Batman y Robin, el Tormento y el Éxtasis

¡Batman! ¿Quién no ha oído hablar del Caballero Oscuro? ¿Cuántos han disfrutado de las aventuras del hombre murciélago, que entre las páginas de los cómics de la editorial DC liberaba a la ciudad de Gotham de villanos y dementes tan peligrosos como el Pingüino, Dos Caras o el Joker? Con el paso de las décadas se ha convertido en un auténtico icono cultural, incluso personas primariamente ajenas al mundo del cómic saben de su existencia. Su oscuridad, su carácter serio y la tragedia detrás del personaje han sido las claves para la aparición de tantos seguidores suyos a lo largo y ancho del mundo.

Obviamente el éxito de Batman no pasó inadvertido para Hollywood, que lo adaptó hasta ocho veces para la gran pantalla; una de Leslie Martinson, dos de Tim Burton, otras dos de Joel Schumacher y la trilogía de Christopher Nolan. Y de una de las dirigidas por ese tal Schumacher es sobre lo que trata este artículo; una delirante monstruosidad fílmica, un insulto a todo lo que es genial del cine de superhéroes, una digna rival a medirse con Plan 9 del espacio exterior y Manos: hands of fate como una de las peores películas de todos los tiempos. Estoy hablando, cómo no, de Batman y Robin. Así que suban al Batmóvil, abróchense el Batcinturón y tómense el Batdiazepam para poder aguantar la experiencia de conocer este film (Alerta: potenciales SPOILERS).

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El argumento que se nos ofrece no es complicado; Batman y Robin han de salvar Gotham de los supervillanos Mr. Freeze (un científico que tras un experimento fallido para curar a su esposa enferma obtiene poder sobre el frío), Poison Ivy (una femme fatale que recibió la capacidad de controlar el mundo vegetal) y “Perdición” (el sujeto de pruebas de un suero que transforma a la gente en minihulks con máscaras de lucha libre). Además, se nos ofrecen dos subtramas, siendo una el conflicto entre Batman y Robin al reclamar éste un mayor protagonista e independencia, y la otra la introducción de la sobrina del fiel mayordomo de la familia Wayne, Alfred Pennyworth, lo que será una excusa perfecta para tratar su personalidad y su relación con Batman desde otra óptica, más íntima y familiar.

¿A que no parece tan malo explicado así? No, claro que no. No es tan mala historia como se pueda presuponer. Quizá con otro director, otro guión y otros actores el resultado hubiera sido un gran película. Aquí el culpable no es la historia, es el CÓMO ha sido tratada la misma, mostrando un nulo respeto por el Batman de los cómics o el de sus predecesores en la filmografía del hombre murciélago. Malas interpretaciones, frases ridículas, estética inadecuada, mal diseño de los personajes… es un caldo de cultivo de la catástrofe, la crónica de una muerte anunciada.

Empezaremos por los personajes. En teoría, George Clooney era el Bruce Wayne perfecto; mujeriego, millonario y filántropo. Exactamente igual que el Wayne original. Pero en esta película su papel es discreto, y su actuación prácticamente nula. Éste no es el Clooney de O Brother! o el de Los Descendientes, ni muchísimo menos, es más bien un pánfilo monigote que queda a la altura del betún, y que tiene tanto de Batman como Schumacher de Spielberg.

Chris O’Donnell  de Robin. A ver, el chaval al menos lo intenta. No es que sea necesariamente un mal actor, pero sus diálogos son de lo más estúpido en toda la película. Si el guión pretendía que el espectador considerase a Robin como un inmaduro y quejica jovenzuelo, misión cumplida. Cae mal desde el minuto uno, y eso no es todo culpa de O’Donell, repito, es de un guión y unos diálogos que harían llorar de rabia a Ed Wood. Y respecto a Alicia Silverstone… bueno, sólo decir que su Razzie es bien merecido.

Fuente: bolsamania.com

Como la intención del autor no es convertir este artículo en las noventa y cinco tesis de Lutero, voy a aligerar y centrarme en los tres mayores errores en lo referente a personajes, una vez descrito a los protagonistas. El primero es Mr. Freeze, un sujeto que siente una gran tristeza por la pérdida de su mujer, un ser melancólico y trágico especialmente tras su paso en la magnífica serie animada de Batman, que tenía un enorme potencial interpretativo incluso siendo capaz de mostrar ciertos tintes shakesperianos. ¡PERO NO! Fue mejor convertir una figura trágica en una musculosa masa azul embutida en un traje raro, dotada de un para nada deseado don de contar chistes sobre hielo y frío cada dos por tres (en serio, no para un segundo). Es como contemplar una especie de Dr. Manhattan hasta la coronilla de anabolizantes y envuelto en papel albal barato. Si a esto le sumamos que Arnold Schwarzenegger tiene un talento interpretativo fuera de los disparos bastante limitado, el resultado es una hecatombe bíblica.

El segundo error es el Comisionado Gordon, confidente y valioso aliado de Batman tanto en los cómics como en la serie animada como en la trilogía de Nolan. Hago un esfuerzo de imaginación para saber qué demonios se le pasaba por la cabeza al guionista para reducir a un personaje tan necesario, tan vital detrás del caballero oscuro a ser un mero objeto decorativo argumental. Su momento más notable debió de ser cuando fue engañado por Poison Ivy para que le diese las llaves de la famosa Batseñal. Me parece un crimen desaprovechar un personaje como Gordon, el lado anodino de una justicia que sin contar con las habilidades o los recursos de Batman también busca limpiar Gotham de criminales. Aquí es material de relleno, y gracias. Por lo menos en la reciente serie de televisión Gotham pudo resarcirse un poco…

El tercer error es tan monstruoso, tan horrible, que parece fugado de las más hondas profundidades del mismísimo infierno. Es imperdonable y desagradable a la vista.

Sin duda alguna lo mejor de Batman son los villanos, seres de aspecto demencial pero sumamente inteligentes y maléficos, resultado de un excelente uso de la imaginación por parte de los guionistas y dibujantes de la DC. Son mucho más populares que cualquier villano de otro compañero de editorial, compitiendo y superando incluso a los de su competencia, Marvel. Dos Caras, el Pingüino, Poison Ivy, Joker, Harley Quinn, el Espantapájaros… y Bane.

Bane, un hombre hecho a sí mismo que pasó su infancia y juventud en prisión por un delito que jamás cometió, es un villano listo y maquiavélico, un ente criminal con una mente brillante para tramar fechorías.  Es, con ajustado permiso de Joker, el mayor y más peligroso enemigo de Batman. ¡Consiguió dejarlo parapléjico, maldita sea! (y como dato aparte, es el latino más conocido del mundo del cómic).

Una vez que tenemos claro esto, ¿qué vemos en la película? Pues a Perdición, vemos a Perdición. Que en el doblaje español se tradujera el nombre de Bane ya era un mal augurio. Duele cada vez que lo nombran en la película. Pero no es lo peor, no. Ojalá fuera lo peor. Usan a Bane, repito, uno de los mejores contrincantes del Caballero Oscuro, como un lacayo tosco de Poison Ivy. No me quiero ni imaginar que opiáceos consumirían los guionistas para otorgarle ese rol en el film. Este error son las cuarenta puñaladas sobre el torso de Julio César, el punto definitivo de inflexión que transforma el hilo argumental de una decente película de superhéroes a una afrenta para los fans de Batman, tanto casual como eruditos.

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Fuente: vulture.com

Entrando en el campo de la ambientación hay un ligero contraste respecto a los aspectos ya comentados de la película; no es que sea mala o desagradable, es que la estética colorista y formas imaginativas no entran con la atmósfera neoyorquina y oscura de Gotham. Es como ver a Rust Cohle de True Detective o a Alec Hardy de Broadchurch en medio de la bucólica campiña de los Osos Amorosos. Lo mismo puedo decir de la BSO, la cual a pesar de no ser un pecado mortal de la película, tiene determinados efectos de sonido de dibujos animados desagradables y tontos, para nada acordes con lo que debería de ser una película de Batman. Pero como a estas alturas los conceptos del personaje habrán sido salvajemente arrasados y apalizados sin contemplación alguna delante de nuestros asombrados (y seguramente llorosos) ojos, pues como que ya da igual, ¿no?

Pero tampoco todos son pecadores en Sodoma; la película tiene cosas realmente buenas y novedosas, como la elección de la sensual Uma Thurman como Poison Ivy (un acierto completo) o el conflicto generacional entre Batman y Robin, que no fue bien usado pero eso no implica que sea una mala idea. Lo verdaderamente malo de este asunto es que sus principales fortalezas no suplen para nada los defectos de este film, situación que debería haber sido contraria. La sobredosis fecal es tan abrumadora que no puedes sino llorar abrazado a tu ser querido más cercano y rezar por que pasen pronto las dos horas de tortura medieval.

¿Conclusión? Que hay que poner mucho cuidado dónde se dejan los derechos de adaptación de libros y cómics. Batman y Robin casi se cargan la franquicia, que resucitó en el nuevo milenio con Nolan. Para ver en una tarde o noche con un par de amigos para reírte un rato vale, pero su utilidad para el mundo acaba ahí. Por lo general, dinero y tiempo perdidos.

Esperemos que no haya más adaptaciones así. Warner lo volti.

Fuente: batmanwikia.com