Sobre la calidad de la Ciencia-Ficción: Crónicas Marcianas

There will come soft rains and the smell of the ground,
And swallows circling with their shimmering sound;

And frogs in the pools, singing at night,
And wild plum trees in tremulous white,

Robins will wear their feathery fire,
Whistling their whims on a low fence-wire;

And not one will know of the war, not one
Will care at last when it is done.

Not one would mind, neither bird nor tree,
If mankind perished utterly;

And Spring herself, when she woke at dawn,
Would scarcely know that we were gone.

Sara Teasdale, There Will Come Soft Rains

Llegó el otoño a la Celtiberia, una época de frío, catarros, calles llenas de hojas secas y depresiones postvacacionales. La gran mayoría del vulgo ha de volver a sus tareas cotidianas, sus trabajos y estudios, pero esto no excusa para autoexiliarse del entretenimiento literario; hasta los descansos para el café son un momento espléndido para perderse, aunque sea por unos minutos, por las páginas de una gran obra. Y aquí entra este libro, un magnífico ejemplo de lectura amena y no excesivamente amplia para llevar en tu bolsa o mochila durante tus peripecias otoñales: Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury.

La ciencia ficción es probablemente uno de los géneros literarios más completos, diversos y entretenidos que hayan surgido en la literatura contemporánea. Puede sonar exagerado, pero basta con ver la dinámica trayectoria de este grupo para darnos cuenta de lo mucho que se reinventado con el paso de las décadas. Pasamos de las aventuras  con tufillo racista de Flash Gordon a las dudas sobre la verdadera naturaleza humana en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Es decir, desde su nacimiento con Mary Shelley y Julio Verne,  la ciencia ficción desenvolvió verdaderas obras maestras de nuestro acervo literario, con planteamientos filosóficos donde incluso se cuestiona el papel o el futuro del género humano, su coexistencia con hipotéticas formas de vida inteligentes extraterrestres o robóticas, y sus interrelaciones y conflictos.

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Ray Bradbury. Fuente: 24Horas.cl

Dentro de la ciencia ficción nos encontramos en la cúspide con el triunvirato formado por Isaac Asimov (Yo, Robot), Arthur C. Clarke (2001; una Odisea en el espacio) y Phillip K. Dick (¿Sueñan los androides…?), posiblemente los escritores de ciencia ficción más conocidos y renombrados, cuyas obras literarias fueron leídas por millones de personas y fueron adaptadas al cine con relativo éxito. Pero no son los únicos, ya que contamos con una extensa lista de autores de gran calidad, como H.G. Wells, Orson Scott Card, Frank Herbert, Aldous Huxley… y sí, Ray Bradbury. En su bibliografía hay otros títulos igual de interesantes, como la archiconocida novela Fahrenheit 451 o la recopilación de relatos El hombre ilustrado. Bradbury era especialmente hábil a la hora de crear historias interesantes en forma de relatos breves, que en su conjunto lucen como un mosaico de miles de teselas conectadas que se complementan y se enriquecen entre ellas y al contexto. Y así es la estructura de Crónicas Marcianas.

Ésta es la historia de la colonización humana en Marte, desde las primeras expediciones hasta el asentamiento definitivo en el planeta, pasando por el inicio de la terraformación y de las colonias humanas, los contactos con los indígenas marcianos y el surgimiento de una guerra nuclear en la Tierra. Veintiséis relatos en total, con esa crónica de la colonización humana como telón de fondo, que esconden debajo la crítica de Bradbury a la sociedad americana materialista y frívola, reflejada en una Humanidad que rechaza conocer la cultura de los antiguos marcianos, y calcan en la superficie del Planeta Rojo una mimética representación de sus defectos y sus vicios. La delincuencia, la violencia, la estupidez, el racismo, el miedo, la paranoia… la oportunidad presentada a los seres humanos para que su especie madurase se ve sepultada por todos estos rasgos tan (lamentablemente) típicos en nosotros.

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Fuente: dialnet.unirioja.es

A diferencia de numerosas obras de ciencia ficción clásica (La Guerra de los Mundos), los marcianos no son los invasores violentos y maléficos que traen a nuestro planeta terror y rayos láser; los marcianos de Crónicas Marcianas son seres pacíficos y avanzados, creadores de una comunidad floreciente y con un estilo de vida sosegado. Más bien es todo lo contrario, nosotros somos en el libro la especie depredadora que acaba por extinguir a los autóctonos involuntariamente por el virus de la varicela (triste símil con la conquista de América), la que arrasa con la arcaica civilización para establecer sus dogmas y sus manías. Los marcianos asisten resignados, sin prestar resistencia alguna, al fin de su mundo y de su especie,  quizá profetizando el fin de la Humanidad en las mismas costumbres que acabaron con ellos, en los defectos habitantes en los más profundo de los corazones terrícolas. Bradbury también pone de manifiesto el miedo a la guerra nuclear, una suerte de paranoia colectiva que permanece en todo el libro como una amenaza latente, una verdad incómoda que nadie parece querer admitir o prestar atención hasta que ya es demasiado tarde. La naturaleza humana, demasiado promiscua en la labor de la autodestrucción, será a la vez pistola, bala y dedo en el gatillo para culminar su labor de inmolación.

Entrando ya en el campo de los relatos per sé, hay dos especialmente recomendables; Aunque siga brillando la Luna, y Vendrán lluvias suaves. El primero, ambientado en el 2001, relata la llegada de la Cuarta y última expedición de los humanos para explorar Marte antes de iniciar la colonización. Para no revelar mucho de la trama, resumiré diciendo que este relato es un brutal examen de conciencia para la Humanidad. En los labios del astronauta Jeff Spender, Bradbury escribe esto:

Los terrícolas somos expertos en eso de destruir cosas grandes y bellas. El único motivo por el que no pusimos puestos de hamburguesas en medio del templo egipcio de Karnak  es porque se desviaba del camino y no satisfacía ningún interés comercial.

Como éste, muchas otras reflexiones y críticas hacia el estilo de vida de los humanos, y muy especialmente de los estadounidenses, a los que les achaca una estrechez de miras que les impide descubrir y enriquecerse con nuevas experiencias. También expresa su rechazo total a una colonización terrícola de Marte, exponiendo que la naturaleza del hombre es mayoritariamente destructiva, y que no sabrá recoger el legado de la avanzada civilización marciana al preferir las mismas costumbres, una endogamia cultural y filosófica que Spender desprecia profundamente. Una interesante serie de cavilaciones que convierten a este relato en uno de los mejores del libro.

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Fuente: omni.media

Vendrán lluvias suaves es el melancólico retrato del fin de la raza humana, protagonizado por una casa robotizada de una devastada zona residencial californiana en el 2026. La perturbadora belleza del barrio muerto, la progresivamente maníaca labor de los gadgets y del ordenador central del hogar manifiestan al lector el hecho de que, aún desaparecido el ser humano, el mundo y la vida pueden continuar su camino prescindiendo de él. El título del relato viene del poema They will come soft rains, de la poetisa americana Sara Teasdale, cuyos versos reflejan de manera casi idéntica el clima y el sentido contenidos en el relato; éste no es una lección moral tan evidente como las del resto de relatos del libro, es algo más trascendente que el simple mensaje antibelicista y antinuclear al que se le podría achacar. Es el terrible pero realista hecho de que la madre naturaleza sabrá seguir hacia delante sin su alumno más aventajado.

Ciencia-Ficción, buena literatura, mensajes profundos…  ¿no parece una mala opción de lectura en un día lluvioso, verdad?