Cartas a Miquiño

                                                                                                                                       Madrid 5 abril 1883

Señora Dª Emilia Pardo Bazán

[…] Ahora, con motivo del telegrama que tuvo V. la bondad de dirigir a los organizadores de la fiesta del 26 de marzo, no puedo de ningún modo aplazar esta carta, cuyo principal objeto es dar a V. gracias mil por su felicitación. La adhesión de una dama y de un escritor como V. Dan a aquel acto un realce que quizás de otro modo no tendrá.

Soy de los primeros y más vehementes admiradores de sus escritos.

Reiterando las expresiones de su gratitud es de V. servidor y amigo q.b.s.m.

Pérez Galdós

Los dos personajes que protagonizan esta historia de amor y literatura apenas necesitan presentación. Ella fue la mujer con más prestigio de su época, aristócrata e ilustre escritora, de cuya obra La cuestión palpitante dijo Zola que era “una excelente guía para cuantos viajen por las regiones del naturalismo y no quieran perderse en sus encrucijadas y obscuras revueltas”. Él es unánimemente reconocido como uno de los mejores representantes de la novela realista, además de haber sido dramaturgo, cronista y político español. No pueden ser otros que Emilia Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós, quienes, en más de 90 cartas escritas en 32 años, plasmaron su admiración mutua, sus pasiones y sus avatares literarios.

La Coruña, 7 de abril de 1883

Sr. Dn. Benito Pérez Galdós

La Coruña Abril 7 de 1883

Muy ilustre maestro y amigo: debo a V. infinitas muestras de benevolencia, y su carta del 5 es una de las más gratas a mi corazón; pero no obedecí a la gratitud al adherirme a la fiesta del 26 de marzo, sino solamente al entusiasmo y admiración profunda que experimento por su genio, desde el día fausto (cuatro años hará) que leí la primera novela de V. que cayó en mis manos, La Fontana de oro. […]

Reciba V. una vez más el testimonio del afecto y respeto que le profesa su amiga qbsm

Emilia Pardo Bazán

 La lectura y el análisis de los epistolarios entre escritores se presentan como una gran fuente para comprender su obra, para esclarecerla en nuestro tiempo. Son un elemento que nos ayuda a perfilar tanto su personalidad literaria como humana. La intimidad de Galdós puede extraerse de muchas de sus obras. Un claro ejemplo es su quinta serie de los Episodios Nacionales, con un toque autobiográfico bastante notable.

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Sin duda, las cartas de Emilia Pardo Bazán (1851-1921) a Benito Pérez Galdós (1843-1920) son clave para conocer más en profundidad a estos dos personajes ilustres de nuestra literatura y nos permiten comprender el origen y el desarrollo de alguna de sus obras. Emilia Pardo Bazán escribió gran cantidad de cartas y, ya desde 1880, mantuvo correspondencia con escritores y críticos, como Clarín.

Parece ser que la correspondencia entre ambos comenzó en 1881, momento en que Galdós publica La desheredada y Emilia Pardo Bazán La cuestión palpitante, al tiempo que inicia una separación de su marido bastante discreta. A pesar de que hay referencias a una correspondencia previa a 1883, la primera carta que se conserva tiene su fecha en abril de 1883.  En estas fechas Galdós ya es un escritor consolidado y con mucha fama. Fue el inicio de lo que podemos denominar una  “amistad literaria” que terminó introduciéndose por derroteros amorosos que tuvieron una larga duración y donde no faltaron los sobresaltos sentimentales entre ellos, los cuales fueron determinantes en la génesis de algunas de sus obras. En estas primeras cartas se muestra el gran respeto y admiración entre ambos. Emilia Pardo Bazán se posiciona como discípula con gran devoción a su maestro.

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En 1884 se da por fin la separación de Pardo Bazán de su marido y ya a inicios de 1885 se encuentra en París, donde gustaba de ir una vez al año para estar en contacto con los naturalistas e intelectuales de la Francia de finales del siglo XIX. Será tras su vuelta cuando reciba un discreto reconocimiento por sus escritos por parte de sus compañeros de profesión. A medida que esto ocurre se va intensificando la amistad entre ambos, de manera que en las cartas del año siguiente vemos un tono mucho más familiar con diversos consejos de Galdós ante polémicas literarias y cruces de opiniones a las que se suman aspectos más íntimos y familiares como los estudios del hijo de doña Emilia o sus viajes de A Coruña hasta Madrid y viceversa.

En la primavera de 1887 ella acude a la Biblioteca Nacional por las mañanas para dedicarse al estudio y a la escritura mientras que por las tardes pasea con su querido Galdós por los barrios populares. Muchos pagaríamos por ver, aunque sólo fuera un segundo, a esta “extraña pareja” caminando por los barrios madrileños, conversando entre ellos, mientras que a la vez ponían una extraordinaria atención en todo aquello que los rodeaba.

En verano de ese año se intensifica la correspondencia. Emilia Pardo Bazán escribe desde su retiro en Meirás o Mondariz. En este momento le incita a pasar una temporada con ella en Galicia, pero él nunca acepta. En este periodo ven la luz entre otras obras El cisne de Vilamorta y Los pazos de Ulloa mientras que Galdós, por su lado, publicará Fortunata y Jacinta. A finales de ese mismo año ella se instalará en Madrid, donde inician una relación más íntima. Cuando se publica Los pazos de Ulloa en 1886, Galdós exclama que es una obra maestra “ en la cual todo es hermoso, los caracteres vivos, la acción sencilla y patética, el fondo del paisaje, el estilo”

La Coruña, 9 de junio de 1887

Día de Corpus – La Coruña

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[…] Entre la oscilación del tren y el desfile de los primeros castaños gallegos, he leído y saboreado los tres tomos de Fortunata y Jacinta.[…]

Veo con gusto que yo en forma crítica y V. en forma escrita hemos expresado casi a un tiempo la seducción que en nosotros ejerce la masa popular, la cantera, el bloque donde se conservan las energías nacionales. Cuando lea V. mis conferencias, lo verá.

Todo el mundo me ha preguntado por V.; los chiquillos, hermosos, y mamá sintiendo que no se venga V. a veranear a casa. Y yo, acordándome de V. a cada rato, y deseando verle, como si no nos hubiésemos separado nunca y fuese un caso raro esto de estar V. en Madrid y yo en el seno Brigantino, en tierra de los Ártabros. Adiós, y escribir, ¿eh? No valen disculpas. Su amiga

Emilia

Granja de Meirás, 28 de Julio de 1887

Sr. Dn. Benito Pérez Galdós

Hoy Jueves

Mi buen amigo: ¡ya le creía a V. camino a Rusia! Distráigase y repose en su viaje o excursión, y a la vuelta acuérdese de cumplir la palabra de venir a charlar. ¿No hemos de hacer alguna expedición a los barrios bajos o cosas así? La del año pasado me abrió el apetito.

Su amiga verdadera

q.b.s.m

Emilia Pardo Bazán

Entre 1888-1889 se concentra el mayor número de cartas conservadas. Es el momento más intenso de la relación a pesar de las dificultades de un amor secreto y resultan, por tanto, muy interesantes desde el punto de vista amoroso y personal. Junto a la correspondencia “oficial”, donde continúan intercambiando interesantes opiniones sobre sus obras y concentran aspectos referentes al panorama cultural, también hay varias notas breves en que doña Emilia cita a su amado para encuentros furtivos y secretos.

Madrid, 24 de marzo de 1889

No me escriba V. nada que no puedan leer los ojos más indiscretos. Hoy me han llegado dos cartas de V. en ocasión en que tuve que hacer prodigios para que no las viesen, y así y todo, han entrado en grandes sospechas. (…) he seguido sus consejos de V; he callado, y ahora este silencio me obliga a esta ocultación.

En Mayo de 1888 ella viaja a Barcelona para acudir a la exposición Universal. Curiosamente, Galdós también viaja en ese tren, pero en otro vagón y como parte del séquito de Sagasta como diputado liberal. En Barcelona, doña Emilia conoce a Lázaro Galdiano, con el que tendrá una fugaz relación amorosa y que luego dará lugar a una colaboración literaria (Galdiano fundará con su ayuda La España Moderna) y amistosa.

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Cuando Galdós se entera de aquella fugaz relación se produce una dolorosa ruptura. Ella no tiene ningún problema en reconocer su error y le pide disculpas porque no quiere perder a “su amigo del alma”. El episodio queda reflejado en la novela de doña Emilia Insolación, mientras que Galdós refleja la experiencia de la infidelidad femenina en la interesante obra de La incógnita y en Realidad.

La Coruña, abril de 1889

Hotel Victoria de Domingo Reguero

Cruz 18, 20 y 22. Madrid.

Domingo

En fin, tú me has perdonado; tú me has estrechado contra el corazón prodigándome nombres dulces y cariñitos inefables; aquella pasión que yo creía amortiguada se ha revelado como la  pasión que debe ser viva, ardiente y hasta absurda, divinamente absurda; tu absolución y mi franqueza, aunque tardía, siempre meritoria, me han reconciliado conmigo misma. Lo imposible y lo temible era que no nos viésemos, que suprimiésemos la comunicación, cuando nuestras almas se necesitan y se completan, y cuando nadie puede sustituir en ese punto a tu Porcia.

En prueba te abrazo fuerte, a ver si de una vez te deshago y te reduzco a polvo. En cuanto yo te coja, no queda rastro del gran hombre.

El quererme a mí tiene todos los inconvenientes y las emociones de casarse con un marino o un militar en tiempo de guerra. Siempre doy sustos.

 La extraña pareja terminará por reconciliarse y viajarán en lo que parece una especie de luna de miel  a Alemania (Septiembre de 1889). En primavera doña Emilia vuelve a París y vemos de nuevo aquí una gran voluntad por querer independizarse económicamente y vivir de sus escritos, acudiendo con su familia a cubrir la crónica de la Exposición Universal como enviada del periódico bonaerense La Nación. En este contexto de intensificación de su labor periodística y crítica no para de viajar (Madrid-A Coruña-París) aunque está instalada definitivamente en Madrid.

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Las cartas de esta etapa abundan en notas que muestran una intimidad profunda y cariñosa a través de apelativos  (Ratón, Miquiño, Querido de mi corazón) y simpáticas identidades literarias que adopta como remitente. Entre estas podemos salientar algunas como Porcia, que posiblemente hacía referencia a un personaje femenino de Shakespeare; otras veces, Matilde, mientras le daba a Galdós el nombre de Selim Ahdel, personajes de una novela muy leída en época Matilde o Las cruzadas, de Madame Cottin (publicada en 1830). También aparecen numerosas alusiones en clave a los lugares de encuentro que muestran una gran complicidad (Asilo, Palmstrasse y Maravillas Church). Es curioso cuanto menos ver a estos dos grandes representantes del realismo jugando con ironías románticas en su correspondencia.

Hoy Sábado 27

Miquiño, mi bien: me están volviendo tarumba tus cartitas. Creo que jamás escribiste con tanta sencillez, con una gracia más bonita y más tierna. No sé las veces que he leído esta última epístola, ni el bien que me hizo, ni cuánto se me humedecieron los ojos… un beso del fondo del alma. No dudes que te amo: será raro raro, será incompleto, pero es grande mi cariño, muy grande.

BIBLIOGRAFÍA

ORTIZ ARMENGOL, Pedro, Vida de Galdós, Crítica, Madrid

PARDO BAZÁN, Emilia, Miquiño Mío , Editorial Turner, Madrid, 2013