La Música como elemento hacia la manipulación institucional y política

Antes de comenzar, convendría anunciar que toda la temática a partir de la cual gira el artículo presenta una problemática: hablamos de Arte pero también de su repercusión en la Sociedad. Es complicado, por lo tanto, separar ambas perspectivas. Personalmente creo que toda aproximación estética a la Música nunca debería impedir la presencia de la visión sociológica (o sociomusicológica, como sería en este caso). Ambas no son excluyentes, sino que juntas buscan la respuesta a preguntas como: ¿Cómo podemos hacer juicios de valor sobre la Música? ¿Cómo articulan estos indicios de valor la experiencia de la escucha?…

Comenta Enrico Fubini en Historia de la Estética musical desde la Antigüedad hasta el S.XX que la Sociología de la Música es una de las muchas modalidades dentro del pensamiento estético que gira entorno a la Música (un factor más a tener en cuenta), poniendo a ésta en comunión con los hechos sociales. Aun pesar de tal estima que tenemos de ella, tuvimos que esperar a la segunda mitad del XIX para que apareciese dotada de autonomía (junto a otros fenómenos de interés como la Musicología o el Positivismo; reinvidicaba una competencia científica para el musicólogo que trataba de unir el mundo artístico con el mundo social). La Música, en definitiva, se puede estudiar y debe exponer desde distintos puntos de vista, siempre y cuando no entendamos ninguna de estas perspectivas como concluyentes.

Es innegable y totalmente pertinente afirmar que la Música es un medio supremo mediante el cual transmitir emociones sobre las que construír una comunidad; es un lenguaje en sí mismo que supera todo intento verbal (aún más si nos movemos sobre el hecho que vivimos en una realidad plurilingüe, incluso en el caso de una única nación, como sería el ejemplo de España). También es indicutible que el considerar el Arte musical como elemento de cohesión implica que cumpla una función pacificadora y tolerante en sociedades multiculares; todo ello, una vez más, por su capacidad de generar entendimiento e influír tanto en la sensibilidad como en la cosmovisión de cada individuo.

Cabe destacar con gran ímpetu que no solamente la Música Pop, sino también la Música Negra o la Música Folk, conseguirán marcar las fronteras de las identidades étnicas hoy en día. Lograrán superar la compleja realidad que suponen fenómenos como: la Globalización, el Mestizaje intercultural o la Hibridación. Por ello no resulta sorprendente su importancia dentro de los movimientos nacionalistas, ya que a partir de un modelo artístico común se crean identidades colectivas comunes; se dota a una sociedad de un sentimiento patriótico sobre una base de producción artística legitimada.

El propio Molière decía que: “¿Si todos los hombres aprendiesen música ¿No sería éste el mejor medio para comunicarse y ver realizada la paz universal?“. Está claro que el Arte no solo puede ser entendido como Arte en sí mismo, sino que tiene una misión que rompe con sus propios límites; su poder es de tan largo alcance que se permite superar la barrera de lo trascendental (cuando está en posición de hacerlo) para jugar en el devenir humano. Esta es la clave para comprender el presente artículo: el poder social del Arte implica también una suerte de reflexión filosófica obligatoria.

Retrato de Molière, Jean-Baptiste Poquelin, por Charles Antoine Coypel (1694-1752). Bibliothèque de la Comédie Française, Paris.

En el caso de Simon Frith (crítico musical americano, interesado en analizar y disertar sobre el punto en el que tanto la Estética como la Sociología confluyen en el análisis del fenómeno musical), todavía iría más allá al afirmar que: Los grupos sociales no coinciden en valores que luego se expresan en sus actividades culturales, sino que sólo se consiguen reconocer a sí mismos como grupos (organización particular de intereses individuales y sociales) por medio de la actividad cultural, y por medio del juicio estético. Hacer música no es una forma de expresar ideas, es una forma de vivirlas”. Si no hacemos oídos sordos a su planteamiento, comprendemos que las actividades culturales no son síntoma de una sociedad clasificada previa, sino que tal sociedad es el resultado de unas actividades culturales que plantean conceptos y los llevan a cabo. Una vez más, seguimos girando sobre el hincapié que se hace en el poder artístico como medio comunicativo.

Continuemos; si estamos de acuerdo en que los fenómenos culturales y artísticos (en este caso la Música) son construcciones simbólicas, significantes que portan un significado visible en mayor o menor medida, coincidiremos al pensar que el análisis de la Cultura es el estudio del continente y contenido y de sus implicaciones dentro de un espectro de mayor tamaño. También debemos entender que estas formas están situadas dentro de un entramado político y conflictivo; que el artista emergente, entidad que gesta y realiza tales producciones artísticas, será por lo tanto un sujeto político (de forma explícita o implícita, siempre va a jugar un rol político respecto al sistema dominante; siempre tendrá algo que decir, ya sea haciéndolo o no, todo es una elección).

Nous autres musiciens, Pablo Picasso, 1921. Philadelphia Museum of Art.

El Arte y la Música (incluyendo dentra de ésta a toda la industria discográfica) es una parte importante de la economía, la cual mueve los hilos de todas las acciones humanas a través de justificaciones políticas (hablar de la relación Música-Política, implica hablar de la relación Música-Economía). La Música es ecléctica y ofrece un mercado absolutamente apto para todos los paladares; pero todavía así, nuestra elección puramente estético-artística estará condicionada por factores socio-económicos (no todos los géneros musicales tienen la misma difusión, no todos los géneros musicales son igual de accesibles). Ella está presente en la sociedad, presente en el día a día de cada individuo de manera continuada y velada; lo queramos o no forma parte de nuestras vidas (incluso en aquellas civilizaciones que sobreviven a la Globalización), ya sea de forma consciente a través del acto de escucha, o inconscientemente.

No resulta una tarea ardua el comprobar la profundidad y multiplicidad de ámbitos humanos (a cualquier tipo de nivel) en los que la Música se sumerge y gobierna. Esto también facilita el hecho de que queramos creer que como escuchamos Música estamos capacitados para emitir juicios de valor sin poseer una preparación para hacer análisis formales-estéticos-sociales con garantías no de certeza, sino de profesionalidad (ignorar no impide opinar certeramente). Como cualquier otro Arte, la comprensión de la Música exige dar un paso más allá de las primeras y superfluas capas de barniz.

No sólo podemos decir que la Música es una especie de mercado, sino que también es información, si entendemos que: puede ser capturada y reproducida (principalmente de manera digital) y que nutre al ciudadano o consumidor (en palabras de Garcia Canclini: la Música es un recurso estratégico para el enriquecimiento de las naciones). Sin embargo, hablar de información también implica hablar de desinformación o hiperinformación; lo que importa son los contenidos que finalmente las industrias discográficas plantean (sumidas en una unidireccionalidad estético-ideológica), ya que los entienden como prioritarios para el desarrollo de la vida democrática.

Aquí es cuando entramos dentro del carácter manipulatorio y persuasivo del Arte, y en mi opinión, factor fundamental para comprender el mundo musical. La intencionalidad de traspasar individualidades para plasmar mediante palabras y acordes estados o conductas humanas universales, es casi el día a día de cualquier tema que se precie (desde la locura por la situación de pobreza que desprende la voz de Springsteen en Johnny 99 al pesimismo fatigoso y post-bacanal de Sidonie en Un día de Mierda).

La persuasión es una palabra mágica en este mundo de claroscuros, de inestabilidades y de conspiraciones paranoicas tras las esquinas. Un mundo en el que nada es lo que parece, y donde toda verdad mantiene un resquicio permanente para la doblez. La Música (y concretamente la M. Popular) es otro elemento persuasivo fantástico, ya que es una plataforma artística asequible a partir de la cual podemos influír en cualquier sector de la sociedad; no deberíamos extrañarnos de que sea un recurso imprescindible dentro del mundo publicitario (publicidad comercial o institucional).

Lo que se consigue es que solo con percibir el comienzo de la Música de un determinado anuncio, es que el objeto del mismo aparezca representado en nuestra mente (el recuerdo y la memorización es un factor imprescindible para llegar al receptor). Encaja dentro de los parámetros del Condicionamiento Clásico de Paulov, mediante el cual, tras provocar la asociación para un perro entre el estímulo del sonido y la distribución inmediata de alimento, se provoca la respuesta de segregación de saliva en el cánido. En definitiva, de lo que se trata es demostrar una vez más que el Arte (y el Arte musical) ve condicionada su existencia y desarrollo por situaciones que aunque aparentemente no tienen nada que ver con su gestación, lo conforman todo (incluso cualquier forma de Arte subversivo o de negación del sistema es en sí mismo un reconocimiento del mismo; al igual que la negación de cualquier ateo de Dios es un reconocimiento de su existencia o idea de existencia).

La Música Popular es incluso más importante, desde este punto de vista, que la Música “Seria”, ya que es infinitamente más asequible y difundida a todos los niveles, y porque nos aporta soluciones respecto a las cuestiones de Identidad que anticipabamos al comienzo del trabajo. Comenta Frith que usamos la Música para autodefinirnos para con nosotros y para con los que nos rodean, tanto a partir de lo que nos gusta como lo de que no nos gusta (producción de identidad y producción de no-identidad), ya que generalmente tenemos una idea muy clara de lo que aceptamos y de lo que no. No es de extrañar, que cualquier interés (sea de la tipología que sea) crea conveniente emplear algo tan cercano como nuestra balada favorita para inconscientemente captarnos o hacernos receptivos a su mensaje (sea del tipo que sea). Además, no debemos olvidar que a la Música va asociada la imagen que proyectan los intérpretes; y a mayores, puede que la imagen que exterioriza el artista sea todavía más interesante para esos intereses que su propio arte.

También sería correcto resaltar que el Materialismo Histórico intenta establecer una especie de vínculo entre Música y Sociedad. Lo intenta formular a partir de la sencilla hipótesis de que si la Música forma parte de la Superestructura, al igual que el resto de las Artes, está se verá condicionada por la evolución y progreso (ya sea con matices negativos o positivos) de la estructura más básica de la sociedad: la Infraestructura (la Economía y la Política). Todo ello vuelve a incidir en la idea de que el Arte no existe por sí mismo, sino que tal presencia responde a unos intereses no gratuitos (su poder implica un precio, y este precio implica una desvirtuación de los principios a partir de los cuales es correcto suponer que es gestado).

Theodor W. Adorno (1903-1969), miembro y fundador de la Frankfurter Schule (Escuela de Franckfurt).

Autores marxistas como Adorno, tratarán de evitar caer en el sociologismo sencillo a partir del cual se cree que la obra de Arte solo es una instantánea más de la realidad social y económica del contexto geográfico en el que se produce; él pone a la luz los puntos de contradicción para extraer las fracturas internas entre pensamiento artístico-intelectual y la realidad. A este mismo erudito, lo podemos considerar como el gran teórico de la Industria Cultural y del estudio sobre cómo el producto artístico ejerce una determinado impacto en la sociedad de masas (cómo una canción llega al gran público, cómo se escucha, cómo se interpreta, qué consecuencias provoca…). Al mismo tiempo, formulaba que en la sociedad solamente sobrevive la Música (entendiéndola como Arte) que se revuelve contra ella, ya que la sociedad de masas industrial desvirtualiza todo producto de su posible carácter propio del Mundo Inteligible (la única forma para que el Arte resista, para que la Música resista, es encerrándose en sí misma y permaneciendo impasible ante una realidad exterior variable y desequilibrada: la idea principal de su Teoría Estética del Arte Negativo).

La relación Música–Sociedad es realmente complicada ya que no es una relación de Causa–Efecto. Para él no es una relación de dependencia, sino de independencia y autonomía, y solamente acercarán posturas cuando el Arte pierda parte de la autenticidad que se le presupone y desvele su carácter y enigma oculto. Es también una contraposición entre colectivo e individuo, entre clases… La Música es semejante al lenguaje, pero no es un lenguaje, en mi opinión es algo que va más allá de las palabras; cuando éstas llegan a su Finisterre, la Música continúa en busca del fin del mundo. En palabras de Adorno: “La música tiende al fin de un lenguaje desprovisto de intenciones (…). La música, carente de todo pensamiento, mero contexto fenoménico de los sonidos, será el equivalente acústico del calidoscopio; y al contrario: la música, como pensamiento absoluto, dejaría de ser música y devendría impropiamente lenguajes.

Relacionado con toda esta temática, me interesaría también introducir el concepto de “Autenticidad” y sobre todo el del “Rock de la Autenticidad”, en lo que se refiere aquellos artistas que logren subvertir a la lógica comercial: es el caso de Radiohead que lanza su último álbum colgándolo en Torrent; es el caso de Ellioth Smith, artista que grababa totalmente solo las varias pistas que componían sus depresivas canciones y que se enfrentó a la banda sonora de Titanic de J.Horner en la lucha por los Óscar al mejor Soundtrack (David vs Goliat); el caso de Bruce Springsteen que, enfadado por la manipulación de su imagen y obra por parte de Reagan, negó a Chrysler la utilización de Born in U.S.A para sus campañas publicitarias… Es el caso de todos aquellos que por una mezcla entre convicciones, hastío, cansancio, o necesidad vital, se plantan frente a cualquier forma de control e impiden que algo bello o expresivo como el Arte sirva a intereses tan banales y materiales como el de hacedor de dinero.

Se entiende de que el valor de la Música es mayor cuanto más independiente sea de las fuerzas sociales que organizan su proceso productivo y difusivo. Si postulamos que la buena Música debe ser Auténtica (correlación similar a entender que lo Bello implica lo Bueno ), emitir un juicio equivale a analizar la verdad que los intérpretes exteriorizan en relación a las sensaciones y sentimientos que pretenden transmitir en cada canción o tema. Sin embargo, su poder conlleva un precio: es inevitable.

BIBLIOGRAFÍA

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* Aarón Pérez Borrajo (Redondela, Galicia, 1995) estudiante del Grado de Historia y Ciencias de
la Música impartido en la Universidad de Salamanca. Clarinetista y organista; en definitiva, un
firme entusiasta de pulsar la tecla adecuada en el momento oportuno. Magister equitum en tiempos
pasados, busca en Noitábrega la posibilidad de huír del eco que producen sus reflexiones.