo. Siempre ha habido estrellas blancas y estrellas negras. La diferencia es que en la actualidad cerca del 80% de los jugadores de la NBA son negros. Y la mayor parte de los mejores jugadores, por no decir casi todos, son de raza negra. Si, parece que la raza tiene algo que ver. Pero no. La única diferencia es que juegan mejor o juegan peor. Pero eso es cada uno, y va más allá del color de la piel.

Retomando el tema. ¿Tuvo algo que ver el contexto histórico con este cambio? Puede ser. A lo largo de los años 50 y de los 60 se fueron consiguiendo éxitos tanto en el baloncesto NBA como en la NCAA (baloncesto universitario). Los ya nombrados pioneros en la máxima competición estadounidense se le podría añadir una larga lista de nombres de universitarios. De los cuales nombraremos algunos casos.

En plenas y profundas transformaciones, algunos entrenadores fueron voz de cambio. Dean Smith (fallecido también este año y antiguo entrenador de la Universidad de Carolina del Norte), Bobby Knight (controvertido y genial entrenador, ya retirado, de la Universidad de Indiana), John Wooden (fallecido entrenador que entrenó a la Universidad de California durante años, obteniendo numerosos récords y que fue un gran luchador contra los equipos/universidades que no aceptaban a alumnos negros) o el caso de Don Haskins. Y que decir de los jugadores, entre los que se suman los antes mencionados y cientos de nombres más. Durante muchos años sufrieron el acoso y los insultos de por parte de aficiones contrarias, en ciertos lugares del país. Que si había un jugador, que si había dos. Les daba igual. La segregación seguía siendo un hecho y no cambiaba. Sobre todo si el equipo contra el que jugabas tenía a un afroamericano. Y si había varios, mucho peor. De los insultos se llegaban a las innumerables amenazas. Las universidades más potentes en el plano deportivo no tenían problema de aceptar a jugadores afroamericanos en sus equipos. El problema siempre fueron las universidades de carácter más conservador. Y que curioso que muchas de estas estuvieran en lugares del Medio Oeste o del afamado Sur. Lugares de mayores tendencias xenófobas.

A pesar de los vientos de cambio, los insultos racistas a los grandes jugadores negros prosiguieron por todos los años 50 y 60. Pero algunos desafiaron la historia. Desafiaron al segregacionismo, sin temer lo que les podría pasar. Sin temer el miedo racial. En 1966, Don Haskins, entrenador de la Universidad de Texas Western (Sí, Texas, ese estado que tradicionalmente siempre ha sido un gran amigo de los afroamericanos) cambió las tornas de la guerra. Desde 1954 la Brown v. Board of Education (un fallo del Tribunal Supremo de los Estados Unidos que abolió definitivamente la educación separada entre razas a nivel de todos los estados, aunque ya hubiese numerosos estados en las que ya estaba abolido) y 1964 con la Ley de Derechos Civiles (ya antes citada) la educación separada se había terminado. A pesar de todo, muchas universidades seguían contando con una mayoría blanca, sobre todo en estados sureños y del Medio Oeste. Pero Don Haskins lo cambió todo.

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Haskins y su quinteto. Contra todo elemento y contra todo racismo 

Corría la temporada 1965-1966, la cuarta de Don Haskins en la Universidad de Texas Western (en la ciudad de El Paso). Con un equipo formado por Bobby Joe Hill, David Lattin, Orsten Artis, Willie Worsley, Willie Cager, Nevil Shed, Harry Flournoy, Jerry Armstrong, Louis Baudoin, Dick Myers, Dave Palacio y Togo Railey (Artis, Cager, Flournoy, Joe Hill, Lattin, Shed y Worsley eran afroamericanos y Dave Palacio era latino) realizaron una magnífica temporada. Consiguieron 23 victorias y sólo una derrota, llegando a tener una racha de 23 triunfos consecutivos, en la primera fase. Luego, en el torneo final, derrotaron en las 5 rondas que había a Oklahoma, Cincinnati, Kansas, Utah y Kentucky en la gran final. Obtuvieron el título de campeones universitarios. Pero lo más importante quizás no fue el título.

A lo largo de los meses que duró la temporada (de diciembre a marzo) y con cada partido siempre había controversia. ¿Por qué? Porque fue un equipo pionero. O más bien lo fue su entrenador. Texas Western fue la primera universidad en jugar con un quinteto titular exclusivamente compuesto por jugadores negros. El primero de todos. Y en el 1966, cuando los Russell, Chamberlain, KC Jones, Sam Jones, Nate Thurmond, Oscar Robertson o Elgin Baylor (todos estos afroamericanos) estaban triunfando en la NBA. O cuando un imberbe Lew Alcindor (más conocido como un tal Kareem Abdul-Jabbar) trituraba a sus rivales en la NCAA. Muchos equipos tenían negros en sus quintetos. Pero ninguno se había atrevido a poner a cinco como titulares en sus partidos. Y esto tuvo sus consecuencias. A todos los lugares a los que iban los Miners (el apodo de la universidad) eran abucheados e insultados. Ya fuese en la primera fase como en la fase final de la competición. Sin embargo, a pesar del difícil contexto, triunfaron y rompieron barreras. Con su victoria en el campeonato, se produjo un gigantesco cambio en el sistema. Todas las universidades del país comenzaron a reclutar jugadores afroamericanos a lo largo y ancho de Estados Unidos. El máximo apogeo del Movimiento por los Derechos Civiles coincidió con este éxito en el deporte. Desde entonces los entrenador y aficionados han dejado de lado la conciencia racial e impulsaron un modelo de adaptación y de igualdad. Y de eliminación de presupuestos y prejuicios racistas.

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Bill Russell blocking. La perfecta metáfora de taponar el racismo a favor de la igualdad.

El baloncesto ha cambiado mucho desde entonces. Tenemos por asumido que los mejores jugadores son negros y no blancos. Y ojo, como ya se ha dicho antes, no es por su color de piel. Es porque simplemente son mejores. Porque al fin y al cabo lo que más cuenta es como juega uno y no como es su piel.

¿Y cuál es la relación final entre los movimientos de igualdad de los ciudadanos afroamericanos y el baloncesto? Pues es difícil explicarlo. Todo tiene su relación. Ya sea mayor o menor. El activismo como ya hemos visto se hizo desde muchas esferas y el deporte también fue una de ellas. El caso de Don Haskins no sería el único, pero si uno de los más enigmáticos. El contexto, en cierto modo ayuda e influye en las decisiones de los personajes de una historia. O de la Historia en general. Los jugadores y entrenadores nunca fueron ajenos a esta lucha. A pesar de los obstáculos impuestos, derribaron mil y una barreras para convertirse en leyenda. Hicieron el baloncesto su modo de luchar contra la desigualdad. Y triunfaron incontestablemente. Hubo algunos jugadores que se introdujeron más en ideas de los movimientos civiles, como es el caso de Lew Alcindor que cambiaría su nombre al convertirse al Islam, influido enormemente por las ideas de Malcolm X. Otros jugadores en el futuro harían lo mismo (Alcindor cambió su nombre en los 70). Muchos baloncestistas han ido mostrándose como personas que han apoyado y facilitado el impulso del deporte entre la comunidad negra de Estados Unidos, como medio de eliminación de la desigualdad y la pobreza, aún latente en ciertos puntos del país de los 50 estados. En cierto modo, el baloncesto es un mecanismo de lucha contra el racismo, de la obtención de mayores derechos y mayor relevancia a nivel social. Un mecanismo que ha funcionado desde que los primeros pioneros llegaran a la NBA.

A día de hoy la NBA impulsa la igualdad social a con sus grandes medios e iniciativas. Una igualdad que durante años, décadas, se ha buscado para la sociedad estadounidense. Pero sobre todo, para un colectivo dañado durante muchos años, que ha encontrado al baloncesto como ese modo de igualación, como ya hemos dicho. Quizás no es que haya demasiada relación entre el baloncesto y el Movimiento por los Derechos Civiles, pero a la vez hay una gran relación con los objetivos de dicho movimiento. Con unos objetivos y premisas que 60 años después siguen en pie y que aún no se han caído y no deben caer. Quizás las reivindicaciones y la lucha de los pioneros hayan quedado atrás y es más raro ver a un baloncestista negro rompiendo moldes. Pero no cabe duda que seguirán estando ahí, estando presentes en la lucha, en la eliminación del racismo, en Ferguson, en Baltimore… Porque el baloncesto, queráis o no, está relacionado, en mayor o menor medida, con la Historia de un país que aún tiene mucho que aprender, como casi todo el mundo. Y que con la relación establecida, se le debe dar las gracias de todo corazón a gente como Earl Lloyd o Don Haskins por hacer posible y efectiva la palabra cambio, tan repetida, pero necesaria.