Influencias de la Historia en Canción de Hielo y Fuego

(Advertencia: este artículo posee potenciales spoilers de la trama de Juego de Tronos/Canción de Fuego y Hielo, tanto de los libros como de la serie. Los autores del mismo no nos hacemos responsables de enfados derivados de la revelación de detalles de la historia. Gracias).

Pocos, poquísimos escritores han sido lo suficientemente imaginativos y constantes en su labor para crear un universo literario sólido; los mundos salidos de Martin, Tolkien, Lewis y compañía nos maravillan y atrapan entre sus páginas, haciéndonos desear con luchar por la defensa de Minas Tirith, o con anhelar la vuelta de Daenerys a su legítimo trono.

Una de las historias más conocidas y adoradas es la creada por el ya mencionado George R. R. Martin, la saga de Canción de Fuego y Hielo. Desde 1996, este juntaletras americano relató las aventuras y desventuras de distintos individuos en un mundo que bebe de lo mejor de la novela histórica (intrigas políticas, ciudades y reinos, grandes batallas) y  con lo mejor de la novela fantástica (dragones y magia). Además, todo bien sazonado con dosis polémicas de sexo y violencia. El resultado fue tan completo, que hasta la fecha Martin exploró su universo en seis novelas publicadas: Juego de Tronos, Choque de Reyes, Tormento de Espadas, Festín de Cuervos y Danza de Dragones. Habría que añadir las dos novelas aún en redacción, Vientos de Invierno y Sueños de Primavera, cuyas fechas de salida son una incógnita todavía, para desgracia de los fans de la saga.

Además, ha sido adaptada  a la pequeña pantalla, y con notable éxito: Juego de Tronos se ha convertido en uno de los buques insignia de la edad dorada que están viviendo las series de televisión. Su calidad de guión, producción, efectos y casting es comparable, e incluso superior a la de varias producciones cinematográficas contemporáneas. Y esta calidad dio como resultado la formación de un auténtico fenómeno fan, que ha propiciado parodias, juegos de mesa, camisetas, memes, cosplays, webs, podcast, blogs, cómics, videojuegos…

Martin ha reconocido en varias entrevistas su afición a la novela histórica, y que las historias de sus libros están inspiradas en eventos reales de la historia de la Humanidad. Así pues, no es muy difícil localizar y establecer una serie de paralelismos entre acontecimientos acaecidos en Canción de Fuego y Hielo con determinados momentos, personajes o localizaciones de la Historia Universal. Para este artículo no sólo hemos analizado los que el mismo Martin admitió abiertamente haberse inspirado, sino que además mencionaremos algunos que bajo nuestro criterio resultan interesantes por su sospechoso parecido.

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Un sistema feudal

George R. R. Martin es un gran aficionado a la historia, en virtud de ello sus novelas beben en buena medida de los hechos ocurridos en el pasado, y más en concreto en la Europa Medieval, e incluso podríamos precisar que gran parte de lo que ocurre en Poniente tiene su paralelismo con la historia medieval de Inglaterra. Efectivamente, a plena vista, podemos percibir una estructura feudal: a la cabeza de los Siete Reinos hay un rey, cuya autoridad es muy limitada, ya que de forma directa su control solo incluye unas cuantas regiones, castillos y pueblos cercanos a la capital -Desembarco del Rey- que constituyen las denominadas Tierras de la Corona (su particular Île-de-France). Este rey cuenta con un grupo de individuos que le asesoran en todas las decisiones, a saber: los consejeros de la Moneda (que se encarga de administrar la tesorería real y las finanzas), de los Barcos, de las Leyes, el de los Rumores (algo así como la cabeza de los espías, de la inteligencia del reino), el Lord Comandante de la Guardia Real y el Gran Maestre (que posee conocimientos un poco de todo y aconseja en materia moral).

Hemos dejado para el final a un individuo de trascendental importancia: la Mano del Rey, el puño ejecutor del rey, entre sus atribuciones están el dirigir al ejército, impartir justicia y en general encargarse de los asuntos del día a día, también encabeza el Consejo Privado si falta el rey y puede sentarse en el Trono de Hierro si este se encuentra ausente. Muchas Manos han tenido fama de gobernar más que reyes a los que dejaron como figuras simbólicas, algo que por cierto nos recuerda a lo que sucedía en la Francia de los Merovingios, que dejaron el poder en sus Mayordomos de Palacio.

Por debajo del monarca, están las 8 grandes casas: Stark, Lannister, Greyjoy, Tully, Arryn, Tyrell, Baratheon y Martell, y por debajo de estas cientos de pequeñas casas de nobles y caballeros hacendados que reconocen la autoridad de alguna de esas grandes casas. El vasallaje es una institución fundamental en los Siete Reinos, todos tienen un señor al que deben obediencia, al que deben prestar consejo y luchar siempre que éste así se lo requiera, pero a sí mismo el señor tiene la obligación de proteger a sus vasallos y de ‘’darles un lugar en su mesa’’. Naturalmente, muchas de las grandes casas que mencionábamos son mucho más ricas y poderosas de lo que es el rey, que tiene así un poder muy limitado, siendo por tanto la capacidad del monarca decisiva para imponer su voluntad a los belicosos señores.

Las dos Heptarquías.

Pero entremos en hechos más concretos. En Inglaterra, tras el fin del dominio romano, se produjo la llegada de los pueblos germánicos –anglos, jutos y sajones-, estas gentes exterminaron o marginaron a las zonas más occidentales de la isla a los britanorromanos. A partir de ahí, comienza un proceso por el cual van forjando, a lo largo de cientos de años, toda una serie de reinos que tuvieron como eslabón final la configuración que la historiografía tradicional ha tenido a bien llamar ‘’Heptarquía anglosajona’’. Estos ‘’Siete Reinos’’ del mundo real eran los conocidos por todos: Wessex, Essex, Sussex, Kent, Mercia, East Anglia y Northumbria.

 Durante esta evolución, los distintos reinos trataban de imponer, con mayor o menor éxito, su dominio sobre los demás. Fue Wessex quien se llevó el gato al agua, llegando un punto en que el monarca de éste lo era también de toda Inglaterra. Estos reyes no se vieron libres de amenazas, durante los siglos VIII-XI las incursiones vikingas –como comentaremos posteriormente- no dejaron de causar estragos en Inglaterra.  Dicho esto, volvamos ahora al mundo de Martin. Cuentan las historias de los maestres que durante mucho tiempo los únicos habitantes fueron los Niños del Bosque (una especie de criaturas humanoides), hasta que en la Era del Amanecer los Primeros Hombres cruzaron desde Essos a través del Brazo de Dorne (indudablemente esto nos recuerda al estrecho de Bering, por el cual la mayoría de los estudiosos indican que el primer hombre llegó a América desde Asia), trayendo consigo armas de bronce y los primeros caballos, desconocidos en Poniente hasta ese momento. Ambos grupos se combatieron hasta que tras cientos de años de luchas sellaron la paz en el Ojo de Dioses, mediante el Pacto. Para este momento, en un curioso caso de aculturación por parte del conquistador, los Primeros Hombres adoraban a las deidades de los Niños, los conocidos como Antiguos Dioses a los cuales se rendía culto en los bosques de arcianos.

Aproximadamente 6.000 años antes de los hechos ocurridos en las novelas, se produjo una nueva invasión, esta vez por parte de los Ándalos, un pueblo proveniente del continente vecino. Altos y rubios, traían consigo una nueva religión: la Fe de los Siete, y también armas de hierro. Pues bien, los recién llegados fueron conquistando uno a uno los reinos de los Primeros Hombres y exterminando a los Niños del Bosque y sus arcianos, que prácticamente desaparecieron en los reinos del sur. Los ándalos conformaron diversos reinos que compitieron unos contra otros hasta que por fin quedaron conformados siete reinos: El Norte (el único reino de los Primeros Hombres que resistió la invasión), el Reino de las Islas y los Ríos, el Reino del Valle y la Montaña, el Reino de la Roca, el Reino del Dominio, el Reino de las Tormentas y el Reino de Dorne. Las luchas entre los miembros de esta ‘’Heptarquía ponienti’’ eran constantes, pero el momento en que una figura los unificase a todos estaba muy cerca.

Gran Bretaña (heptarquia)

La conquista normanda de Inglaterra y la de Poniente por Aegon el Conquistador

Retornemos ahora a Inglaterra, siglo XI. Como decíamos, el rey de Wessex acabó por imponer su autoridad sobre el resto de reinos. No hace falta ni decir que el poder real del monarca era muy limitado, ya que los Earls (los condes), eran en ocasiones más poderosos y tenían más tierras que el propio monarca. El caso es que en 1066 el rey Eduardo el Confesor moría sin descendencia, dando paso a una situación harto problemática. Varios eran los posibles pretendientes al trono pero, según nos cuentan los cronistas posteriores, Eduardo había prometido el trono a su primo, el duque Guillermo de Normandía, que ha pasado a la historia con el nombre de ‘’el Conquistador’’ o ‘’el Bastardo’’.

 Hijo del duque Roberto I de Normandía y de su amante (la hija de un curtidor), medía 1,70 y tenía una constitución fuerte. Desde muy joven destacó en la batalla, luchando siempre en primera línea y demostró estar muy capacitado para imponer su voluntad a los nobles, empleando una mezcla de crueldad y mano izquierda para salir exitoso de todas sus vicisitudes. Pero aquí hay que hablar del segundo de nuestros protagonistas, el conde Harold de Wessex, miembro de la familia nobiliaria más poderosa del país y que había tenido gran influencia durante el reinado del Confesor. Rompiendo el juramento de lealtad que había realizado a Guillermo tiempo atrás, Godwinsson se proclamó rey de Inglaterra. Poco le duró la alegría a Harold, ya que por el norte apareció el tercero en discordia: Harald Haardrade, el rey de Noruega, quien llegó a un acuerdo con el propio hermano del nuevo rey, Tostig, conde de Northumbria para derrocar a Harold y repartirse Inglaterra. Los noruegos comenzaron con buen pie su andadura, ya que llegaron a conquistar York, una de las ciudades más importante del reino. Sin embargo, el 25 de septiembre los invasores fueron derrotados en Stamford Bridge, donde Harald y Tostig perdieron la vida. Simbólicamente algunos autores han marcado aquí el fin de la Era vikinga. Pero debemos seguir con nuestro relato, apenas tres días más tarde Guillermo desembarcaba en la costa sur con un ejército de 7.500 hombres. El 14 de octubre, ingleses y normandos se enfrentaron en Hastings (Sussex), el resultado de la contienda fue la derrota definitiva de Harold, que cayó en combate.

A partir de entonces, Guillermo inició un largo reinado en el que sentó las bases de una de las monarquías más estables que ha habido en Europa. El nuevo monarca efectuó una drástica remodelación de las estructuras políticas y sociales de Inglaterra, imponiendo un férreo control del territorio. Buen ejemplo de esto es el famoso Domesday Book, concebido como una descriptio del reino, este conjunto de documentos nos aportan información como la organización territorial, las rentas percibidas por la corona, el número de hombres y su situación social o la importancia y extensión de los dominios laicos y eclesiásticos. Guillermo supo aprovechar las herencias anteriores para consolidar una administración muy eficaz en comparación con lo que sucedía en otros lugares de Europa. Por derecho de conquista, el reino era propiedad del monarca, que daba tierras a sus vasallos en calidad de feudo, pero que también podía revocárselo en cualquier momento. En todos los condados, el rey era el principal propietario de tierras.

De esta forma tenemos en la cabeza al rey, y por debajo a unos 180 barones, los más importantes de los cuales son parientes del monarca, ya por debajo un número mucho mayor de caballeros. A sí mismo, el nuevo rey contó con el apoyo de la Iglesia e impulsó una reforma moral del clero y de los monasterios. Por último, merece la pena destacar al castillo como instrumento decisivo para consolidar la ocupación normanda del territorio, prueba de ello es que para finales del siglo XI, habían sido levantados casi 90 castillos en todo el reino.

Dejábamos de un lado al mundo de Canción de Hielo y Fuego en un momento decisivo, unos 300 años antes de los hechos narrados en las novelas, Aegon Targaryen ponía pie en Poniente acompañado por sus dos hermanas-esposas –Visenya y Rhaenys-, un pequeño ejército de 4.000 hombres y lo más importante, tres dragones. Los Targaryen eran miembros de la antigua nobleza del Feudo Franco de Valyria, poco antes del gran cataclismo que acabó de un día para otro con esa civilización. Fijaron su asentamiento en Rocadragón, una isla situada no muy lejos de la costa de Poniente. Desde aquí, Aegon inició la conocida como Guerra de Conquista, la cronología de los hechos es un tanto confusa, así que no hay que tomarse al pie de la letra la relación de los siguientes hechos.

Luego de haber sometido a los señores locales, a los que tomó como vasallos, levanto un fuerte de madera en una colina al lado de la desembocadura del Aguasnegras, mismo lugar donde después de la guerra construiría su capital, Desembarco del Rey. Aegon fue conquistando uno a uno a todos sus oponentes: el primero en caer fue el Reino de las Islas y los Ríos, gracias a la conquista del gran castillo de Harrenhall, donde el dragón de Aegon quemó vivo al rey con todos sus hijos.

Poco después, los reyes de la Roca y el Dominio fueron vencidos en el Campo de Fuego, de la misma forma, los reyes de la Tormenta y de Valle fueron vencidos. Torrhen Stark, el Rey en el Norte, comprendiendo que nada podía hacer ante los dragones hincó la rodilla. En Antigua, ciudad más grande del Dominio Aegon consiguió ganarse el apoyo del Septón Supremo, cabeza de la Fe de los Siete, que le coronó rey de Poniente en el Septo Estrellado, acabando con gran parte de la oposición que pudiese quedar. Tan sólo el reino de Dorne consiguió mantenerse independiente, pero los otros seis reinos quedaron sometidos al que es llamado como Aegon el Conquistador, a partir del desembarco del cual se cuentan los años en Poniente. En la Conquista, Aegon empleó la crueldad, pero también supo granjearse muchos apoyos y a todos los que se le sometían les mantuvo sus tierras, del mismo modo, elevó a la calidad de grandes señores a casas que hasta entonces se mantenían en un segundo plano, como los Tyrell, los Tully o los Greyjoy. El resto de su reinado lo dedicó a la consolidación de sus conquistas.

La Danza de Dragones y la Anarquía inglesa

Al morir Aegon el Conquistador (1-37 AL), sus descendientes continuaron con la tarea emprendida por su ilustre antepasado. En el año 129, el rey Viserys I murió dejando dos hijos de distintos matrimonios, Rhaenyra y Aegon. A pesar de que el rey quería que su hija le sucediese, el Lord Comandante de la Guardia Real, Carlton Cole, coronó como rey a Aegon II. Tras más de cien años de estabilidad, Poniente se vio abocada a una guerra civil en la que la mayoría de las casas tomaron partido por uno u otro bando en la conocida como Danza de los Dragones (129-131 AL). En un momento dado, la reina fue capturada y devorada por el dragón de su propio hermanastro. Justo después, los partidarios de la reina proclamaron rey a su hijo, Aegon III. Finalmente, el rey Aegon II fue asesinado y su sobrino se convirtió en rey después de dos años de guerra. Para sellar la reunificación de la casa, se desposó con su prima.

Centrando de nuevo nuestra atención en Inglaterra, nos encontramos con que tras la muerte de Guillermo el Conquistador (1066-87) y del reinado de su hijo Guillermo II (1087-1100), hereda el trono Enrique I (1100-1135), que inaugura una época de paz en la cual perfecciona la centralización política y lleva a cabo algunas importantes obras legislativas. El punto oscuro de su reinado fue la muerte de su único hijo, el príncipe Guillermo en un naufragio en el Canal de la Mancha. A su muerte tan sólo tenía un descendiente, su hija Matilde, casada con el conde Godofredo de Anjou. Mal vista por los barones del reino por su altanería y por su sexo, los nobles se olvidaron su juramento de lealtad y dieron su apoyo al sobrino de Enrique y nieto del Conquistador, Esteban de Blois. Esteban contaba con el apoyo de la gran mayoría de barones del reino, el favor de las grandes ciudades como Londres y Winchester, también contaba con el favor de amplios sectores de la Iglesia, a la cual benefició concediendo numerosos fueros y suprimiendo onerosos tributos. Pero el nuevo monarca se mostró como un rey débil, incapaz de imponerse a las continuas provocaciones de los nobles ni de responder a la amenaza escocesa que se cernía por el norte.

 Los años siguientes fueron de un total desorden, pasando a la historia con el nombre de la Anarquía (1135-1154). Su derrota a manos de los partidarios de Matilde en la batalla de Lincoln (1141) y la muerte de su único heredero propiciaron en 1154 un acuerdo por el cual se estipulaba que Enrique Plantagenet, hijo de Matilde, sucedería a Esteban una vez hubiese muerto. A finales del mismo año, Enrique II era proclamado rey de Inglaterra. Era además, duque de Normandía, conde de Anjou y duque de Aquitania por su matrimonio con Leonor de Aquitania. Se iniciaba así lo que la historiografía ha tendido a denominar como el Imperio Angevino, una construcción que se desmoronaría con sus hijos, Ricardo Corazón de León y Juan sin Tierra.

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La Gran Epidemia Primaveral y la Peste Negra

En 209 AL, los Siete Reinos se vieron afectados por una grave epidemia que causó auténticos estragos entre la población. La enfermedad no distinguió entre señores y campesinos, el rey Daeron II y dos de sus nietos murieron. La mortandad fue especialmente grave en las ciudades, de hecho, en Desembarco del Rey morían 4 de cada 10 personas. Todos los cuerpos fueron quemados para evitar el contagio, pero la epidemia no cesó hasta dejar decenas de miles de muertos. Sólo el Valle de Arryn y Dorne, que cerraron sus accesos a los viajeros por tierra y mar, se mantuvieron inmunes a la pandemia.

También Europa ha sufrido de los estragos de una enfermedad que dejó sentir sus efectos con continuas reapariciones durante siglos, la peste. Sin ánimo de entrar a analizarla desde un punto de vista médico, si podemos decir que se trata de una enfermedad infectocontagiosa producida por un bacilo, la yersinia pestis, que se encuentra normalmente en algunos tipos de roedores, siendo las pulgas de las ratas las que transmitieron la enfermedad al hombre. La gran epidemia que azotó a Europa entre 1347-52 tuvo su origen en China, donde existían algunos brotes endémicos.

En 1330 se desató una epidemia en China, que las caravanas que recorrían el continente asiático de extremo a extremo se encargaron de transmitir. La enfermedad llegó a Crimea 1346, en esta península, los genoveses tenían un enclave en la ciudad de Caffa. Dicha ciudad fue asediada por los ejércitos mongoles de la Horda de Oro al año siguiente, la enfermedad estaba bastante extendida entre los sitiadores, que acabaron por catapultar los cadáveres por encima de las murallas, transmitiendo la enfermedad a los defensores. Los barcos genoveses que volvían a casa hicieron el resto, en su camino de vuelta fue afectada Constantinopla, y en septiembre del mismo año la enfermedad llegaba a Sicilia. Para finales de año, Cerdeña, Córcega y Génova ya estaban afectadas, así como Marsella. Su expansión en 1348 fue más rápida si cabe, para marzo ya había afectado a toda Italia y había llegado a Baleares. Al finalizar el año ya había afectados en la Península Ibérica, Francia, el sur de Inglaterra y el arco del Danubio. En 1349 caía el resto de las Islas Británicas y las riberas del Mar del Norte. En los dos años siguientes la enfermedad llegaba a Rusia. Tampoco el mundo islámico se libró de la plaga, siendo especialmente cruenta en Egipto y el Norte de África.

Las consecuencias económicas, demográficas y sociales son todavía objeto de debate entre los estudiosos, baste con decir para ilustrar su gravedad que se ha llegado a decir que el 60% de los europeos murieron a causa de la enfermedad. Inglaterra perdió un 20% de su población, Navarra el 40% y Florencia perdió la mitad de su población. Entre los fallecidos de noble cuna, podemos mencionar a Juana II de Navarra, Alfonso XI de Castilla o Felipe VI de Francia. Los brotes posteriores de peste no fueron tan graves como el de 1347, pero si impidieron una rápida recuperación de las zonas más afectadas. Con mayor o menor virulencia, la terrible peste seguiría incidiendo en Europa Occidental hasta el último tercio del XVII.

La Guerra de los cinco reyes y la Guerra de las dos rosas

Con los últimos dragones exiliados, se inició una nueva dinastía en Poniente, que no obstante no gozaría de mucha estabilidad. El fin de la dinastía Targaryen en los Siete Reinos vino propiciado por la Rebelión de Robert, motivada por el supuesto secuestro de Lyanna Stark, prometida de Robert Baratheon, por el príncipe Rhaegar Targaryen. Si nos fijamos, la historia nos puede recordar un poco al archiconocido rapto (según nos dicen los griegos, los troyanos dirían otra cosa), de Helena de Esparta por el príncipe Paris de Troya.

Pero vayamos a lo nuestro, efectivamente, se inicia una nueva dinastía en la persona de Robert Baratheon, más dotado para el arte de la guerra que para el buen gobierno. El bueno de Robert murió en un accidente de caza a manos de un jabalí; con dos hijos varones, la descendencia debería estar asegurada, pero aparece un problema. Eddard Stark, Mano del Rey e íntimo amigo de Robert, descubre que los hijos del rey son en realidad bastardos de la reina, Cersei Lannister, con su hermano Jaime, de la Guardia Real. Stark, nombrado por el difunto rey como Lord Regente y Protector del Reino, envió rápidamente una carta al hermano menor de Robert, Stannis, comunicándole lo que había averiguado y confirmando su lealtad. No podemos detenernos en desarrollar todos los sucesos que tienen lugar, baste con decir que una serie de conjuras terminan con la decapitación de Eddard Stark y con Joffrey en el Trono de Hierro. A partir de ese momento los acontecimientos se aceleran, Stannis y Renly Baratheon –hermanos de Robert- se proclaman reyes, mientras que Robb Stark, hijo de Eddard y que había partido hacia el sur para liberar a su padre, también ciñe la corona con el viejo título de Rey en el Norte. Lord Balon Greyjoy, señor de las Islas del Hierro, aprovechando la situación, se autoproclama también rey y comienza una serie de incursiones contra la costa occidental del continente.

Sería interesantísimo poder desarrollar con profundidad el conflicto, pero por motivos obvios nos es imposible. Baste con referirnos a la que posiblemente sea el choque más decisivo de la guerra, la batalla del Aguasnegras, en la cual Stannis Baratheon fue derrotado en su intento de tomar la capital, podemos destacar dos elementos fundamentales, en primer lugar una cadena de hierro que permitió cerrar el Aguasnegras y en segundo lugar el uso del fuego valyrio, una sustancia inflamable que arde incluso sobre el agua y que acabó con buena parte de la flota de Baratheon. Esto nos recuerda al asedio de Constantinopla por los árabes en el año 717, en la que los defensores emplearon el famoso fuego griego, de efectos similares al fuego valyrio, además de que al igual que Desembarco del Rey, la ciudad contaba con una cadena para bloquear el acceso de los barcos.

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Tratemos ahora el conflicto que sirvió de inspiración para los hechos mencionados anteriormente. La Guerra de las Dos Rosas (1450-87), fue en realidad toda una serie de pequeños conflictos, que más que como una guerra civil deberíamos percibirla como una serie de luchas de bandos-linajes, en la que los protagonistas eran toda una serie de barones entrelazados entre sí por complicados vínculos de parentesco, las relaciones feudovasalláticas determinaban en la mayoría de los casos los apoyos de uno u otro bando, sin mediar de por medio ningún tipo de ideología y siendo la corona u otros intereses particulares lo que empujó a cada uno de los protagonistas a participar.

En 1450 reinaba en Inglaterra Enrique VI, un monarca débil y enfermizo que padecía de problemas mentales, y que además no tenía heredero. Se inicia en este momento una serie de conflictos entre los Lancaster –la flor blanca- que es la casa a la que pertenece el monarca, y la casa de York –la flor roja- cuyo señor, Ricardo de York es el noble más poderoso del reino. Además, los York contaban con el apoyo de muchos de los grandes señores, tales como Norfolk, Salisbury y Warwick. En 1453, el consejo real logró aupar a Ricardo a la regencia –la reina Margarita había dado a luz poco antes a un niño llamado Eduardo- e inmediatamente mandó encarcelar a Edmundo Beaufort, nieto de Juan de Gante y por tanto bisnieto del rey Eduardo III. Al año siguiente, Enrique VI, recuperado temporalmente de su dolencia, expulsa a York de la corte y restablece a Beaufort en sus cargos. Ricardo, decide tomar el camino de las armas y marcha sobre Londres, derrotando al ejército real en Sant Albans (1455), donde cae Beaufort. En 1460, York logra su mayor éxito al capturar a Enrique VI, solicitando al Parlamento la corona real en virtud de su descendencia directa de Eduardo III, pero solo logra que se le reconozca como heredero al trono. Sin embargo, al poco tiempo, la reina Margarita reúne un ejército que derrota a los York en Wakefield, cayendo York y Salisbury en combate. La que parecía una victoria decisiva no lo fue en absoluto, ya que al mismo tiempo el hijo de su enemigo entraba en Londres y era proclamado rey ante la aclamación particular.

Tras su coronación, Eduardo IV derrota de tal manera a los Lancaster que los reyes y el príncipe marchan al exilio. A partir de ese momento, Eduardo inicia un largo y turbulento reinado (1461-83). En realidad, el control de la situación lo llevaba Ricardo Neville, conde de Warwick, llamado el Hacedor de Reyes. Durante los primeros años ambos personajes se entendieron a la perfección, pero ciertas discrepancias surgidas a partir del matrimonio del rey con Isabel de Woodville, y sobre todo con respecto a la política respecto a Francia llevaron a la ruptura entre ambos (1469). Precisamente, las artimañas de Luis XI de Francia posibilitaron que Warwick se una al rey Enrique VI, que retorna del exilio. Los Lancaster obtienen una efímera victoria, pero al año siguiente (1471), Eduardo vence a Neville, que cae en la batalla de Barnet y a las fuerzas de la reina en Tewkesbury. El rey decide cortar por lo sano y acaba con todos sus rivales: el príncipe Eduardo fue asesinado sin piedad y Enrique VI fue ejecutado en la Torre de Londres, la mayoría de los partidarios de los Lancaster fueron decapitados y la reina encarcelada.

A partir de este momento, Eduardo IV pudo gobernar –no sin problemas- hasta su muerte en 1483, dejaba un hijo varón, Eduardo V que no tardó en ser apartado del trono por su tío, Ricardo de Gloucester, que declara ilegítimos a los hijos de su hermano y manda ejecutarlos. Hablamos de Ricardo III, sin duda uno de los reyes con peor fama que ha tenido Inglaterra, y que entre otras cosas ha pasado a la historia por la obra que le dedica William Shakespeare. La impopularidad del nuevo rey alcanzó las cotas más elevadas cuando proyectó casarse con su sobrina, Isabel de York, la última heredera directa de la casa de York. Este fue el pretexto que encontraron los lores más extremistas del partido yorkista para alzarse en armas y buscar la alianza con los Lancaster, encabezados por Enrique Tudor, un personaje de oscura familia que enraizaba por línea materna con Catalina de Valois -viuda de Enrique V- y por línea paterna con Eduardo III. El que ha pasado a la posteridad con el nombre de Enrique VII derrotó a Ricardo III en la batalla de Bosworth (1485), dando inicio a una nueva dinastía, los Tudor, que marcan el paso de Inglaterra del período Medieval a la Edad Moderna.

La Guardia de la Noche y las órdenes militares

Para terminar, no podemos dejar de resaltar un nuevo paralelismo evidente entre la Guardia de la Noche y las diversas órdenes militares que aparecieron en Europa durante la Edad Media. La Guardia de la Noche fue creada con el fin de proteger los reinos de los hombres de los peligros que se ciernen más allá del Muro, una inmensa muralla de hielo que se extiende de costa a costa. Dentro de la Guardia de la Noche encontramos desde caballeros hasta campesinos. Los hermanos negros, como son llamados, recitan unos votos por los cuales se comprometen a defender el Muro durante toda su vida, a ser célibes y a obedecer al Lord Comandante, que es elegido por votación entre los hermanos. Para su mantenimiento, la Guardia cuenta con el Agasajo, una extensión de tierras al sur del Muro cuyos campesinos producen para la Guardia. Aunque en la Guardia hay hombres de las más importantes casas, muchos son enviados al Muro como castigo por sus crímenes, siendo una forma de expiar su culpa.

Guardia de la noche vs los Otros

Indudablemente, encontramos una semejanza con las órdenes militares que aparecen en la Edad Media, las más importantes de las cuales en el siglo XII. Nos referiremos a la Orden del Temple, que fue fundada por nueve caballeros en el año 1119 con el fin de proteger a los peregrinos que acudían a los santos lugares. El nombre de la Orden viene dado porque el rey Balduino II de Jerusalén les dona como cuartel general su palacio, emplazado más o menos en el lugar donde se alzó el Templo de Salomón. La expansión de la Orden fue muy rápida, gracias en buena medida al apoyo prestado por Bernardo de Claraval –pariente de uno de los caballeros fundadores- que redactó un Elogio de la nueva milicia templaria.

La Orden estaba compuesta tanto por caballeros como por los denominados sargentos, provenientes de las capas más bajas o de las burguesías urbanas. La Regla por la que se regían los templarios era esencialmente la Benedictina, por lo que los principios básicos de la Orden eran tres: castidad, pobreza y obediencia.  La cabeza de la misma era el Maestre del Temple, al que tendemos a llamar en la actualidad ‘’Gran Maestre’’, cuando tal término no figura ni en la Regla ni en los estatutos de la Orden y solo comienza a aparecer de forma tímida muy tardíamente, podía ser elegido cualquier miembro de la Orden a partir de un sistema de votación de carácter limitado. Conservamos testimonios de eclesiásticos que recomiendan a los pecadores unirse a la Orden como forma de expiar los pecados, dado que la Regla indica que un templario no puede permanecer al lado de un excomulgado, es muy posible que esta pena se les fuera levantada con la condición de servir en la Orden. Podemos poner como ejemplo un caso que se dio en 1124, cuando el papa Honorio III le pidió al Gran Maestre que acogiera a Beltrán, un caballero que había asesinado a un obispo, durante siete años.

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Vamos a cambiar de lugar, atravesar el Mar Angosto  y desembarcar en el continente vecino de Poniente, Essos. A pesar de que su importancia en la trama principal es relativamente menor (puesto que los eventos más inmediatos suceden en Poniente), éste no pierde ni un ápice de misterio e interés, ya que es el hogar de numerosos pueblos con características muy dispares, antiguas civilizaciones cuyos posos son aún perceptibles, y misteriosos lugares que se engloban ya en el terreno de lo fantástico.

Valyria, ¿la Roma de Essos?

Hablar de Essos es hablar irremediablemente del Feudo Franco de Valyria, civilización de enorme importancia en la historia de la saga, que vivió su apogeo miles de años antes de los sucesos transcurridos en Canción de Fuego y Hielo. Éste fue un conjunto de feudos autónomos, dominados por poderosos señores feudales. Sus inicios como pueblo de pastores no están a la altura de los éxitos y glorias que alcanzaron después de dominar a los dragones, a los que convirtieron en mortíferas máquinas de guerra. Tras cinco guerras con sus rivales, el Imperio Ghiscari (al que aniquilaron) los valyrios impusieron su dominio por un enorme territorio, hasta que un evento misterioso denominado la Maldición de Valyria acabó con el Feudo para siempre. No obstante su legado fue de enorme importancia, ya que su idioma (el Alto Valyrio) todavía se conservó como lengua de cultura, y su variante vulgar pervivió en las Ciudades Libres y en la Bahía de los Esclavos, con sus numerosas versiones. Sus edificios, su arte y sus carreteras quedaron como testimonio eterno de su grandeza perdida.

Si tuviéramos que decir en qué pudo haberse basado Martin a la hora de crear el Feudo Franco de Valyria, la candidata con mayores posibilidades sería Roma. Coincide tanto en sus orígenes humildes, como un pueblo de agricultores en el centro de la Península Italiana, como en su guerra de supremacía contra una civilización vecina más antigua: las tres Guerras Púnicas (264-146 a.C.) significaron el inicio del enorme poder que obtendría Roma, y de la desaparición del otrora invencible Imperio Cartaginés, cuyos campos fueron recubiertos de sal y su pueblo absorbido completamente por Roma.

También, al igual que Valyria, crearon un extenso y temible dominio en su continente, sin que hubiera por mucho tiempo un rival digno de batirse con ellos, hasta que desapareció no por un cataclismo, sino por su macrocefálica e ineficiente administración, por un lado, y las invasiones de pueblos bárbaros, por el otro. De hecho, el fin de Valyria se puede relacionar más con el relato griego de la Atlántida, arrasada como castigo de los dioses por su soberbia y sed de conflicto.

A pesar de que Roma desapareció, el latín permaneció en el ámbito intelectual de la Edad Media como lengua de cultura, al mismo tiempo que las distintas versiones del latín vulgar se convertían poco a poco en los modernos idiomas romances. Las construcciones romanas demostraron poseer una gran durabilidad en el tiempo, y sus carreteras siguieron usándose varios siglos más tarde (la famosa Vía de la Plata siguió usándose hasta el siglo XVIII).

Oscuridad, sangre y dothrakis.

Pero las similitudes no acaban ahí. Parejo a la Edad Oscura que se abatió por Europa, período de inestabilidad política y social tras las invasiones bárbaras, en Essos hubo algo parecido tras el fin de Valyria, el Siglo de Sangre, en el que las colonias y ciudades del antiguo Feudo se independizaron, y comenzaron a pelear entre ellas por la supremacía.  Además un nuevo pueblo cobró relevancia, los dothrakis, que arrasaron numerosas poblaciones.

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Los dothrakis son un pueblo nómada, guerrero, que se organizan en grupos de variable tamaño bajo el mando de un caudillo militar, el khal. Su principal medio de transporte y sustento es el caballo, pilar de su sociedad y su cosmología. Son conocidos por su brutalidad y habilidad para el combate, ya que son culpables de la desaparición de bastantes ciudades y reinos, y de condenar a la esclavitud a miles de personas con sus campañas militares. Vaya… ¿no resulta familiar? Efectivamente, los dothrakis parecen ser una mezcla de dos de los pueblos más temidos de la historia; los mongoles y los hunos.

Ambos son pueblos nómadas, en los que el caballo adquiere una gran importancia. También en ellos el poder es ejercido por caudillos militares. Y su crueldad (excesivamente exagerada) quedó como un rasgo típico, siendo lo primero en lo que pensaban sus coetáneos  cuando pensaban o escribían sobre ellos. Quizá el más parecido sea el pueblo mongol, al proceder de un territorio de grandes estepas como lo es Mongolia (símil del Mar Dothraki de Essos). Al igual que los dothrakis con su Vaes Dothrak, los mongoles a pesar de ser nómadas en un principio también tienen una capital, Karakórum.

Las Ciudades Libres y la Bahía de los Esclavos: entre Venecia y Tiro.

Antes mencionamos que el idioma valyrio siguió hablándose en las Ciudades Libres, ya que eran colonias del antiguo Feudo. La disposición de las ciudades costeras (Pentos, Volantis, Braavos, Tyrosh, Lorath, Myr y Lys) recuerda a la de las colonias griegas en la costa occidental de Asia Menor. Pero estas ciudades guardan una estrecha relación con aquellas repúblicas comerciales italianas de finales de la Edad Media y del Renacimiento, ciudades-estado que competían entre sí mediante el comercio y la guerra.

Braavos difiere en origen y cultura al resto de Ciudades Libres, pero es la que mejor ejemplifica los rasgos de una de las repúblicas más prósperas y peculiares, Venecia. Ambas son talasocracias mercantiles, fundadas en medio de una laguna y con fundaciones algo oscuras. El gobernante de la ciudad, el Señor del Mar, guarda parecido con el gobernante de Venecia, el Dogo. Pero el verdadero símbolo de Braavos no proviene de la cultura veneciana, sino de la helénica antigua: el gigantesco Titán que recibe a todos los barcos que entran en la urbe, cuya fuente de inspiración parece ser el Coloso de Rodas, una estatua de bronce del dios Helios de 32 metros de altura colocada a la entrada del puerto de la ciudad helena de Rodas. No, no vayan a reservar un billete para contemplar esta maravilla, puesto que un terremoto la derrumbó en el 226 antes de Cristo.

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En otra Ciudad Libre, Volantis, hay una edificación que llama inmediatamente nuestra atención, el llamado Puente Largo, que une las dos mitades de la ciudad atravesando la desembocadura del Río Rhoyne. Lo curioso es que hay un símil con la realidad, el Puente de Trajano, construido por orden del emperador homónimo en la Dacia (actual Rumanía) para que los suministros de sus legiones atravesasen el Danubio. Medía 1135 metros de longitud y 15 de profundidad, y por un milenio fue considerado como el puente más largo del mundo. Lamentablemente, al igual que el Coloso, no llegó a nuestros días.

Volvemos a viajar, esta vez a la Bahía de los Esclavos. Las tres* ciudades principales (Yunkai, Astapor y Meeren) parecen relacionarse más con las ciudades antiguas del Levante Mediterráneo, especialmente Meeren, ya que la sobreexplotación de sus recursos metalíferos y madereros provocó un desastre medioambiental que los empujó al comercio y al esclavismo, como Tiro o Sidón. Como peculiaridad, las tres ciudades principales de la Bahía de los Esclavos cuentan con pirámides, cuyas inspiraciones varían; mientras hay algunas que recuerdan más a los zigurats mesopotámicos, las de Yunkai son escalonadas como las pirámides mayas en Mesoamérica, y la Gran Pirámide de Meeren podría relacionarse con la Gran Pirámide de Ghiza, en Egipto.

La ciudad de Qarth (que no pertenece a ninguno de los dos grupos de poblaciones ya mencionados) resulta interesante por varios motivos. Uno sería las similitudes con las ciudades fenicias en lo tocante a las disputas de poder, entre una dinastía real (o descendientes de dinastías reales) y poderosos gremios de comerciantes. El segundo se trata de las famosas Triples Murallas, de diez, doce y catorce metros de altura, y decoradas ricamente con gravados de diversas temáticas. Sus formas recuerdan, y mucho, a la muralla y a la Puerta de Ishtar en Babilonia. Decorada con ladrillos vidriados, y con representaciones de toros, leones y dragones, asociados con  las deidades Adad, Ishtar y Marduk, respectivamente. La puerta conectaba con una vía procesional fortificada de unos 250 metros de longitud y 20 metros de anchura, también decorada con ladrillos vidriados.

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Nos hemos dejado muchísimas cosas en el tintero: las similitudes entre los Hombres Cordero y los hebreos, las coincidencias entre los relatos épicos de las reinas Nymeria de Ny Sar y Dido de Cartago, los 3000 guerreros Inmaculados que combatieron en su particular Termópilas… pero entiéndanlo, es difícil abarcar tanto. Los libros de esta particular saga llevan en su ADN la historia, que le confirió unas características que contribuyeron notablemente a su atractivo para los aficionados del género. Sólo pedimos que cuando vean una batalla, un edificio o un personaje fuera de lo común en esta historia, piensen “hum, esto me suena de algo…”.

*No incluyo a Nuevo Ghis.

BIBLIOGRAFÍA

-ÁLVAREZ PALENZUELA, Vicente Ángel -Dir- (2002): Historia Universal de la Edad Media, Ariel, Barcelona.

-BERNARDO DE CLARAVAL –Edición de J. M. Lalanda; estudio introductorio de Régine Pernoud- (1994): Elogio de la nueva milicia templaria, Siruela, Madrid.

-CLARAMUNT, Salvador;  PORTELA, Ermelindo; MITRE, Emilio; GONZÁLEZ, Manuel (2014): Historia de la Edad Media. Editorial Ariel, Barcelona.

-FLORISTÁN, Alfredo (coord.) 2011: Historia Moderna Universal. Ediciones Ariel, Barcelona.

-GRAVETT, Christopher (2000): La invasión de Inglaterra. Hastings, Osprey.

-GRIMAL, Pierre (2005): Historia de Roma. Ediciones Paidós Ibérica, Barcelona.

-KINDER, Hermann y HILGEMANN, Werner (1985): Atlas Histórico Mundial, Istmo, Madrid.

-LÓPEZ MELERO, Raquel (2011): Breve historia del mundo antiguo. Editorial Universitaria Ramón Areces, Madrid.

-NICHOLSON, Helen (2003): Guerreros de Cristo. Templarios, Osprey, España.

-WAGNER, Carlos G. (2005): Historia del Cercano Oriente. Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca.

-Mapa completo de poniente (de lossietereinos.com): http://i0.wp.com/lossietereinos.com/wp-content/uploads/2012/07/mapacompleto2.jpg

http://www.abc.es/20120723/cultura-libros/abci-acabar-cancion-hielo-fuego-201207231800.html

Imágenes: Hielo y Fuego Wiki, Wikimedia Commons, Google Imágenes.