John Wayne, el hombre tranquilo que puso Hollywood a sus pies

Han pasado ya treinta y cinco años de la muerte de uno de los intérpretes más carismáticos y rentables que han pasado por la industria del cine.  Su más que notable talento fue aprovechado por directores de la talla de Howard Hawks, Raoul Walsh o John Ford. Durante casi treinta años estuvo siempre entre los diez actores que más recaudaban en taquilla. El personaje que Wayne fue elaborando y perfilando a lo largo de su carrera alcanzó unas proporciones míticas, ya que además de tener el respeto de los críticos, fue ensalzado hasta el día de hoy como un verdadero símbolo de EE.UU.

John Wayne en Centauros del Desierto (1956).

Sus orígenes en el cine son, ciertamente, muy llamativos. Su nombre real era Marion Michael Morrison y era un estudiante de Derecho de la Universidad de California del Sur, becado como jugador del equipo de fútbol. Este joven universitario solía acudir en verano a los estudios de cine en busca de trabajo y fue en 1927 cuando Ford le contrató como ayudante de decorado y cuidador de gansos en los estudios de Fox. Más adelante tuvo pequeñas escenas interpretando papeles muy cortos. Entre estas, destacamos Legado Trágico (1928), ya que Ford se empezó a reír del joven extra cuando este se estrelló contra una valla durante el rodaje de una toma en la que formaba parte de una multitud, destacando entre los demás por su gran altura.

Un año clave para el impulso de su carrera en el cine fue 1930, cuando el director Raoul Walsh apreció la elegante forma de caminar y de comportarse de “Duke” Morrison para contratarlo como protagonista de una película romántica. Fue este, además, el que le recomendó su nuevo nombre como artista: John Wayne. A pesar de todo esto, hasta 1939 no llegó la que sería la película clave en la que realmente desarrolló una buena parte del potencial del que disponía: La Diligencia.

El hombre tranquilo, maravillosa película de John Ford en la que J. Wayne interpreta a un boxeador que regresa a su Irlanda natal.

Pero incluso en este punto, tenemos que movernos otros diez años de películas hasta llegar a uno de sus personajes más logrados: el duro, malhumorado y solitario Tom Dunson, protagonista de uno de los western más alabados del maestro Howard Hawks: Río Rojo (1948). Hasta aquí ya hemos mencionado a los tres directores que fueron claves para la aparición de una nueva estrella, pero es que además estos hombres se convirtieron en las referencias de muchísimos directores que hoy nos deleitan con sus películas (Scorsese o Spielberg, entre otros). Estos maestros del cine se volvieron más profundos en su arte a medida que John Wayne hacía lo mismo en la elaboración de sus personajes. Su más que merecido Oscar (era su segunda candidatura) no llegó hasta 1969 con Valor de ley, en la que encarna a un hombre de la ley tuerto, malhumorado y borracho, un personaje en el que incluso podemos apreciar un toque de autoparodia. Desde luego, Duke Wayne tenía esa cualidad de eliminar cualquier falta de credibilidad a la hora de interpretar un papel y dotarlo de una personalidad que devoraba a la pantalla, un logro que realmente ha estado siempre al alcance de muy pocos (Henry Fonda, Marlon Brando, Katharine Hepburn…). En cierta ocasión, Hawks le comentó a Bodganovich que “cuando tienes a alguien tan bueno como Duke resulta muy fácil rodar buenas escenas”.

John Wayne en La diligencia (1939), película con la que Wayne y Ford resucitaron el género del Western, que en esos años estaba siendo infravalorado.

El 11 de Junio de 1979 John Wayne falleció a causa de cáncer, enfermedad que se atribuyó a la radiación a la que se había expuesto en 1956 durante el rodaje de la películaEl conquistador de Mongolia. Su legado cinematográfico se orienta sobre todo al perfil ideal del hombre del salvaje oeste: duro, solitario, aventurero, terco…Muchos recordamos esa mítica escena en la que su personaje de Centauros del Desierto, Ethan Edwards, se da la vuelta y va alejándose de la casa, dirigiéndose hacia el horizonte con esa forma de andar tan elegante y que tanto le caracterizaba.  John Wayne se convirtió en un símbolo para EE.UU, pero nadie debe olvidar que dejando de lado ese patriotismo que tanto marcó su figura, es uno de esos extraordinarios artistas que se encuentran siempre por encima de la vida y de la muerte, gozando siempre del respeto y la admiración de todas las nuevas  generaciones de amantes del séptimo arte.

John Wayne en Centauros del Desierto (1956).